¿Sindicalismo
revolucionario, o Cacareo en el gallinero?
Por Fructuoso Rodríguez Morales
El jueves 19
de febrero hubo en los locales de Intersindical Canaria una asamblea de
delegados y posteriormente a las doce una concentración en la calle Tomé Cano,
delante de las oficinas del INEM, pidiendo el cese de despidos laborales y que
la “crisis la paguen los ricos”.
Al ojo del
observador espontáneo el ver a los sindicalistas enarbolando las banderas
reivindicativas (la tricolor con las sietes estrellas verdes), junto con la
roja del socialismo y los sindicalistas de
Lo que está
ocurriendo realmente es que los acontecimientos son de una gravedad tal, que es
imposible seguir permaneciendo en los despachos, y que simplemente por
vergüenza hay que salir a la calle para la foto, ya que dudo mucho de la
verdadera intencionalidad de lucha de dichas organizaciones.
“Esto es el
preámbulo de la gran lucha que se avecina”, me comentaba un compañero,
“·…iremos a por la huelga general”.
Bien, ya hace tiempo que necesitábamos la
huelga general, pero ¿con que fin?, ¿con el fin de detener la sangría de
despidos?, es una incongruencia ¿no?, es decir el sector está en crisis y
hacemos una huelga… ¿para mejorarlo?, no me entra en la cabeza, algo falla.
Pensemos… ¿Qué está ocurriendo realmente?,
bueno pues aunque me tilden de catastrofista lo que está ocurriendo es que el
sistema se derrumba, así de simple; esto no es una crisis cíclica, ni de
reestructural el sistema, es un derrumbe
en toda regla, y ante un acontecimiento de esta envergadura ¿nos vamos a la
calle para pedir que la crisis la paguen los ricos?,… ¡que ingenuidad!
Srs., el derrumbe es
inevitable, el sector industrial está colapsado y es imposible su
reconstrucción, por lo que los parados seguirán aumentado irremediablemente.
Por lo que el acto de los sindicalistas del pasado jueves, si no se canaliza en
una dirección con base real, amparado en lo que realmente está sucediendo, es
un acto más de “hay que hacer ruido para que los afiliados crean que hacemos
algo”. (O lo que es lo mismo “hay que cacarear lo más posible”).
¿Por qué es inevitable el derrumbe?, pues por
lo que ya es un secreto a voces: hemos llegado al cenit del petróleo, y su
precio real pronto estará por encima de los 100$ el barril. La sociedad
industrial moderna es inviable a un barril a este precio, esto sumado a una
economía de especulación, y de empobrecimiento de los países de los continentes
al sur del ecuador, junto con la “avanzadísima economía de Neoliberalismo”, han provocado que se genere una deuda global,
según algunas estimaciones de unos 750 billones de dólares, imposibles de
pagar. Según algunos analistas financieros, EEUU se declarará insolvente en los
meses del verano del 2009 y el modelo Bretton Woods, (dólar como moneda eje),
se dará como finalizado.
El tsunami
que estos acontecimientos van a provocar, serán de unas consecuencias difíciles
de pronosticar, pero que no se evitarán
sin duda alguna cacareando en el gallinero.
La fragilidad
de la economía canaria es evidente, y la verdadera lucha sindical está en
organizar a la clase trabajadora para derribar de una vez este sistema
capitalista (en el territorio donde vivimos y donde nos toca luchar, unidos a
las luchas antisistema globales) y estructurar una verdadera revolución agraria
que sea capaz de resistir el impacto que -no nos quepa duda-, vamos a recibir.
Es imposible garantizar un puesto de trabajo a los miles y miles de despedidos,
así como el subsidio de empleo garantice la
estabilidad doméstica. La violencia estará a la orden del día y el túnel oscuro
por el que vamos a pasar durará muchos más años de los que quisiéramos.
Los años
venideros son de una inseguridad nunca antes alcanzada, y sin embargo la clase
trabajadora mira a sus dirigentes sindicales y lo que ve son apoltronados en
sus sillones, que llevan más de veinte años adormeciendo la lucha obrera,
sindicalistas entregados al partido en el poder, y sindicalistas que prefieren
poner mordazas en voces críticas que enfrentarse a dirigentes sindicales con
alto poder de gobierno. Culpables, unos por acción y otros por omisión.
Pero lo
triste es que hay que escachar la cabeza del que quiere denunciar para poder
avanzar hacia un verdadero sindicalismo independentista, revolucionario y
obrero.