LA REVOLUCIÓN ESTÁ EN LAS LECHUGAS

 

 

Por Fructuoso Rodríguez Morales

 

   El futuro está en la vuelta al campo, en la vida ecológica y agraria…

 

   El economista, escritor y conferenciante Norteamericano Jeremy Riskin, expone en su libro “El fin del trabajo”, cómo la evolución y mejoras tecnológicas en el desarrollo industrial, lejos de llevarnos a un mejor bienestar de la humanidad nos conduce inexorablemente a un periodo de oscuridad y desórdenes sociales graves, que acabarán por obligar al Estado a intervenir nacionalizando las empresas buscando no el beneficio económico en sí sólo, sino tratando de mantener ocupada a la mayor cantidad posible de trabajadores, trabajando menos horas por menos dinero.

 

   Voy a poner por ejemplo la compañía Coca Cola, ya que yo estuve trabajando en ella unos siete años y la conozco perfectamente.

 

   Cuando empecé a trabajar en ella, -seleccionando botellas-, la fábrica estaba ubicada en la Avd. Tres de Mayo, estando la puerta de personal y de la fábrica propiamente en su trasera Calle 70. La fábrica era pequeña, su tecnología rudimentaria, y su capacidad de  producción bastante limitada, sin embargo la fábrica era un hervidero humano, la gente que pasaba por su puerta veía cómo obreros iban y venían sin cesar en sus labores fabriles. Pasado el tiempo, y con el beneficio que sus obreros habían obtenido para la fábrica, la dirección de ésta decidió comprar en Tacoronte un solar mucho más grande -destruyendo unos de los mejores suelos agrícolas de la isla, todo hay que decirlo-, dotando a la fábrica de los mejores y más sofisticados medios técnicos, enviando a Barcelona a su mejor personal para que aprendieran el manejo de la maquinaria. La fábrica quedó prácticamente robotizada, sobrando personal que no dudó en despedir. En la actualidad, si uno visita la fábrica, ve unas inmensas naves, y muy poco personal que con ordenadores son capaces de producir infinitamente más producción con menos personal, y la empresa como es lógico enriqueciéndose mucho más.

 

   Que esto pase en una empresa no es grave, lo grave es que sea la norma general. ¿Y qué pasa con los miles y miles de trabajadores despedidos?, pues que en un primer periodo el Estado se hará cargo de ellos con el seguro de desempleo, sin embargo ese coste no lo podrá aguantar indefinidamente, y si es esta la dinámica a seguir, llegará un momento que tendrá que intervenir para aminorar los desórdenes sociales que inevitablemente se producirán.

 

   Lo que Jeremy Riskin no expone -por lo menos en éste libro, pero si en otros foros-, es el parón que se va -está-, produciendo en los sectores industriales del planeta a causa de la escasez de energía -petróleo-.

 

   Es evidente que a los Neoliberales, les importa muy poco que la humanidad tenga trabajo o no, pues, si es comprensible el razonamiento de Riskin es totalmente incomprensible la aplicación de la semana de 60 horas que nos quiere aplicar la Unión Europea , …totalmente lo opuesto de lo humanamente comprensible.

 

   La subida del valor del crudo, está abriendo otra brecha y esta si es definitoria-, en el modelo de sociedad que “los que saben nos han endilgado”. La crisis financiera global, la subida terrorífica del euribor, la crisis de las hipotecas, son eslabones de una cadena que se rompe por sus partes más podridas, pero, -que nadie se engañe-, no va a quedar ahí. Lo que realmente está ocurriendo es una CRISIS SISTÉMICA GLOBAL, es el sistema lo que se hunde y  sus consecuencias van a ser catastróficas para la humanidad.

 

   Lo tenemos que tener claro, este modelo social del “Centro Comercial”, de la tarjetita plástica de crédito, de veranear en el Caribe y páguelo cómodamente, del muchacho -y no tan muchacho-, con un vehículo de alta gama y más alto aún consumo… todo esto señores se acabó, y lo más grave aún es que se acabó “la gran superficie”, comprar productos “del extranjero”, y alimentarnos sin saber de donde carajos viene la comida. El que no se de cuenta de esto es que mira y no ve. Lo siento por él, pero más fuerte será su trompetazo.

 

   Mientras el modelo capitalista se desmorona, la izquierda nacional canaria, parece no darse cuenta de la situación y sigue practicando la misma línea ideológica que hemos aprendido de nuestros abuelos. Organizarse en partidos, participar en elecciones por la conquista del poder, las mismas rencillas personales de siempre que conllevan a enfrentamientos de organizaciones políticas, diversidad de partidos con la misma base y con el mismo fin trayendo como consecuencia el debilitamiento de sus resultados electorales…, sin entrar a analizar que el modelo político, social y económico que se ha elegido para canalizar nuestras vidas, basado en el crecimiento exponencial ha llegado a su fin.

 

   La riqueza que la madre naturaleza depositó en las entrañas de la tierra son las que son y nada más, el abuso que se ha hecho de la extracción de las materias primas a nivel planetario ha tocado a su fin o por lo menos si seguimos extrayendo no lo será a un precio barato y sí a unos precios desorbitados lo cual provocará un efecto inflacionista en la sociedad moderna imposible de superar.

 

   El crecimiento exponencial, ha llegado a su fin y eso traerá como consecuencia un parón del sector industrial con las consecuencias que eso conlleva. Estamos en lo alto del tobogán y tenemos bajo nuestros pies el principio de la pendiente que cada vez irá más rápido.

 

   No nos queda más remedio que dirigirnos hacia el decrecimiento, pero ¿cómo hacerlo?

 

   Imaginemos que nuestro partido político,  -vamos a nombrar uno ficticio para que ninguno de los afines nuestros se sienta aludido-, vamos a llamarlo “Partido Independentista Bereber”,   el PIB, participa en las elecciones y las gana, ¡por fin tenemos un presidente de gobierno independentista!, ¿Qué política vamos a realizar?, ¿vamos a seguir la directriz del FMI, que nos conduce a más de lo mismo?, no, seguro que no, ¿vamos a seguir el modelo de crecimiento exponencial?, por ahora no queda más remedio, eso o parar en seco; ¿podemos parar en seco y cambiar el modelo por otro de decrecimiento?, ¿quién se lo explica al pueblo?, ¿Cuánto duraría un gobierno que sabiendo que vamos de cabeza al precipicio intentara aplicar una política correcta que provocaría paro y hambre?, ¿quién lo entendería?.

 

   Evidentemente, si el sistema está roto ¿Por qué tanta agonía para participar en él?

 

   ¿No será mejor estrategia unificar las organizaciones independentistas, no participar en su juego (participando en las elecciones legitimamos “su” democracia), y provocar su caída?

 

   Algunos pensarán ¿y donde está el futuro?

 

   Futuro, tal y como lo conocemos actualmente, dudo que haya alguno, el único futuro que veo con todas las dificultades añadidas (eso es otro tema), está en la vuelta al campo, en la vida ecológica y agraria, en sembrar lechugas, compañero, lechugas y todo aquello que se coma que falta nos va a hacer.