Por
un cambio de conciencia para la libertad, revolucionemos
Juan
Pérez Lorenzo
Salvo en aquellos años de intensa vida estudiantil, de
melenas, de rotos pantalones vaqueros, de mucha Revolución Cubana y de los festivales
de Woodstock, de Bangladesh y de mucho Lennon, el término revolucionario no
había tenido tanto impacto y significado como el que ahora tiene.
Gracias a la tecnología, a los medios de comunicación
alternativos y a la información oportuna y veraz que de ellos nos llega, somos
concientes de la verdadera magnitud y alcance de la crisis sistémica global y
del impacto brutal que tiene y tendrá por mucho tiempo sobre la humanidad. Por
tanto, la transformación radical del actual orden y modelo mundial impuesto no
es un asunto de postergación si no de revolución.
A grandes rasgos todas las definiciones expresan que el
término revolución significa un cambio o transformación radical (desde la raíz
o desde la base) respecto al pasado inmediato, que la revolución puede
producirse en varios campos simultáneamente como en el económico, el político,
cultural, social, etc. Y sobre todo dice que, trae consecuencias
trascendentales ya que al nacer de procesos históricos y de construcciones
colectivas rompe con el orden hegemónico establecido.
Efectivamente, la situación que ha generado la debacle
del modelo capitalista amerita una revolución, una reacción contundente por
nuestra parte, por la de todos para que se produzcan esas consecuencias
trascendentales. Debe haber revolución y en consecuencia revolucionarios.
Gentes que sean capaces de aplicar al carácter que poseen el temperamento que
les haga cambiar su actitud para rehabilitar su conducta y de esa manera
producir nuevas soluciones a viejos problemas.
La situación lo amerita porque estamos en guerra, en
una donde los eternos agraviados se están despertando, los pueblos originarios
clamando justicia y exigiendo sus reivindicaciones, en donde cada vez son más
los que se unen a los alzados de siempre, a los que se han opuesto a aceptar
sumisamente la bota opresora, a los que han sido capaces de crear una tendencia
planetaria que ha identificado y ha desenmascarado la guerra sucia mediática,
que ha desvelado los atentados magnicidas y ha denunciado a los espías que se
infiltran en naciones soberanas para desestabilizarlas. A los que están dispuestos a luchar y a resistir a pesar de
un posible y cruento derramamiento de sangre y es que saben que el enemigo
histórico está perdiendo terreno y nunca va a aceptar la ideología objetiva
orientada al bien común y a la solución y prevención de los problemas sociales.
Eso es lo que necesitamos; un movimiento organizado de
amplia base internacional que logre realizar acciones conjuntas para enfrentar
la inminente agresión imperialista.
Necesitamos revolución y revolucionarios unidos en todas partes del
planeta, tal y como lo menciona el camarada Francisco Javier Angulo:
“La
solidaridad internacionalista es una herramienta revolucionaria indispensable
para compensar la desigualdad que soportan los movimientos revolucionarios a
nivel mundial y para enfrentar exitosamente la reacción del enemigo de clase,
que si actúa integrado a nivel global y con todo el poder del imperialismo
neoliberal neoconservador.
Los
movimientos revolucionarios combinan diversos
tipos de lucha de masas, tipos de lucha que son impuestos por las
acciones que utilicen los enemigos de
clase, en general acciones de terrorismo de estado, para impedir el triunfo
revolucionario.
Cuando al
actuar dentro de la legalidad burguesa esto representa la muerte para los
revolucionarios verdaderos y para quienes los apoyan o simplemente simpatizan
con ellos, solo queda como vía revolucionaria la lucha política social armada”
¿Qué es lo que se desprende de este fragmento del
artículo “
¡Que hagamos una revolución internacional con todas
las consecuencias que ello implica!
Pero ¿por donde comenzamos? Parece ser que no puede
haber una revolución social internacional sin que previamente exista una
revolución internacional en las conciencias de las personas. Pero claro, eso es
más fácil de decir que de conseguir, básicamente porque ser conciente implica
la intimidad exclusiva de querer serlo; es decir, no hay peor ciego que el que
no quiere ver o lo que es lo mismo, si no quiere ver ¿Cómo hacemos que vea sin
terminar en una discusión derivada de la defensa a ultranzas de posiciones
encontradas?
Tal vez parte de la solución a este dilema sea
precisamente una alianza internacional capaz de revolucionar a esas conciencias
dormidas que se han dejado someter por el chantaje de la derecha histérica que
tradicionalmente ha controlado los medios y formas de comunicación que llega al
pueblo para promover sentimientos de odio y convencerlo de cosas alejadas a la
realidad. Por ello, la frase que más se atribuye a Goebels
es que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, por ejemplo,
que dice la derecha de la situación en Irán:
Obama habla de no implicarse en un "movimiento
postelectoral" en Irán y que por
"Ahora, lo mejor que pueden hacer es dar testimonio al mundo de las
increíbles protestas que han visto", el
Chatham House británico
habla de “inconsistencia estadística” y el hijo del fallecido Sha delincuente el príncipe Reza Ciro Pahlavi (con la
voz quebrantada y emocionado) reconoce que antes intentaron provocar el
"colapso definitivo" de las estructuras iraníes pero ahora está
convencido de que "éste es nuestro momento de la verdad" y que
"ha llegado la hora de Irán tras 30 años" de lucha… ¿La hora de que?,
de volver a poner a la república islámica a los pies de EEUU? ¿De el tener la
misma finca que tuvo el padre?
¡Por un cambio de conciencia para la libertad,
revolucionemos!