DESDE BÉLGICA
Tindaya, solitaria y
seductora
Victoria
Dorta
Allí, a un lado del
paisaje, solitaria y seductora, la montaña sagrada de los majos parecía
escuchar embelesada el susurro de la brisa majorera. Un azul de intenso
resplandor envolvía aquel preciso momento el bello escenario natural donde Tindaya, orgullosa, defendía su historia milenaria.
Instantes después, y como por arte de magia, un montón de pequeñas nubes
blancas acudieron presurosas hasta la diosa pétrea para, unidas, formar una
corona perfecta y maravillosa en lo alto de su cima. Hasta el mar se arrodilló
ese día bajo un sol de justicia para mirarla de frente; y le habló, le habló
entre olas y suspiros de arena, como lo viene haciendo desde que la viera nacer
de lo más profundo de sus entrañas. El cielo parecía entusiasmado con los
cantos del alisio en la llanura seca, sí, pero a la vez llena de vida. Él
también era testigo del momento y, por eso, la envolvió con un abrazo
imaginario, como si con ello quisiera consolar a la montaña mágica en su
incierto destino.
Le quieren vaciar el
alma, dijo la brisa. Quieren dejarla sin su espíritu ancestral, comentó el mar.
Mirando fijamente al horizonte con ojos de esperanza y convencida, Tindaya respondió serena: ¡yo solo quiero ser yo!
Tindaya era la montaña sagrada de los primeros pobladores de
Fuerteventura, los majos. Dicho monumento natural se levanta lleno de magia
sobre una llanura al noroeste de la isla, en el municipio de La Oliva para ser
más concretos. Sus más de cuatrocientos metros de altura, así como su
orientación, ubicación, mitos, leyendas, sus endemismos canarios y los propios
de la isla majorera, la convierten en un símbolo cultural y, al mismo tiempo,
en un refugio de vida. La montaña de las brujas, como se la conoce popularmente
hablando, es Punto de Interés Geológico, Monumento Natural y Bien de Interés
Cultural. En sus laderas y cima fueron descubiertos, en su momento, multitud de
grabados con forma de pies o podomorfos. Tindaya, por sí misma, es un auténtico monumento natural
digno de ser conservado para nuestras futuras generaciones.
Fuente: Periódico El Día, 30-01-2011