Madrid, Davos y Belem, sin soluciones

 

Justo Fernández Rodríguez

 

La grave crisis financiera, económica y social, desatada por la desvergüenza y latrocinio de un amplio sector financiero estadounidense, amparado en la ausencia de controles del Gobierno de Bush, ultradefensor de la libertad de mercado absoluta, la inutilidad e incapacidad del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, pese a los extraordinarios sueldos de sus dirigentes, y la complicidad de sectores financieros y empresariales de la Unión Europea, Latinoamérica y Asia, cuyos gobiernos han reaccionado tarde y mal, continúa si ser controlada y, mucho menos, resuelta, ni en las reuniones del G-20 o de la Unión Europea, ni por los gobiernos de las grandes potencias económicas o de los países emergentes.


Según un informe de la ONU, que tampoco ha hecho nada, a finales de 2009, en el peor escenario, pueden haber desaparecido 51 millones de empleos, alcanzando los 230 millones de parados, sumando a la crisis finaciero-económica una crisis laboral mundial. Según la OIT, "para muchos de los que conserven el empleo, será a base del deterioro de sus salarios y condiciones de trabajo", aumentando la pobreza y deteriorándose las condiciones de vida del África Subsahariana, Oriente Medio y el sudeste de Asia", una situación agravada por el cambio climático. Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los datos actuales de hambrientos en el mundo alcanzan casi los 1.000 millones de personas.


En Madrid, con la asistencia de representantes de 120 países, hubo una reunión de la FAO, con el objetivo de no solo proporcionar alimentos a los casi 1.000 millones de hambrientos, sino garantizar el sustento de los 9.000 millones de ciudadanos que poblarán el mundo en 2050, para lo que sera necesario "duplicar la producción agrícola mundial". Rodríguez Zapatero y el secretario general de la ONU, Ban ki Moon, que presidieron la reunión, recibieron el "apoyo" de Hillary Clinton, en nombre de Barack Obama. España, que multiplicó por ocho su contribución al Programa Mundial de Alimentos, pidió que los países ricos se comprometan a destinar, en 2012, el 0,7% de su PIB para la ayuda oficial al desarrollo.


Aun así parece claro que tendrán que aplazarse los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, de "reducir a la mitad el porcentaje de personas cuyos ingresos son menores a un dólar diario; alcanzar el pleno empleo productivo para todos, incluyendo mujeres y jóvenes; reducir a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre; lograr la enseñanza primaria universal; eliminar la disparidad de géneros en los niveles educativos y reducir la mortalidad infantil".


Y Davos, en medio de la crisis. También se inauguró el Foro Económico Mundial, en Davos, con la pretensión, según sus organizadores, de convertirse en uno de los eventos más importantes en los casi cuarenta años de su historia. El Foro de Davos, entre canapés y champán, se ha caracterizado por la defensa a ultranza del libre mercado, el abaratamiento del coste salarial y la desregulación de las relaciones laborales. En esta ocasión, presidido por Kofi Annan, ex secretario general de Naciones Unidas, y el gran magnate de los medios de comunicación, defensor de la invasión de Irak y patrón de Aznar, Rupert Murdoch, ofrecía pocas esperanzas. Más de cuarenta jefes de Estado y de Gobierno habían confirmado su asistencia, a los que se unirían 2.500 dirigentes empresariales, expertos, sindicalistas y representantes de ONG, para debatir sobre el "rediseño del mundo poscrisis". España estuvo ausente.


El economista de Morgan Stanley Steven Roach, después de plantear la insuficiencia de los estímulos fiscales para resolver la crisis y pedir acciones coordinadas, sostuvo que "2009 será el primer año desde 1945 en que la economía mundial se contrae. Para ver tasas de crecimiento del 5% se necesitará esperar tres o cuatro años". Angela Merkel abogó por un modelo de economía social como el de Alemania. "No tenemos ninguna arquitectura global que funcione de forma adecuada", señaló. Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, sentenció: "El capitalismo sin ataduras no funciona. Hace falta más protección social para los individuos. Los mercados necesitan regulación". Una buena parte de los intervinientes advirtieron del error que significaría el proteccionismo sobre el comercio y las finanzas nacionales para salir de la crisis. Obama se opuso al eslogan, puesto en circulación, del "compre estadounidense", para "no provocar una guerra comercial". La Organización Mundial del Comercio (OMC) ha convocado una reunión urgente para intentar contener ese suicida nacionalismo proteccionista. ¿Rectificará Miguel Sebastián, ministro de Industria, Turismo y Comercio, su recomendación de "consumir productos españoles"?


Asimismo, están convencidos de que las reducciones de plantillas serán inevitables, lo que hacen previsibles las reacciones sociales contra un tipo de capitalismo injusto y corrupto. En Davos, nadie se atrevió a negar la recesión. Podría decirse que se abordaron los problemas, pero no se encontraron soluciones. El arzobispo sudafricano Desmond Tutu denunció que "algunos falsificaron normas y registros para quedarse con el tesoro". Otros pedían responsabilidad penal para los responsables de la crisis. Pero la mayoría de los máximos responsables de los bancos de Wall Street habían cancelado su viaje a Suiza. La clausura no pudo evadirse del ambiente de fatalidad y pesadumbre en que transcurrió, desde su inicio a su clausura, por la ausencia de importantes figuras de la política y las finanzas internacionales.


Y además, el IX Foro Social Mundial. Coincidiendo con el Foro de Davos, unos cien mil activistas, representantes de más de 4.000 movimientos sociales de 150 naciones y cinco presidentes latinoamericanos, Lula da Silva (Brasil), Evo Morales (Bolivia), Hugo Chávez (Venezuela), Rafael Correa (Ecuador) y Fernando Lugo (Paraguay) se reunieron en la ciudad amazónica de Belem (Brasil) para "llenar el vacío político creado por la múltiple crisis, climática, ambiental, financiera, alimentaria, energética y económica y la incertidumbre respecto al futuro", según afirmó uno de los principales organizadores, Cándido Grzybowski.


Mientras el presidente de EE.UU., Barack Obama, calificaba de "devastadora" la situación de su país, y calificaba a los directivos de la banca privada de "sinvergüenzas", Lula da Silva dejaba su sentencia en Belem: "El Dios Mercado quebró por falta de control. Se pretende afrontar la crisis con las mismas herramientas que la provocaron". Tampoco puede decirse que en Belem se coordinara una acción mundial contra la crisis. Una cierta desorientación en debates y votaciones creó grandes dificultades para que los participantes pudieran conocer qué medidas concretas se habían aprobado, aunque algunos consideraron que, precisamente, ese era el objetivo de una reunión de la contracultura, creada como respuesta directa al Foro de Davos. Podían tener razón con el eslogan de "otro mundo es posible", pero las conclusiones no lo facilitan. Coincido con "la construcción de un sistema económico ecológicamente sostenible, socialmente equitativo y geopolíticamente equilibrado, a fin de reducir el nivel de desigualdades sin precedente que se registra actualmente", pero discrepo de la capacidad y sentido democrático de algunos de los que pretenden ponerlo en marcha.