Teodoro Santana
Al igual que ya hicieron Adolfo Suárez, en el
momento de máximo auge del movimiento popular independentista, o Felipe
González, tras el No canario a la OTAN, Zapatero va a reunir su consejo
de ministros en Canarias el próximo viernes día 9. Curiosamente, esos consejos
de ministros nunca se reúnen en Valladolid, Cuenca o Bilbao.
El momento tampoco es casual: el Archipiélago
presenta todos los elementos objetivos para un estallido social: casi 300.000
parados, más de 600.000 personas bajo el umbral de la pobreza, los salarios más
bajos y la jornada laboral más larga del Estado, una caída del 15% del turismo,
y miles de pequeñas y medianas empresas en proceso de echar el cerrojo.
El gobierno de la metrópoli confía en aplacar
los ánimos dando unos cuantos millones al gobierno autonómico y publicitando un
llamado “Plan Canarias” consistente, fundamentalmente, es hacer propaganda de
lo mucho que nos quieren y se preocupan por nosotros. A cambio no piden “nada”.
El Vicepresidente segundo del gobierno español, Manuel Chaves,
en su reciente visita a Canarias, aseguraba que “no existe una relación directa
entre el compromiso del Gobierno de España con la ciudadanía canaria y el
sentido del voto de CC en el Congreso de los Diputados” para sacar adelante los
Presupuestos del Estado.
“Casualmente”, Paulino Rivero anunciaba a la vez
que, “obviamente”, CC los apoyará si recogen esas cantidades para la Comunidad
Autónoma Canaria (CAC). Tampoco tiene tanto mérito: Canarias seguirá en
Para la casta político
burocrática de la CAC, da igual si esos Presupuestos son beneficiosos o no para
los asalariados y la mayoría del pueblo canario. Los verdaderos intereses de
Canarias se venden por un plato de lentejas. O por un puñado más de euros a
manejar para los enjuagues a los que nos tienen acostumbrados, dirigidos a
beneficiar a una docena de familias, mientras se recortan fondos, por ejemplo,
de Sanidad y Educación.
Un gobierno que representase dignamente a los
canarios exigiría otras cosas al Ejecutivo metropolitano. Por ejemplo, que
nacionalizara los bancos españoles, para los que Canarias ha sido una auténtica
mina de oro y que han sacado de nuestro país ingentes cantidades de dinero. O,
al menos, que obligara a esos bancos a reinvertir un porcentaje de esos
fabulosos beneficios en el Archipiélago.
Y exigiría al gobierno español la
descolonización del Archipiélago. O, al menos, que reconociese a Canarias como
territorio en fase de descolonización con Plena Autonomía Interna, para que
pudiéramos tener acceso a nuestras propias aguas territoriales y a sus
recursos.
Unos verdaderos representantes de los intereses
colectivos del pueblo canario pondrían sobre la mesa la relación de nuestro
país con la Unión Europea (UE), en el sentido de derogar la aplicación de la
Política Agraria Común (PAC) en las Islas, impidiendo así la que sigamos siendo
receptores y subvencionadores de los excedentes
agrícolas y ganaderos de las potencias centrales europeas, ya subvencionados en
origen.
Y exigiría que tampoco se aplicaran en nuestro
país las directivas europeas que impiden la creación de empresas públicas en
sectores estratégicos y permiten, en cambio, la penetración ilimitada de las
grandes trasnacionales europeas (que controlan, por ejemplo, el abastecimiento
y la distribución de alimentos y productos de primera necesidad). O que se
pusiese límites al dominio omnímodo que en Canarias ejercen multinacionales
como Telefónica o Endesa.
Nada de eso importa ni al gobierno de la
metrópoli ni al de la CAC. A cambio de unas migajas, veremos muchas pleitesías,
muchas ruedas de prensa, muchas fotos y besamanos. Y cuando por fin vuelvan a
Madrid, aquí seguiremos con los mismos problemas estructurales, atados a una
economía dependiente y en caída libre. Y encima, tendremos que estar agradecidos
por la visita.
No, wana, no
nos haga el “favor”.
(*) Miembro
del Comité Central del Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias
(PRCC)