Por Fructuoso Rodríguez Morales
El futuro está en la vuelta al campo, en la
vida ecológica y agraria…
El
economista, escritor y conferenciante Norteamericano Jeremy Riskin, expone en
su libro “El fin del trabajo”, cómo la evolución y mejoras tecnológicas en el
desarrollo industrial, lejos de llevarnos a un mejor bienestar de la humanidad
nos conduce inexorablemente a un periodo de oscuridad y desórdenes sociales
graves, que acabarán por obligar al Estado a intervenir nacionalizando las
empresas buscando no el beneficio económico en sí sólo, sino tratando de
mantener ocupada a la mayor cantidad posible de trabajadores, trabajando menos
horas por menos dinero.
Voy a poner
por ejemplo la compañía Coca Cola, ya que yo estuve trabajando en ella unos
siete años y la conozco perfectamente.
Cuando empecé
a trabajar en ella, -seleccionando botellas-, la fábrica estaba ubicada en
Que esto pase
en una empresa no es grave, lo grave es que sea la norma general. ¿Y qué pasa
con los miles y miles de trabajadores despedidos?, pues que en un primer
periodo el Estado se hará cargo de ellos con el seguro de desempleo, sin
embargo ese coste no lo podrá aguantar indefinidamente, y si es esta la
dinámica a seguir, llegará un momento que tendrá que intervenir para aminorar
los desórdenes sociales que inevitablemente se producirán.
Lo que Jeremy
Riskin no expone -por lo menos en éste libro, pero si en otros foros-, es el
parón que se va -está-, produciendo en los sectores industriales del planeta a
causa de la escasez de energía -petróleo-.
Es evidente
que a los Neoliberales, les importa muy poco que la humanidad tenga trabajo o
no, pues, si es comprensible el razonamiento de Riskin es totalmente
incomprensible la aplicación de la semana de 60 horas que nos quiere aplicar
La subida del
valor del crudo, está abriendo otra brecha y esta si es definitoria-, en el
modelo de sociedad que “los que saben nos han endilgado”. La crisis financiera
global, la subida terrorífica del euribor, la crisis de las hipotecas, son
eslabones de una cadena que se rompe por sus partes más podridas, pero, -que nadie
se engañe-, no va a quedar ahí. Lo que realmente está ocurriendo es una CRISIS
SISTÉMICA GLOBAL, es el sistema lo que se hunde y sus consecuencias van a ser catastróficas
para la humanidad.
Lo tenemos
que tener claro, este modelo social del “Centro Comercial”, de la tarjetita
plástica de crédito, de veranear en el Caribe y páguelo cómodamente, del
muchacho -y no tan muchacho-, con un vehículo de alta gama y más alto aún
consumo… todo esto señores se acabó, y lo más grave aún es que se acabó “la gran
superficie”, comprar productos “del extranjero”, y alimentarnos sin saber de
donde carajos viene la comida. El que no se de cuenta de esto es que mira y no
ve. Lo siento por él, pero más fuerte será su trompetazo.
Mientras el
modelo capitalista se desmorona, la izquierda nacional canaria, parece no darse
cuenta de la situación y sigue practicando la misma línea ideológica que hemos
aprendido de nuestros abuelos. Organizarse en partidos, participar en
elecciones por la conquista del poder, las mismas rencillas personales de
siempre que conllevan a enfrentamientos de organizaciones políticas, diversidad
de partidos con la misma base y con el mismo fin trayendo como consecuencia el
debilitamiento de sus resultados electorales…, sin entrar a analizar que el
modelo político, social y económico que se ha elegido para canalizar nuestras
vidas, basado en el crecimiento exponencial ha llegado a su fin.
La riqueza
que la madre naturaleza depositó en las entrañas de la tierra son las que son y
nada más, el abuso que se ha hecho de la extracción de las materias primas a
nivel planetario ha tocado a su fin o por lo menos si seguimos extrayendo no lo
será a un precio barato y sí a unos precios desorbitados lo cual provocará un
efecto inflacionista en la sociedad moderna imposible de superar.
El
crecimiento exponencial, ha llegado a su fin y eso traerá como consecuencia un
parón del sector industrial con las consecuencias que eso conlleva. Estamos en
lo alto del tobogán y tenemos bajo nuestros pies el principio de la pendiente
que cada vez irá más rápido.
No nos queda
más remedio que dirigirnos hacia el decrecimiento, pero ¿cómo hacerlo?
Imaginemos
que nuestro partido político, -vamos a
nombrar uno ficticio para que ninguno de los afines nuestros se sienta aludido-,
vamos a llamarlo “Partido Independentista Bereber”, el
PIB, participa en las elecciones y las gana, ¡por fin tenemos un presidente de
gobierno independentista!, ¿Qué política vamos a realizar?, ¿vamos a seguir la
directriz del FMI, que nos conduce a más de lo mismo?, no, seguro que no,
¿vamos a seguir el modelo de crecimiento exponencial?, por ahora no queda más
remedio, eso o parar en seco; ¿podemos parar en seco y cambiar el modelo por
otro de decrecimiento?, ¿quién se lo explica al pueblo?, ¿Cuánto duraría un
gobierno que sabiendo que vamos de cabeza al precipicio intentara aplicar una
política correcta que provocaría paro y hambre?, ¿quién lo entendería?.
Evidentemente,
si el sistema está roto ¿Por qué tanta agonía para participar en él?
¿No será
mejor estrategia unificar las organizaciones independentistas, no participar en
su juego (participando en las elecciones legitimamos “su” democracia), y
provocar su caída?
Algunos
pensarán ¿y donde está el futuro?
Futuro, tal y
como lo conocemos actualmente, dudo que haya alguno, el único futuro que veo
con todas las dificultades añadidas (eso es otro tema), está en la vuelta al
campo, en la vida ecológica y agraria, en sembrar lechugas, compañero, lechugas
y todo aquello que se coma que falta nos va a hacer.