Siroco & Calima
José
A. Infante Burgos
Los
tremendos vendavales que asolan el norte central y desértico de África son
denominados Sirocos. Se trata de tormentas de arena que ocasionalmente alcanzan
la velocidad del huracán, secas y cálidas, que escupen a la atmósfera en sus
diferentes capas verdaderas e imponentes acumulaciones de "polvo"
sahariano que, dependiendo de la dirección que tomen, pueden incidir en el
viejo continente desde el Mediterráneo -en las nieves perpetuas de Los Alpes se
pueden tomar muestras con rastros de las evoluciones ascendentes y cada vez más
acusadas del fenómeno-, en las Islas Canarias, Azores, Madeira, Cabo Verde e,
incluso, alcanzan hasta
Se
presenta en masas compactas de aire caliente y tropical, que son arrastradas y
que se cuelan hacia el Norte o el Este por las células de baja presión que se
mueven a través del mar, con el viento originado en los desiertos saharianos.
El aire continental más caliente, más seco, se mezcla con el aire más fresco,
más húmedo, del ciclón marítimo, y la circulación a la izquierda del punto bajo
propulsa un remolino mezclado a través de las costas meridionales de Europa y
orientales de Canarias.
Pero,
sorpresa. Curiosamente, se ha demostrado científicamente que, además de mitigar
el efecto del calentamiento global, son beneficiosas como gran fumigación y
riego de partículas activadoras sobre las zonas en las que impacta. Si no
tenemos en cuenta el efecto nocivo en los humanos o en los grandes animales y
partimos de que el calor bochornoso es otro efecto distinto, parece ser que es
una lluvia de riqueza.
Estudios
realizados en Australia, donde se produce un fenómeno parecido al siroco del
norte de África, en otra lengua que normalmente irrumpe y baña a Nueva Zelanda,
con rigurosos seguimientos de impacto, confirman que esta marea aérea activa el
microplancton en toda la superficie del mar y cumple
en tierra con funciones de fumigación, anulando la efectividad de algunas
plagas y, con funciones de abono, mejorando combinaciones de nutrientes
naturales.
La
calima tiene su origen en la ventolera que arma el siroco; sin embargo, dichas
tormentas tienen un área de impacto menor que la de la calima, debido a la
precipitación de las partículas de mayor peso. Como efecto inmediato y en
función de la densidad, produce una disminución en mayor o menor medida de la
visibilidad y la aparición de molestias en ojos, nariz y garganta. Si es
persistente o abundante, al cabo de unos días suelen aparecer otros síntomas
como bronco-espasmos, crisis respiratorias y asma. Su desaparición, pues, está
ligada a la inestabilidad de la atmósfera y está condicionada por el viento o
la lluvia.
Con
una duración desde medio a varios días, con velocidades de casi
Siroco
o calima volvemos a tener encima; la caída a tierra de este sustrato accede
después en una proporción respetable a los cauces y estos, teóricamente (cuando
corrían), los acumulaban en las desembocaduras de los barrancos. Por eso es que
las playas de arena amarilla son un paisaje natural de estas islas y no está
nada mal implementarlas en zonas de litoral deteriorado como el de Punta Larga,
Añaza?
Aquí,
el fenómeno tiene otro efecto muy perjudicial: que no deja, mientras dura, que
lleguen los vientos alisios que acumulan la nubosidad del Atlántico sobre las
cumbres más altas de las cordilleras del norte.
Thomas
Mann, un clásico en la literatura homosexual, con su novela "Muerte en
Venecia", describe una densa e intrincada cosmovisión gay del amante
otoñal y aduce, más o menos, que es una prevención rutinaria contra el siroco y
el calor... Un detractor del escritor, D. Alfred Kerr, se refirió
sarcásticamente a la novela, ya que "hacía de la pederastia algo
disculpable si era ejercida por las cultivadas clases medias". El propio
Mann, su autor, describió una vez sus sentimientos por el joven violinista Paul Ehrenberg como "la
experiencia central de mi corazón". Sin embargo, como muchos otros
homosexuales de su época, Mann eligió casarse y tener familia.