Contra la
siniestralidad laboral
Justo
Fernández Rodríguez
El pasado 28 de abril, con escaso eco
oficial, político, sindical y menor trascendencia pública y ciudadana, se
celebró el Día Internacional de
En todo el mundo, diariamente, mueren una media de
5.000 trabajadores a causa de accidentes o enfermedades relacionados con el
trabajo. Anualmente, se producen 270 millones de accidentes de trabajo y 150
millones de enfermedades profesionales, lo que significa la pérdida del 4% del
producto interior bruto mundial, una cantidad veinte veces superior a los
recursos que se dedican a la ayuda al desarrollo en el mundo. Cada año mueren
dos millones de hombres y mujeres por culpa de los accidentes laborales y las
enfermedades profesionales, de los que 12.000 son niños.
Las sustancias peligrosas matan a 340.000 cada año. Sólo el amianto se cobra
unas 100.000 vidas. Se estima que 11 millones de trabajadores de todo el mundo
siguen controles debido a su exposición a las radiaciones ionizantes. El cáncer
es la causa más importante de muertes relacionadas con el trabajo, un 32% del
total. Los accidentes y la violencia causan tantas muertes entre los
trabajadores como las enfermedades transmisibles. El estrés es responsable de
más del 50% de los días de trabajo que se pierden en Europa.
En los países en desarrollo, la mayor parte de los accidentes y enfermedades
relacionadas con el trabajo se producen en industrias primarias, como la
agricultura, la pesca, la industria maderera, la minería y la construcción. Los
altos niveles de analfabetismo y la escasa formación sobre los sistemas de
seguridad conducen a altos índices de mortalidad, debido a los incendios y la
exposición continuada a sustancias peligrosas, que afectan, especialmente, a
los que trabajan en la economía informal.
La prevención eficaz de los accidentes de trabajo y de las enfermedades
profesionales empieza en la empresa, pero es imprescindible la participación
directa de los gobiernos, las organizaciones empresariales y los sindicatos.
Pero el compromiso de las empresas para promover sistemas de seguridad choca
con su ambición por la obtención de beneficios al mínimo costo. Por eso, es
imprescindible la creación o reforzamiento de sistemas de inspección y
sanciones que impidan el riesgo de los trabajadores y la competencia desleal
con otras empresas que cumplen las normas de seguridad y salud en el trabajo.
Todas las leyes y normativas legales serán inútiles si los gobiernos no
mantienen un eficaz e insobornable cuerpo de inspección.
España, durante los ocho años de gobiernos de Aznar y Rajoy, no sólo encabezaba
el indeseable récord de accidentes laborales mortales de toda
Las causas del incremento de los accidentes, leves o mortales, no eran un
misterio. Estaban alrededor de la impunidad en el cumplimiento de las normas de
seguridad; subcontrataciones y trabajos a destajo; utilización abusiva de la
contratación temporal, en los puestos de mayor riesgo; prolongación excesiva de
la jornada laboral; ausencia de medidas de protección individual y colectiva;
falta de celo e incapacidad de
A partir de 2004, cuando gana las elecciones Rodríguez Zapatero, cambia la
situación, sin llegar a los niveles exigibles. Continúan muriendo más
trabajadores que la media europea. En 2004, en accidentes laborales murieron
955 trabajadores; en 2005, 935; en 2006, 947 y en 2007, 847 trabajadores.
En 2008, con más de veinte millones de trabajadores de población activa, cinco más
que en la era aznarista, se consiguieron los niveles
de siniestrabilidad más bajos desde la implantación
de la democracia, con 831 trabajadores muertos en accidentes laborales. Pese a
estas reducciones, cada día laboral fallecen más de tres trabajadores, 23
sufren accidentes graves y 2.499 accidentes leves. Dos tercios de esos
accidentes los padecen trabajadores con contrato temporal.
CC.OO. y UGT denuncian que, en España, persiste el
fraude de las enfermedades profesionales, que las mutuas ocultan. No se
declaran muertes por enfermedad, aunque se incrementan las prestaciones por
viudedad y orfandad tras recurrir a los tribunales. Es una lacra y una
vergüenza para nuestro país y sus instituciones públicas.
Canarias, ¡cómo no!, fue la comunidad donde más aumentaron los accidentes
laborales mortales. En 2007, murieron 18 trabajadores, y en 2008, 40. El
incremento fue del 122,22%, sin que Paulino Rivero ni José Manuel Soria
pronunciaran una sola palabra de pesar y, mucho menos, una promesa de adoptar medidas
que disminuyan esa inadmisible mortalidad en el mercado de trabajo canario.
No se puede aceptar la idea que los accidentes y las enfermedades son
"gajes del oficio". UGT manifiesta que "la solución pasa por un
gran compromiso para que todos, Gobierno, sindicatos y patronal, lleven la
prevención de riesgos, la cultura preventiva a todas y cada una de la empresas,
a todos y cada uno de los trabajadores españoles, aunando esfuerzos para acabar
con esta lacra social que azota España, la pérdida de la integridad física,
cuando no la vida, en el desarrollo del trabajo diario".
Pero, más allá del acierto del texto de un comunicado, es preciso que el
Gobierno tenga la percepción de que no se trata de un papel más para acallar a
determinados sectores obreros. Y, eso, el respeto del Gobierno, lo saben los
dirigentes de UGT y los de CC.OO., se consigue con
movilizaciones.