Se nos va para Europa
Juan
Jesús Ayala
Él, que se le iba la
vida por las Islas; que abandonó las exquisitas prebendas de las altas
jerarquías políticas allá por la villa y corte; que su amor acendrado lo
enarbolaba para arreglar todos los desaguisados que según él circulan por ahí;
que se nos acercó no sólo como si fuera un ángel exterminador blandiendo su
espada flamígera, sino también como el mejor revulsivo para el cambio donde
descansó su discurso un tanto ya manido por el uso y ausencia de novedad; que
encandilaba con su verborrea vacua e insulsa, sí ese mismo, en el que estás
pensando, se nos va.
Eso sí, como actor
perfectamente entrenado y como si fuera el mejor imitador de Jano, a partir de
ahora se presentará con dos caras, con dos actitudes, con dos papeles, con dos
discursos.
Seguirá desde lejos,
tras el móvil, comandando su organización política; y dándole consejos de cómo
se tratarán las cuestiones y cómo conducirlas para mantener al enemigo a raya y
a la espera de la gran ocasión. Y por la otra cara desde la alta tribuna del
congreso, esta notará su ausencia en los problemas que afectarán a las Islas,
de ahí que para hacer lo mismo dirigirá sus pasos hacia Europa. Desde allí
vigilará atentamente y dictará la norma y la secuencia directa del sermoneo
constante.
No nos parece mal que
esto sea así. Estaría bueno. Cada cual debe hacer lo que le pida el cuerpo y la
razón porque puede ser más rentable y reporte mayores beneficios en todos los
sentidos.
Pero, hombre, sí que
produce cierta perplejidad y descorazonamiento que de la noche a la mañana se
pase de un amor alocado, desenfrenado, diría yo, a la tibieza de un
enamoramiento juvenil, candoroso pero concluso.
La política, porque es
lo que se ve, y más la canaria, está sometida a estos vaivenes donde los
personalismos es lo que prima y donde los dandismos es el referente a imitar.
Se sabe, y lo dicen
los estrategas, que los amores políticos por la tierra a la que tanto se le
debe y por la que se lucha y quita el sueño es una
simple banalidad, una majadería para ir escapando de frustraciones que están
latentes. Y los amores se difuminan, se evaporan de tal manera que los que
esperaban grandes cosas del personaje se encontrarán tremendamente defraudados,
porque es que se nos va. Solo le preocupó Canarias como pretexto y como
trampolín. Como nada más. Se nos va y más lejos aun del Teide
y del Roque Nublo de los que sólo se acordará en sus canciones de viejo rokero como presume.