Una sexta oleada nacionalista

 

Juan Jesús Ayala

 

Han existido cinco oleadas nacionalistas. La primera, por tener esa referencia, se inicia entre los siglos XVI y XVIII, que es cuando emergen los primeros estados-nación como son España, Inglaterra y Francia. Dando un salto en la historia, nos posicionamos en la quinta y, de momento, la última, que surge como consecuencia del final de la guerra fría y el derrumbamiento del imperio soviético en 1989, así como sus efectos sobre el bloque socialista con la eclosión neo-nacionalista y el surgimiento de veinte estados nuevos restablecidos en el centro y este europeos y en Asia.

 

De esa manera, podemos señalar que, actualmente, en el planeta existen hoy más de 190 estados nacionales que contrastan, de manera favorable, con aquellos primeros 51 que conformaron las Naciones Unidas en 1945. Y ahí llega la pregunta: ¿se está en los albores de una sexta oleada nacionalista basada en los movimientos que se dejan sentir en aquellas naciones sin estado? Lo que sí está claro, y en palabras de Anthony Smith, es que "una línea roja atraviesa la historia del mundo moderno desde la toma de la Bastilla hasta la caída del muro de Berlín. La línea roja tiene un nombre: el nacionalismo, y su historia es el hilo conductor básico que une y divide los pueblos del mundo moderno".

 

¿Y cuándo comenzó el nacionalismo como ideología? Todos, o al menos la mayoría, están de acuerdo en que el nacionalismo surge a finales del siglo XVIII y que, tras vivir su apogeo en las dos guerras mundiales, está entrando en un declive de puro desahucio al ceder ante fuerzas globales que trascienden las fronteras de los estados nacionales. Hay que pensar, ante la evolución del mundo y los nuevos estados que han emergido tras el periodo de descolonización, que aún se puede dar una sexta oleada nacionalista, aunque no con la contundencia y prevalencia de las anteriores, pero sí con un nuevo estilo y una nueva forma para obtener la independencia y plena soberanía para constituirse en estados y dejar atrás el concepto indefenso de nación. Existen naciones o nacionalismos en Europa, como Gales, Escocia, Irlanda, los flamencos belgas, sicilianos, kurdos, corsos, y más cerca, Euskadi y Cataluña, que están pugnando por este asunto, por ser libres y sentirse sujetos históricos de pleno derecho. Será el tiempo el que acerque el objetivo y, sobre todo, el deseo consecuente de los que habitan en esos territorios, si están o no por la labor.

 

¿Y Canarias? Pues ya vemos lo que hay. Unos para un lado y otros para otro; unos, independentistas de pro, de ahora mismo sin más, y otros, independentistas ralentizados, y la mayoría, porque siempre son las elecciones las que marcan y definen, en una perfecta indefinición. Se vota y no se sabe qué; se dice y no se sabe dónde se ponen las palabras. Existe un verdadero galimatías estancado y hecho cuerpo en el nacionalismo canario que muy poco podría contribuir a esa sexta oleada de nacionalismos que pudiera levantarse en el mar de la ideología nacionalista. De momento, y seguimos insistiendo sobre lo mismo, estamos instalados en la atomización nacionalista, y, de seguir por ese camino, la cuestión canaria seguirá siendo eso: mera cuestión, con avances mínimos hacia una nueva definición de nosotros mismos. A pesar de ello, esto no debe propiciar otra cosa que no sea utilizar lenguajes más directos, nacionalistas y consecuentes, y alejarse de los que confunden y adormecen a los que pretenden acercarse para alinearse con la ideología nacionalista de esta tierra.