Samir Delgado, en La Laguna

por: Luis León Barreto   

En el Ateneo de La Laguna la Asociación Canaria de Escritores presenta su revista Insularia, hecho que los periódicos tinerfeños resaltan[+], qué trato tan diferente de una isla a otra. Samir Delgado está allí. El es un guerrillero del pensamiento, un animador empeñado en evangelizar al que no sabe, un nómada y un trotamundos que picotea en cien iniciativas y promete llevarlas a cabo todas. ¡El monte se quema! –exclama mientras los demás se están tomando sus whiskies y sus cubatas en pleno asadero. En esa noche terrible de verano en que arreció el fuego en las cumbres quien suscribe estaba precisamente en uno de esos saraos sociales de la gente bien, y ninguno de los allí presentes se ofreció para ponerse el mono e ir a apagar las llamas. Samir, en cambio, se habría enfrentado a los burócratas para exigir estar en primera fila de la acción. Gran Canaria sigue practicando la técnica de la mezquindad cultural que denunció Manolo Millares en los años 50, pero él se empeña en darle la vuelta a la tortilla y por eso procura esparcir generosidad, agua fresca, pensamiento libre que denuncie las aberraciones urbanísticas, las locuras especulativas que borraron el paisaje, los incendios que han arrasado los bosques de la vieja Tamarán.

Samir, desde La Laguna, se empeña en ejercer de taumaturgo sobre una región siempre adormecida por el carnaval, los cubatas y la vida fácil. Samir es incansable. Su instinto no le manda prudencia sino activismo. Padre libanés, madre canaria, mestizaje árabe-atlántico. Samir es un joven autor de 30 años, un poeta, un editor. Pasó su infancia en Maspalomas, ingresó en La Laguna para estudiar Filosofía. Participa en movimientos sociales de la izquierda independentista, desarrolla experiencias de teatro social y programas de radio en emisoras comunitarias. El único pecado de Samir consiste, quizá, en disimular al padre. Cierto que los tiempos no son buenos y los apellidos con resonancias demasiado explícitas se vuelven sospechosos. Pero Samir Abdallah Delgado es un mestizo que baja al terrero, sabe que la vida es también un terrero de lucha donde puedes colgar los escritos, el sudor, las pisadas, las palabras que están dispuestas para ser hilvanadas una tras otra. La aventura es salir de la clausura del espacio cercado de las islas, saltar por encima del Teide y del Nublo, lanzarte al agua desde Agaete o Santa Cruz, desde Arrecife o El Hierro, desde todas las calles de estos pueblos nuestros separados por el mar pero, a fin de cuentas, deseosos de superar este silencio abrumador al que te somete el aislamiento, aunque el aislamiento es como una radiografía de ti mismo, pues te obliga a excavar en tu hígado y tus tripas, a volcarte hacia adentro, a romper las verjas que tapian el paisaje. Gente como Samir es nuestra esperanza en tiempos de vacas flacas y pensamiento plano. Siempre es agradable volver a aquella ciudad fría y lluviosa donde crecimos. Tras ser Patrimonio de la Humanidad La Laguna ha dado un tirón. Ahora tiene la calle Herradores tan bien decorada que da gusto pasearla arriba y abajo. Y el centenario Ateneo, todavía acogedor.

[+]Revista Insularia

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