SOLE
Agapito
de Cruz Franco
Soledad Perera Pérez va a ser juzgada por segunda vez en el Tribunal
de lo Penal nº1 de Las Palmas de Gran Canaria, acusada de obstrucción y desobediencia a la justicia. Todo
por reivindicar el derecho de una menor, “Piedad”, a ser escuchada, y hacer
valer informes técnicos y
profesionales contrarios a la separación de la menor de la única familia que
había tenido en sus 6 años de vida. Como las diferentes providencias emitidas
en su momento por la Jueza
no fueron unificadas en el mismo procedimiento, algo fuera de toda lógica,
resulta que ahora, la acumulación de sentencias negativas puede dar con ella en
la cárcel.
Es
harto conocido el caso “Piedad”, esa
niña que desde los primeros meses de vida pasó por diferentes casas de
acogida hasta llegar a su familia adoptiva en La Orotava, y a los 6 años
devuelta por orden judicial a la madre biológica. Luego, y tras unos meses, ha
terminado de nuevo en otra casa de acogida. Es vox populi, como manifiesta la Asociación Pro Derechos
del Niño y la Niña
(PRODENI), que “la Consejería de Bienestar
Social del Gobierno de Canarias ha reconocido el fracaso de la inserción de la
niña con la parte biológica y que aquella, ha sido utilizada como un conejillo
de indias hasta límites inaceptables desde el punto de vista de la convención
de los derechos del niño y del ordenamiento jurídico”. En ese sentido las
iniciativas políticas no se han hecho esperar y aparte de los apoyos del
Ayuntamiento de La Orotava
o del Cabildo de Gran Canaria, el senador por Valladolid Mario
Bedera (PSOE) ha puesto sobre la mesa el caso “Piedad”
en la Comisión
del Senado que debate la
Reforma de la
Ley del Menor y la adopción.
Aún
así, Soledad va a ser juzgada. Y en Carnaval para más estética surrealista. Sole tiene una amplia tradición familiar de compromiso
social, genes que, sin duda, ha heredado. Entre sus familiares podemos a citar
a Martín Pérez González, piloto del Telémaco, ese viaje emblemático que el 9 de
agosto de 1950 llevara sanos y salvos a 171 emigrantes clandestinos canarios a
comienzos de siglo desde La
Gomera a la
Guaira (Venezuela) sin apenas medios de navegación y al
comprobar que el Capitán del motovelero había huido. A Domingo Pérez Trujillo, Diputado
a Cortes por Tenerife durante la
República y relacionado a su vez familiarmente con Juan Marichal,
ensayista, crítico literario e historiador, Profesor de la Universidad de Harvard
hasta 1988 en que se jubiló, Premio Nacional de Historia en 1996 y experto en
las obras de Pedro Salinas, Unamuno, Ortega y Gasset, Azaña
y Negrín. A Martín Pérez Trujillo, alcalde del primer
Ayuntamiento socialista en España, el del Puerto de la Cruz. A Salvador Pérez Trujillo,
Cónsul de España en el Japón, sin olvidar a su propio padre Francisco Pereda
Acosta un respetado y valorado arquitecto y profesor del Puerto de la Cruz o a María Pérez Trujillo, luchadora por los derechos de
la mujer y la cultura y que da nombre en la actualidad a un Instituto de
Enseñanza Secundaria en Tenerife.
A
Sole la conocí en mi etapa de concejal en el
Ayuntamiento de La Orotava,
cuando llegó un día a la
Comisión de Asuntos Sociales a exponer su caso, al que luego
el Ayuntamiento daría unánimemente su apoyo. Ví en
ella a una mujer vitalista, y un discurso, el suyo, afectivo y bien
argumentado. Y a alguien que, ante tanto descalabro, creía, de momento, en la
justicia.
Comprometida,
luchadora, honesta. Siente lo que dice y dice lo que siente. Piensa lo que dice
y dice lo que piensa. Consecuente hasta el final. Y en el caso de “Piedad”
sintiéndola ante todo como madre, y, como tal, defendiendo sus derechos, los de
la menor, no los suyos (que es lo que nunca ha entendido la burocracia legal).
Seria,
valiente, lúcida, y con una capacidad lírica especial -no sólo en diferentes
publicaciones suyas- sino en las diversas convocatorias públicas donde la
sociedad se ha volcado con ella, contra la incompetencia de la Administración y en
desacuerdo con la Justicia.
Entre
sus publicaciones se cuentan: “En el desván del silencio” poemario para
recaudar fondos para ANDENI o “La niña de las 20 lunas” relacionado con la
adopción. Además ha participado en la publicación: “1ª Bienal de Artes
Plásticas” y tiene en su haber premios de poesía, relatos y publicaciones sobre
temas sociales y de investigación. Tiene en preparación “Marfil y Ébano” una colección
de aforismos e imágenes al alimón con su hermana Mari
Carmen Pereda, en relación con el caso Aday y
dedicado a los niños con leucodistrofia cerebral.
He
tenido la oportunidad además, de leer el manuscrito de un futuro libro sobre “Piedad”
bajo el título “Peregrina mía”, a punto de ser publicado por Anaya y la Editorial Algaida.
Al leer el periplo de esta pequeña, Soledad, en su enfrentamiento con el poder,
hace honor a su nombre. Porque, aunque tenga el respaldo de la sociedad, lo hace sola junto a su familia.
Una
persona así no es para juzgarla. Es para hacerle un homenaje. Una persona que
adopta, que sufre las incompetencias de la Dirección General
del Menor, que defiende a la criatura incluso jurídicamente, y que encima el
tiempo le ha dado la razón, no es para juzgarla. La Justicia lo que tiene que
hacer es darle las gracias y devolverle a la niña. Y ese triángulo del poder del
Estado dejar aparte su orgullo y reconocer su error.
En una
democracia teóricamente representativa como la nuestra, la división de poderes
entre el legislativo, el ejecutivo y el judicial es fundamental. Desde
Montesquieu, el equilibrio entre ellos se considera esencial en un Estado de
derecho. Para que este funcione, aquellos deben contrarrestarse mutuamente.
Soledad Perera, como ciudadana y no súbdita, tiene
derecho a que así sea. Y más en este carnaval, en el que la Consejería de Bienestar
Social se ha quitado definitivamente la máscara…