Otra reunión ¿inútil? del G-20
Justo
Fernández Rodríguez
La economía mundial se encuentra sumida en
una triple crisis de incontrolado alcance, iniciada en el mercado financiero de
EE.UU. y extendida por todo el sistema mundial, no regulado, desembocando en
una crisis económica, con hundimiento del comercio, aumento del desempleo e
incremento de la pobreza. Finalmente, ha evolucionado hasta convertirse en un
círculo vicioso, complejo y pernicioso, donde la caída de los precios de la
vivienda y el creciente desempleo se combinan, para alimentar la crisis mundial
del mercado de créditos.
Cuando los líderes del G-20 se reunieron, por primera vez, en noviembre de 2008
en Washington, el mundo se enfrentaba a una ralentización del crecimiento, sin
precedentes, con un descenso de la producción en los países industrializados.
La situación es ahora muchísimo peor. El contagio se ha extendido a las
economías emergentes y en desarrollo, donde el crecimiento se ha estancado y el
Producto Interior Bruto per cápita continúa descendiendo,
pudiendo calificarse la situación actual de profunda recesión mundial. Los
Objetivos del Desarrollo del Milenio, que establecían objetivos mínimos para
disminuir la pobreza mundial, parecen olvidados.
En los últimos días, se ha producido un nuevo informe de
El desempleo ha continuado aumentando, durante los meses transcurridos del año
2009. El escenario de
A Londres han acudido numerosos dirigentes sindicales de todo el mundo, para
defender sus propuestas entre los representantes del G-20, con independencia de
que los sindicatos de cada uno de los países miembros, hayan entregado a sus
gobiernos la exigencia de intervención en cinco áreas, defensa a la que se ha
comprometido Rodríguez Zapatero con CC.OO. y UGT:
- Un plan coordinado de recuperación y crecimiento sostenible pactado a nivel
internacional y orientado a la creación de empleo, la inversión pública y la
lucha contra la pobreza en el mundo.
- Ayuda a los bancos insolventes y establecimientos de nuevas reglas
financieras.
- Lucha contra el riesgo de deflación salarial y medidas para poner fin a
décadas de crecientes desigualdades.
- Actuación de gran magnitud en materia de lucha contra el cambio climático.
- Renovación del sistema de gobernanza económica mundial, a través de la reforma de las
instituciones financieras y económicas internacionales (FMI, Banco Mundial,
OCDE, OMC) y el protagonismo de
Cuando los países integrantes del G-20 se reunieron, sus gobiernos estaban
representando los intereses de casi 4.200 millones de personas. Sin embargo,
iban a tomar decisiones que también afectarían a otros 2.800 millones, que no estarían
representados.
Antes del inicio de
La mayoría de los países de
El primer ministro británico, ante las diferencias, encomendó al presidente del
Gobierno español, Rodríguez Zapatero, la difícil misión de acercar posiciones
entre los dos bandos.
Finalmente, el acuerdo se produjo sin especiales reticencias. Muy al contrario,
ha gozado de la aceptación de una gran mayoría. Para Obama,
"es un hito por el alcance y magnitud de nuestra respuesta". Sarkozy no ha ahorrado elogios: "Es la reforma más
profunda del sistema financiero desde 1945". Tampoco Merkel
ha sido rácana: "Es un compromiso histórico para una crisis excepcional.
La época del secreto bancario ha llegado a su fin". Rodríguez Zapatero
encontró "una voluntad de entendimiento entre las grandes potencias"
y mostró su satisfacción porque "la ética tiene que regir las reglas del
sistema financiero. A los paraísos fiscales cada vez les queda menos
existencia". El primer ministro británico, Gordon Brown, calificó el acuerdo
de "histórico".
Restaurar la confianza, el crecimiento y el empleo; reparar el sistema
financiero; fortalecer la regulación financiera para reconstruir la confianza;
reformar las instituciones financieras internacionales para superar la actual
crisis y prevenir otras; promover el comercio mundial y la inversión,
rechazando el proteccionismo y construir una economía sostenible y ecológica,
constituyen el núcleo de los acuerdos, pero falta la demostración de la
voluntad de llevarlas a buen término.
Aunque los acuerdos quedaron lejos de la creación de un nuevo orden mundial, la
crisis debe marcar el final de una ideología capitalista. Cuando nuestras
economías comiencen su recuperación, no puede permitirse volver a la situación
anterior como si nada hubiese ocurrido. Los sindicatos deben vigilar y luchar
por impedir la vuelta a los mercados financieros desenfrenados, donde la
autorregulación, dé paso al fraude, la codicia y la indecencia de quienes
dirigen las instituciones financieras, en contra de los intereses generales de
los ciudadanos, con la complicidad de gobernantes ineptos o corruptos.