Homenaje a Rosario Miranda (Domingo Regalado)

Altakay Ayt Daute

   Alguien conocido por todos no siempre es alguien querido por todos, aunque este no es el caso. En años nunca escuché nada criticable ni deplorable de este personaje tan singular y a la vez tan respetado de Buenavista del Norte.

   Domingo Regalado nació en dicha localidad cuando los ánimos españoles no eran los más adecuados para alguien que, con el tiempo, descubriría que no estaba en su cuerpo, sino en un cuerpo equivocado.

   Desde muy joven, Domingo sentía la inclinación de comportarse como una niña, una inclinación que desde joven vio normal, que, claramente, desempeñó con total naturalidad. Sustituyendo a los juguetes masculinos, Domingo decidió jugar con muñecas y confeccionar vestidos para él y sus amigas, demostrando un gusto claramente femenino.

   Ya en pleno servicio militar, comenzó una relación con un hombre, relación que por razones evidentes, se mantuvo en la clandestinidad. Tras salir del cuartel, y en sus propias palabras, recogidas en el buen trabajo fílmico dirigido por David Baute “Rosario Miranda”, dedicado en la totalidad a Domingo, esa relación se rompió.

   Al llegar de nuevo al pueblo, pasados los veinte años, comenzó a travestirse, asunto que no preocupó nunca a D. Regalado, expresado en muchísimas conversaciones con él, en donde siempre demostró que nunca pondría en peligro su bienestar sentimental y físico dando importancia a lo que un pueblo bajo el yugo de una cruda dictadura como la franquista pudiera decir. Al más puro estilo de las imágenes religiosas cristianas, siempre llevó las manos repletas de anillos, el cuello cargado de collares y vestido de un lujo y gusto muy peculiar. En el pueblo se decía de todo sobre él: que era inmoral, que cada uno hiciera lo que quisiera con su cuerpo o que simplemente merecía respeto.

   Tras, por supervivencia, comenzar a trabajar en las plataneras de norte, ya pedía que se le llamara Rosario Miranda. Domingo siempre pidió que se le denominara así, incluso dijo que no miraba a la gente que lo llamara Domingo, pues, a su parecer, “no iba con él el asunto”.

   Acercándonos más a las últimas tres décadas, Regalado viajó por muchísimos asuntos a la Península Ibérica, concretamente a Catalunya, donde aseguró había sentido y vivido cosas espectaculares y donde había sido tratado de una manera exquisita. De este viaje siempre contaba la anécdota de la puerta de seguridad del aeropuerto, en el detector de metales, donde tuvo un pequeño susto, ya que saltó de una manea increíble al llevar la cantidad de joyas que llevaba.

   Filmó hace ya varios años una película donde demostró sus dotes de actor y donde aseguró conoció a muchísimos amigos.

   Domingo, nuestra Rosario Miranda, era un hombre sencillo, de campo, que salía temprano a faenar en sus tierras, consiguiendo aquí y allá hierba para sus animales, cuidando de sus perros y viendo la vida como avanzaba. Nadie podía resistirse a cruzar con él al menos un saludo al verlo sentado en la carretera frente a su casa al atardecer, donde parecía que, mirando a la inmensidad del horizonte, se veía como realmente era y no como la naturaleza le había creado terrenalmente.

   Hace menos de cinco años que Domingo se fue, que Rosario abandonó sus alegres conversaciones, para entregarse a la inmensidad, pero siempre le quedará el amor de Buenavista del Norte, de Daute y de todo Chinech, un amor con el que él sabe que se fue, ya que se le demostró en muchísimas ocasiones de muchas maneras. Este homenaje es para ti, Rosario, no porque te hayas ido, sino porque nos enseñaste de una manera muy peculiar como ni siquiera las escopetas y las amenazas deben aplacar nuestros sueños. Hasta siempre, Rosario…

 

11 de Febrero de 2009