Cristóbal González Concepción *
Me encuentro ante una
gran encrucijada y ante tanta presión, cargos de conciencia incluidos, he
decidido efectuar una grave y peligrosa confesión. Espero que no se ceben
conmigo.
Si señores,
a pesar de que me cueste mucho decirlo,
me he reunido con… VASCOS.
Sé que esto que acabo de
confesar tendrá consecuencias funestas para mí y para todos los que me rodean,
se que a partir de ahora se me acusará de colaboracionista, también, pese a no
ser ilegal, seré espiado por un grupo de pseudopolicías
que después se lo contarán al mejor postor, saldrá hasta en la tele al lado de
las importantes noticias de peleas entre tonadilleras con sus novios
respectivos.
Tendré que dar
explicaciones en mi trabajo, por la calle me miraran raro, es que lo ha dicho
la tele, por lo tanto tiene que ser verdad, pese a que esta reunión fue casi en
público y varios meses atrás, me han descubierto ahora. Pero claro, antes no importaba
tanto, se ve que ahora si se han fijado en mi y en los míos, porque resulta que
no éramos tan pocos como ellos pensaban, hasta tenemos un nivel de seriedad
superior a ellos, que tampoco es
difícil.
Ahora ya he salido en la
prensa ibérica, esos que no discriminan a nadie. Claro, todos sabemos que está
demostrado que decir vasco es igual a decir terrorista y el que se atreva a
portar la bandera nacional vasca es un etarra. Pero, por supuesto, los
xenófobos son los demás, también
fascistas, aunque en realidad no tienen muy claro lo que significa esa palabra.
Hay un dicho que dice, cree el ladrón que todos son de su condición. Que alguno
de estos ilustres escritores ibéricos se sienta aludido no me extrañaría, debido al alto nivel de reflexión que les caracteriza.
Tengo miedo de contar
que he estado varias veces en Euskadi, tierra de terroristas separatistas,
según los ilustrados ibéricos, también he tenido la desfachatez de divertirme y
comer bien, hasta tengo amigos vascos. Espero que después de esta horrible
confesión no vengan por mí esos inmaculados funcionarios del estado español,
que son incapaces de torturar física y sicológicamente
a nadie, como todos sabemos.
Lo de presentarse a unas
elecciones con mis amigos vascos es para
ellos como haber copilotado los aviones en el 11S,
parece que exagero pero en realidad me quedo corto. Ayer hablé con un señor que
me dijo que era musulmán, espero que esto no llegue a oídos de los títeres
ibéricos no xenófobos, porque volveríamos otra vez a lo mismo.
La vida es absurda cuando está llena de absurdas ideas que
algunos reflejan en sus absurdos panfletos, que después de leerlos y releerlos
me lleva pensar que cuan absurdos pensamientos solo pueden partir de personas
que no han reflexionado sobre lo absurdo de sus textos. Y estos solo pueden
contestarse con textos igual de absurdos o más.
* Amigo de
sus amigos.