Sindicalismo,
crisis y violaciones
Justo
Fernández Rodríguez
Durante las dos últimas décadas, año tras
año, el sindicalismo, por muy diversas causas, no puede considerarse que esté
atravesando una etapa positiva. Se ha reducido su influencia en la política económica
y social. La globalización, seguida por la crisis financiero-económica y su
incapacidad para reaccionar, de forma firme y generalizada, en defensa de los
intereses de los trabajadores y pensionistas, no ha contribuido a un
reforzamiento del potencial sindical. Después del rotundo triunfo de la derecha
y la extrema derecha en las elecciones europeas, ante unas medidas, anunciadas,
de recortes en la protección social, mayor precariedad laboral, recortes de la
negociación colectiva, menor seguridad en el trabajo y mayores facilidades para
el despido, resulta imprescindible una reacción sindical, a todos los niveles:
internacionales, nacionales y locales.
Estamos ante una situación de supervivencia. No es posible continuar con un
sindicalismo, excesivamente institucional, de cierto tinte amarillento,
dirigido, en buena medida, por subvencionados, en lugar de militantes
dispuestos a sacrificarse en defensa de los intereses de los trabajadores. Sin
embargo, en todo el mundo continúan produciéndose acosos, persecuciones,
encarcelamientos, torturas y asesinatos a militantes y afiliados sindicales.
Los casos de despidos de trabajadores y trabajadoras implicados en actividades
sindicales superaron los 7.500, en un total de 68 países, de los que 20 son
africanos. En cualquier caso, estas cifras son la punta del iceberg de los miles
de despidos que no se registran ni se denuncian. En Birmania, China, Laos,
Corea del Norte, Vietnam y otros muchos países sólo se permite la actividad de
los sindicatos oficiales controlados por los Gobiernos. En África, se ha
producido una gran represión contra los trabajadores que intentaban obtener
mejoras salariales al verse afectados por la crisis alimentaria, con cifras
alarmantes en el número de familias sin capacidad para conseguir alimentos
suficientes. En América, asesinatos, secuestros, amenazas de muerte, ataques y
violaciones de domicilio son el pan de cada día para numerosos sindicalistas.
Los empleadores recurren a despidos arbitrarios y el traslado de dirigentes
sindicales, en represalia contra la implantación de nuevos sindicatos.
Escrutando en la búsqueda de algún aspecto positivo, hay que reconocer que los
cambios de gobierno en Australia y EE.UU. pueden significar una mejora de la
protección de los trabajadores de ambos países, cuyos datos, en años
anteriores, habían sido enormemente negativos. En España, pese al
reconocimiento legal y práctico de los sindicatos, la negociación colectiva y
el derecho de huelga, existen colectivos de trabajadores que no tienen
derecho a sindicarse. Los miembros de las Fuerzas Armadas y de
El 7 de marzo de 2008, en Mondragón, Isaías Carrasco, miembro de
Pese a su reconocimiento y regulación, el abuso de la contratación temporal, la
más alta de los 27 miembros de
Con independencia de las violaciones de derechos sindicales, establecidos en
los Convenios 87 y 98 de
Nuevas fórmulas de empleo afectan a los derechos fundamentales. El empleo
disimulado como trabajo por cuenta propia, la subcontratación o las agencias de
empleo aumentan en los países desarrollados y en los en vías de desarrollo,
donde las multinacionales amenazan con trasladar las empresas,
subcontratar o reducir plantillas, como coacción permanente para que los
trabajadores e, incluso, los sindicatos, moderen su acción sobre el
cumplimiento de la normativa laboral y el respeto a los derechos sindicales.
¿Reaccionarán los sindicatos ante esta situación?