Madrid, Davos y
Belem, sin soluciones
Justo
Fernández Rodríguez
La grave crisis financiera, económica y
social, desatada por la desvergüenza y latrocinio de un amplio sector
financiero estadounidense, amparado en la ausencia de controles del Gobierno de
Bush, ultradefensor de la libertad de mercado
absoluta, la inutilidad e incapacidad del Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional, pese a los extraordinarios sueldos de sus dirigentes, y la
complicidad de sectores financieros y empresariales de
Según un informe de
En Madrid, con la asistencia de representantes de 120 países, hubo una reunión
de
Aun así parece claro que tendrán que aplazarse los Objetivos de Desarrollo del
Milenio de las Naciones Unidas, de "reducir a la mitad el porcentaje de
personas cuyos ingresos son menores a un dólar diario; alcanzar el pleno empleo
productivo para todos, incluyendo mujeres y jóvenes; reducir a la mitad el
porcentaje de personas que padecen hambre; lograr la enseñanza primaria
universal; eliminar la disparidad de géneros en los niveles educativos y
reducir la mortalidad infantil".
Y Davos, en medio de la crisis. También se inauguró el Foro Económico Mundial,
en Davos, con la pretensión, según sus organizadores, de convertirse en uno de
los eventos más importantes en los casi cuarenta años de su historia. El Foro
de Davos, entre canapés y champán, se ha caracterizado por la defensa a
ultranza del libre mercado, el abaratamiento del coste salarial y la
desregulación de las relaciones laborales. En esta ocasión, presidido por Kofi
Annan, ex secretario general de Naciones Unidas, y el gran magnate de los
medios de comunicación, defensor de la invasión de Irak y patrón de Aznar, Rupert Murdoch, ofrecía pocas esperanzas. Más de cuarenta
jefes de Estado y de Gobierno habían confirmado su asistencia, a los que se
unirían 2.500 dirigentes empresariales, expertos, sindicalistas y
representantes de ONG, para debatir sobre el "rediseño del mundo poscrisis". España estuvo ausente.
El economista de Morgan Stanley Steven Roach, después
de plantear la insuficiencia de los estímulos fiscales para resolver la crisis
y pedir acciones coordinadas, sostuvo que "2009 será el primer año desde
1945 en que la economía mundial se contrae. Para ver tasas de crecimiento del
5% se necesitará esperar tres o cuatro años". Angela
Merkel abogó por un modelo de economía social como el
de Alemania. "No tenemos ninguna arquitectura global que funcione de forma
adecuada", señaló. Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, sentenció:
"El capitalismo sin ataduras no funciona. Hace falta más protección social
para los individuos. Los mercados necesitan regulación". Una buena parte
de los intervinientes advirtieron del error que significaría el proteccionismo
sobre el comercio y las finanzas nacionales para salir de la crisis. Obama se opuso al eslogan, puesto en circulación, del
"compre estadounidense", para "no provocar una guerra
comercial".
Asimismo, están convencidos de que las reducciones de plantillas serán
inevitables, lo que hacen previsibles las reacciones sociales contra un tipo de
capitalismo injusto y corrupto. En Davos, nadie se atrevió a negar la recesión.
Podría decirse que se abordaron los problemas, pero no se encontraron
soluciones. El arzobispo sudafricano Desmond Tutu
denunció que "algunos falsificaron normas y registros para quedarse con el
tesoro". Otros pedían responsabilidad penal para los responsables de la
crisis. Pero la mayoría de los máximos responsables de los bancos de Wall Street habían cancelado su
viaje a Suiza. La clausura no pudo evadirse del ambiente de fatalidad y
pesadumbre en que transcurrió, desde su inicio a su clausura, por la ausencia
de importantes figuras de la política y las finanzas internacionales.
Y además, el IX Foro Social Mundial. Coincidiendo con
el Foro de Davos, unos cien mil activistas, representantes de más de 4.000
movimientos sociales de 150 naciones y cinco presidentes latinoamericanos, Lula
da Silva (Brasil), Evo Morales (Bolivia), Hugo Chávez (Venezuela), Rafael
Correa (Ecuador) y Fernando Lugo (Paraguay) se reunieron en la ciudad amazónica
de Belem (Brasil) para "llenar el vacío político creado por la múltiple
crisis, climática, ambiental, financiera, alimentaria, energética y económica y
la incertidumbre respecto al futuro", según afirmó uno de los principales
organizadores, Cándido Grzybowski.
Mientras el presidente de EE.UU., Barack Obama, calificaba de "devastadora" la situación
de su país, y calificaba a los directivos de la banca privada de
"sinvergüenzas", Lula da Silva dejaba su sentencia en Belem: "El
Dios Mercado quebró por falta de control. Se pretende afrontar la crisis con
las mismas herramientas que la provocaron". Tampoco puede decirse que en
Belem se coordinara una acción mundial contra la crisis. Una cierta
desorientación en debates y votaciones creó grandes dificultades para que los
participantes pudieran conocer qué medidas concretas se habían aprobado, aunque
algunos consideraron que, precisamente, ese era el objetivo de una reunión de
la contracultura, creada como respuesta directa al Foro de Davos. Podían tener
razón con el eslogan de "otro mundo es posible", pero las
conclusiones no lo facilitan. Coincido con "la construcción de un sistema
económico ecológicamente sostenible, socialmente equitativo y geopolíticamente
equilibrado, a fin de reducir el nivel de desigualdades sin precedente que se
registra actualmente", pero discrepo de la capacidad y sentido democrático
de algunos de los que pretenden ponerlo en marcha.