ARTEASUDEM IBARADEN


 
LA TERRIBLE Y ALARGADA SOMBRA FRANQUISTA

 
 

LA TERRIBLE Y ALARGADA SOMBRA FRANQUISTA PLANEA AÚN SOBRE LAS OSCURANTISTAS Y PERVERSAS CONCIENCIAS DE LA DERECHA IDEOLÓGICA. Planea no solo sobre la aldea de San Nicolás de Tolentino, en Canarias, en el oeste del Continente africano (tan solo 100 kilómetros nos separan de donde, según apuntan todos los estudios, son originarios løs primerøs canariøs), en una de sus últimas colonias africanas conquistadas a partir del siglo XV por las potencias europeas que aún hoy, después de más de medio siglo, siguen reivindicando sus derechos, sin caérseles la cara de vergüenza, cuando hasta el erudito Pi y Margall (nada sospechoso de díscolo o de irreflexivo) nos recuerda una máxima que se podría aplicar a cualquier colonia que aún hoy, en el siglo XXI, siga bajo el poder de otro estado... "La propiedad de los territorios conquistados no se adquiere ni aún con la prescripción de los siglos" (Pi y Margall)

 
“...presente aún hoy en muchas ignorantadas y temerosas conciencias en La Aldea, en La Aldea de nuestros primeros amores, la de los últimos dolores,  ArteVirgo, en el oeste grancanario, en el Archipiélago Canario. A cien kilómetros del Continente Africano, a mil de Europa, a un paso de América... y ahora vislumbrando Asia... y a lo lejos se oye cantar... yo maldigo mi suerte... no necesito silencio... allá junto al Roque... ni pa´un asadero... y aquí en la vieja clínica... o al lado del cine... se escucha... cambalache... siglo XXI... problemático y febril... nunca pidas una ayuda, ni una mano, ni un favor... y Violeta dándole gracias a la vida... y recordándonos que muchos van de blanco y diosmelibre por dentro... da pena… mucha pena... pero también da asco... mucho asco... al final se oye a alguien murmurando.... no, amigo, no, que no hay mal que cien años dure... y otra voz le sigue.... ni cuerpo que lo resista... (se baja el telón y se oyen unas risas sarcásticas... irónicas... esperpénticas… pero nadie aplaude la función... se levantan todøs en un silencio sepulcral, con la cabeza hacia el suelo... SU INMENSA COBARDÍA LES IMPIDE MIRAR DE FRENTE Y FIJO  A LOS OJOS DEL AUTOR QUE, DESDE UN LADO DE LA PUERTA DE SALIDA, LOS VE PASAR CABIZBAJOS, SILENCIOSOS, AVERGONZADOS....”.

                     
Por Liberto*


 
  Siempre se ha oído que cualquier suceso, hecho, acontecimiento, eventualidad o coyuntura, suele  provocar una serie de consecuencias, predecibles unas, otras imprevisibles, e incluso muchas llegan a ser inocuas.

 
  El caso concreto que hoy me ocupa y  preocupa es desvelar el hecho cierto de que en nuestro municipio haya pervivido -y perviva aún- la oscurantista, perversa,  mezquina y alargada sombra del franquismo, aún habiendo pasado treinta y tres años de su  patética muerte física...

 
  Su increíble influencia y poder ha sido -y es- tan omnímoda que aún hoy -domingo 30 de noviembre de 2008, y después de la entrada en vigor de la polémica Ley  de la Memoria Histórica, que obliga a retirar de los lugares públicos cualquier referencia, recuerdo o vestigio de aquella Dictadura.


   ¿Por qué ahora? ¿Qué ha ocurrido, para que ahora, 72 años de finalizada la rebelión armada y después de más de tres décadas de la “supuesta desaparición del régimen franquista y la -dicen- modélica transición hacia un régimen democrático (muy `sui géneris´) refrendado  por una Monarquía Parlamentaria”, se apruebe una Ley de la Memoria Histórica?

 
  Las diferentes fuerzas políticas que tienen representación en el consistorio PSOE, PP, NC, CC, se pusieron primero de acuerdo para cambiar el nombre del municipio: de San Nicolás de Tolentino, convinieron en que se llamara La Aldea de San Nicolás; y todavía la calle principal del mismo continúa llamándose General Francisco Franco... la cosa resulta tan extrañamente curiosa que hablando con la gente de la calle, con personas que se autodenominan y presumen de demócratas “de toda la vida”, ven con absoluta normalidad que no se cambie el nombre de la calle, “pues es parte de nuestra historia y nos guste o no ya no podemos hacer nada por cambiarla...” ¡si no quería caldo, tómate dos tazas!!!

 
  Seria necio por mi parte negar lo obvio. Lo que jamás compartiré con “éstøs elementøs tan demócratas elløs, tan progresistas y respetuosos con las ideas de løs demás -según dicen-  es su absoluta aceptación acrítica, o su actitud beligerante con løs que pensamos que este General no debería  gozar del impuesto privilegio de que la calle principal todavía conserve  su nombre, cuando ya no es un asunto de menor o mayor simpatía, sino que existe un Ley que obliga a borrar cualquier huella, vestigio o  recuerdo que nos traiga a la memoria los más de cuarenta años de la cruel, infame y atroz dictadura que soportaron nuestros abuelos y nuestros padres bajo la amenaza de la cárcel, el fusilamiento o el exilio por tan solo tener una opinión diferente a la Establecida”. 
       
  Aunque podría escribir cientos de páginas detallando las  innombrables tropelías, los arbitrarios abusos de poder, las miles de injusticias que tuvieron que soportar, no sólo los habitantes de la España peninsular, sino los habitantes de las entonces conocidas como “Colonias de ultramar”, y de manera especial Las Islas Canarias, permítanme que les relate la historia que sufrió mi abuela paterna, Prudencia Álamo, una vez acabada la guerra “incivil” y el General Franco se autoproclamó Jefe, dueño y señor de “Todas las España y sus colonias de Ultramar”.

***

  Según me contó mi abuela, Prudencia Álamo, una tarde se encontraban reunidas varias amigas alegando sin preocupación alguna de sus cosas y de cómo les iba la vida... así estuvieron algo más de media hora, que cuando se dieron cuenta ya eran seis o siete, las que se vieron hablando tan alegre y distendidamente.
 
  No cabe duda: la cálida brisa del verano, unido a la necesidad visceral que tenemos las personas por compartir con los demás nuestras experiencias y aquella vida de carestía y sufrimiento, de hambre y dolor, de asilamiento y soledad en aquel páramo que era entonces La Aldea y que soportaban de manera singular las mujeres, hicieron que se olvidaran fácilmente de la expresa prohibición establecida por los elementos más reaccionarios del municipio, de no permitir que se reunieran más de tres personas en un mismo sitio a hablar de sus cosas... La mala suerte quiso ese día que uno de los personajes más siniestros de la falange se percatara de aquella espontánea reunión y “observara”, desconfiado y lógicamente sorprendido, la cara de felicidad en los rostros de aquellas aldeanas acostumbradas a ir con la cabeza hacia el suelo, la mirada perdida y el andar cansino....
 
  Muy machito éste con los débiles y las mujeres, con la fusta del caballo en  la mano derecha, las observa de lejos, y comienza a golpearse en la mano izquierda. “Pero bueno, qué se han creído estas inútiles”, se dijo al tiempo que con paso apresurado se dirigió hacia dónde estaba el grupo de mujeres; mientras éstas sin percatarse de la presencia de aquel impresentable, seguían  haciendo todo tipo de aspavientos con las manos, de extraños movimientos con el cuerpo cuando hablaban y riendo a carcajadas limpias y sonoras... “esto es intolerable, pero que coño se han creído estas infelices” continuaba hablando para sí el desgraciado falangista... “pero qué falta de respeto es esta. Se van a enterar quien soy yo, vamos que si se van a enterar...”

 
  Hasta que prácticamente no estuvo junto a ellas, ninguna se percató de su llegada. Sólo cuando grito que qué coño era aquello, que si había ocurrido algo importante en el pueblo y nadie hubiera ido al momento a comunicárselo...Al principio se hizo un silencio que duró apenas el tiempo que mi abuela se acercó hasta donde estaba éste y le dijo mirándole a los ojos que si aquí ya no se podía ni hablar, qué que diablos era esto y que ellas merecían un respeto porque no le estaban haciendo daño a nadie. La que estaba más cerca de mi abuela, con disimulo le tiraba del delantal para que no siguiera hablando, y mi abuela se viró hacia ésta y le soltó: “¡coño, estate quieta tu también! ¿O es qué ahora somos todas delincuentes?”

 
  El desgraciado falangista, aunque no sabía dónde meterse, mandó a que cada una se fuera para su casa y a mi abuela la mandó directamente al cuartelillo. “A ver si así aprende a tenerle un poquito de respeto a la autoridad”. “Usted delante”, le dijo mi abuela; “Aquí se hace lo que yo diga, empiece a caminar antes de que me salga de mis casillas”;

 
  Mi abuela, en silencio, levantó la mano izquierda y se despidió de sus compañeras. “Hasta mejor ver que son señas de volver” y se echó a caminar hacia el cuartelillo.

 
  Cuando llegaron estaba de guardia el cabo Ramírez. “¿qué ocurre don Fernando?”. “Nada, que desde que uno se despista un poco la gente aquí se cree que puede hacer lo que le dé la gana; gracias que estamos nosotros aquí para imponer orden y disciplina...” “¿pero qué ocurrió don Fernando?” “Cuando ya me iba para mi casa, me tropecé con más de diez mujeres en la plazoleta, que si están cinco minutos más organizan una revuelta” “No será para tanto don Fernando”, le dijo el cabo, “yo conozco bien a doña Prudencia y es una señora seria”; “Sí, fíese usted, que la que menos aparenta esa es la más peligrosa” le replicó el desgraciado falangista.
 
   A todas estas mi abuela permanecía erguida, con la cabeza bien alta y con el gesto serio de rabia impotencia mirando fijamente al que hablara. “Lo ve, encima se muestra desafiante con la autoridad. Lo puedo ver en su mirada”. “Abra la celda y déjela a dormir esta noche a ver si se le bajan esos aires que tiene y aprende a respetar a la autoridad y a saber quien es el que manda en este pueblo”, “¿Pero... ? iba a hablar el cabo a favor de mi abuela, que si no había hecho nada que porqué la encerraba. “¡haga lo que le ordeno y punto. ¡Ella duerme esta noche aquí porque lo digo yo!”. “Esta bien señor, así lo haré, disculpe si le he ofendido”.

 
  Esa noche la pasó mi abuela en el calabozo; a la media hora de estar allí llegaron con los ojos enrojecidos de llorar –mi abuela no soltó ni siquiera un suspiro- mi tía Lile y mi padre con algo para cenar,  porque la noticia ya había recorrido  todo el pueblo.

 
  El cabo Ramírez sabiendo que se estaba cometiendo una grave injusticia y no aguantando la tensión que se respiraba cuando llegaron sus hijos, se fue a una habitación donde dormían los guardias que tenían guardia.
 
  A los 15 años de estos hechos, el pobre desgraciado falangista de don Fernando cayó gravemente enfermo. El médico creía que era  tuberculosis, pero no hizo un diagnóstico firme: el único tratamiento que le mandó fue que cada cuatro horas le pusieran una inyección. Y las cosas que tiene la vida, quien mejor ponía las inyecciones en toda la Aldea era, casualmente, mi abuela Prudencia.


  Una noche la mujer del pobre desgraciado falangista, Don Fernando, fue en busca de mi abuela para que le pusiera, por favor, la inyección, porque el médico se había ido al Hoyo a ver a un enfermo. Mi abuela, en silencio, le dijo que se esperara, que iba a coger una rebeca porque la noche estaba fresca. Cuando llegaron a la casa, la mujer llevó a mi abuela hasta la habitación donde estaba acostado don Fernando; una vez allí, aquel le dice a su mujer que los dejara solos que tenía que hablar con mi abuela. Cuando su esposa salió de la habitación el pobre desgraciado falangista empezó a lloriquear como un niño y entre sollozo y sollozo le pedía a mi abuela que por favor, que lo perdonara, que el no era así, que eran aquellos malditos tiempos, que si por él fuera aquí no hubiera pasado nada, que siempre le ha pesado todo lo que hizo. Mi abuela lo escuchaba en silencio pero mirándolo fijamente sin ninguna expresión en el rostro. Cuando terminó de llorar y de sollozar le dijo a mi abuela que si le pondría la inyección, por favor, y que lo perdonara, por dios, por lo que le hizo aquella vez. Mi abuela, cogiendo la jeringuilla y el medicamento le dijo con una voz seca, fría, distante “Yo te pongo la inyección; esta y todas las que necesites, pero perdonarte ni  bajo de la tierra, cabrón”.

 
  Don Fernando que no estaba acostumbrado a que le hablaran esas cosas y en ese tono se quedó traspuesto; mi abuela le puso la inyección y se marchó. Cuando llegó a su casa nadie le preguntó ni habló nada de lo que había pasado en la casa de don Fernando.

 

  Hasta que un día, cuando mi abuela apenas podía caminar, la vi sentada debajo de la gran buganvilla que esta frente a su casa y me senté junto a ella y empezamos a hablar. No sé cómo salió el tema, pero cuando me di cuenta estaba dándole argumentos a favor de la marihuana: más concretamente sobre la planta el cannabis sativa, y que si era una planta que crecía igual que el perejil, el hierba huerto, las pimientas, el orégano, el tomillo, el laurel, el té, el café, la tila, la cola de caballo, y que ésta  era una más, que todo dependía del uso que le diera cada cual, que nada era bueno, ni malo en si mismo, sino que convertimos a las cosas de la naturaleza en buenas o malas para nuestro cuerpo.... que somos las personas que no las utilizamos como se debe...que si uno se bebiera 15 tazas de café seguro que te daba un ataque al corazón, un infarto, o una arritmia...pues lo mismo ocurría con las hojas del cannabis sativa, que si uno abusaba de su consumo era normal que te hiciera daño, pero si tomabas la dosis correcta no te ocurriría nada...me extraño, conociendo el carácter de mi abuela que no me interrumpiera en ningún momento, mientras yo le ofrecía todos aquellos argumentos.

 
  Cuando concluí mi posición, mi defensa seria, firme y rigurosa de los que optan por fumarse unos cuantos canutos de hierba -recuerdo que por esa época ya yo apenas fumaba, porque en vez de sentirme bien, la sensación que sentía era de ahogo, de caos total y absoluto, de una aceleración desmedida de mis neuronas que me provocaban un malestar general...aunque me seguía encantando el olor y todo el rito que conllevaba el vernos para hablar, escuchar buena música y fumarnos unos cuantos canutos...

 
  Fue entonces cuando ella me contó la historia del pobre y desgraciado falangista Ramírez. Y de porqué hacía más de 30 años que no pisaba una iglesia... Lo que nunca comprenderé es porqué todos los curas que eran destinados a La Aldea, más pronto que tarde, siempre terminaban comiendo, por lo menos una vez a la semana en casa de mi abuela... Recuerdo una anécdota de la que fui testigo: acababan de almorzar un suculento potaje de berros con gofio por arriba y queso de chó Faracá, y mientras esperaban que saliera el café, don Manuel, que así se llamaba uno de los últimos curas que llegó a conocer a mi abuela, entre veras y bromas le dijo que porqué no intentaba ir una tarde de estas a ver qué sentía... más bien por ver... y mi abuela que se los gastaba, sin pensárselo va y le dice: “¡Cójeme el conejo Manuel!”. Ante aquella contundente e inequívoca contestación me salió una suerte carcajada que reprimí enseguida. 


***

  De La Aldea siempre se ha dicho que es “una isla dentro de otra isla”, y me atrevo a afirmar, que si por un lado este aislamiento ha servido para frenar los aspectos más negativos de un desarrollismo turístico depredador, por otro ha ayudado a que haya sido -y lo sea aún en muchos aspectos- un importante reducto del más reaccionario e involucionista pensamiento franquista más impresentable: donde los principios fundamentales del  alzamiento nacional DIOS, PATRIA Y FAMILIA han estado preservadas por el que fue su alcalde -y dueño y señor de haciendas y vidas durante más de 25 años -Celestino Suárez Espino, por la gracia divina, y por el voto humano manipulado, chantajeado, intimidado...

 
  Y es que 40 años de opresión, de sometimiento, de férreo control de los modos y maneras de ser, de sentir, de pensar e interpretar el mundo impuesto a sangre y fuego no se olvida fácilmente... y aún más sangrante, si a los cuarenta años, le sumamos los casi 30 años que estuvo en el poder el alcalde Celestino Suárez Espino, heredero directo de los últimos reductos franquistas que han pervivido más allá de la muerte física del dictador, en este malogrado municipio dónde hubo una época  que creímos  que vivíamos en el mejor lugar del mundo; “dónde fuimos capaces de imaginar la felicidad, dónde creíamos estar construyendo un espacio común, libertario, ideal  y sentíamos que nada ni nadie podría acabar con este mágico sueño que nos embargaba pletóricos  de un inefable y maravilloso anhelo vivificante, vivificador”.

 
  Ahora comprendo las sabias palabras que me suele repetir el querido amigo Víctor Ramírez  de que “løs esclavøs suele odiar más a su igual, que es consciente de su sometida condición y lucha por liberarse, que al amo que løs humilla y løs mantiene oprimidøs”.

 
  O también, que una de las desgracias más humillantes de nuestrøs compatriotas es que, aún sabiendo que løs están meando, un día sí y otro también, te dicen que no, que tu estas equivocado, que lo que ocurre es que está lloviendo un poco nada más, y que pronto, muy pronto escampará, y sino ponte debajo para que lo compruebes tu mismo y verás que es agua, aunque ligeramente amarilla, eso sí que no te lo voy a negar, pero que es  debido a la calima, lo que nos está cayendo... siempre suele ocurrir a la misma hora y como te dije escampa más pronto que tarde, lo que sí que me extraña es que cuando deja de llover parecen oírse como gente que se ríe, pero siempre hemos pensado que serán los hijos de don Luis que pasan corriendo a coger la guagua que los lleva al colegio...

 
  Y lo más jodido de todo es que qué coño les vas a decir para convencerlos de que aquello no es agua, que lo que les está cayendo son orines de los “señoritos” (por lo visto el último entretenimiento de løs niñatøs andaluces importado este mismo año con el que se divertían al amanecer... mientras løs jornalerøs se dirigían a trabajar, a uno de aquellos se le ocurrió esta nueva humillación debido al aburrimiento que a esas horas løs embargaba a todøs después de una noche de “putos y flautas”... perdón, de “pitos y putas” no nombre... de “pitos y flautas”... eso coño, de “de putos y putas...”).


***


  Francisco Suárez Moreno, profesor, historiador y cronista oficial de este municipio del oeste de grancanaria escribió en uno de sus libros más importantes y conocidos “El Pleito de La Aldea. 300 años por la lucha de la propiedad de la tierra y el agua”, tres de las claves que nos ayudan a comprender porqué y cómo ha evolucionado este municipio desde ese año de 1927: la primera es que la solución que ofreció el ministro de Gracia y Justicia Galo Ponte en 1927, cuando viajó hasta este pueblo para encontrar una salida al problema que venía arrastrando éste durante tantos años, en el fondo no sirvió de mucho para mejorar la vida de la mayoría de løs aldeanøs ya que, al final la mayoría de las tierras repartidas entre todos los colonos, poco a poco se vieron obligados a venderlas a los grandes propietarios y volvieron a seguir dependiendo de los caciques de siempre; La segunda clave que nos ofrece para comprender un poco más la evolución de este pueblo después del franquismo y la llegada de la democracia, nos las desvela cuando afirma tajante que aquí cambiaron pocas cosas porque, el poder político quedó ligado a los grandes propietarios, dueños de la tierra y del agua y de los valores más conservadores y más reaccionarios; y en tercer lugar, si a principios del siglo XX eran los medios de producción los que estaban en manos fuereñas, hoy día son los medios de decisión los que están más allá de nuestras fronteras.

 
  Todos los anteriores aspectos han sido -y lo son aún hoy- los auténticos responsables de que nuestro municipio sea uno de los que presenten unos auténticos problemas estructurales, tanto colectivos, como individuales, en todos los aspectos, pero sobre todo, políticos, sociales, educativos, culturales, económicos... que no tienen fácil solución, ni a medio ni a corto plazo...

 
  Y como suele decir el refrán, para prueba un botón: La Aldea es de los pocos municipios que aún su calle principal se llama todavía Francisco Franco; dónde por simplemente tener un criterio propio te hacen la vida imposible....
 
  Ayer, mientras veía el especial que Antena 3 emitía sobre los últimos días del dictador entendí lo que ocurre realmente en La Aldea: que todos saben la vida de todos, que todos tienen algo que ocultar; que nadie se mueve, ni opina, ni se expresa libremente por temor a løs políticøs de turno y por la escasa, por no decir nula, educación democrática.

 
  Para vivir en La Aldea tienes que ser sumiso, obediente y decir que todo funciona perfectamente; sino actúas así te buscas el odio de la inmensa mayoría de løs aldeanøs, sean de centro, de derechas, de izquierda o se declaren apolíticos.

 
  A tanto llega su “ombliguismo pueblerino” que la canción más popular dice “soy aldeano señor, /yo no lo niego, no, no/ soy aldeano por lo lejano a la capital.../ “.

 
  La Aldea es un pueblo donde el 98% de sus habitantes son analfabetos funcionales que viven para trabajar... y dónde son pocas las personas que te respetan sinceramente, porque sino trabajas en los tomateros o en la construcción eres menos hombre... porque si trabajas sentado no eres un hombre de verdad.... donde la envidia, los celos, son el pan nuestro de cada día...

 
  La desgracia de “sobrevivir” en un pueblo donde ni hacen ni dejan hacer... puede llegar a ser tan brutal sino estás curtido en cientos de batallas, o te hayas restregado el corazón con una seca ahulaga....

 
  Aquí son odiadøs løs que nos preocupamos por saber algo más, por compartir lo poco o mucho que hemos tenido la suerte de aprender, por no querer  ser más que nadie, pero tampoco menos, por querer levantarte y caminar con la cabeza bien alta, por rebelarte contra las injusticias, los abusos, los atropellos...

 
  Pero son bien mirados los que se han hecho ricos sin dar golpe, los que han llegado al poder político aunque sean unos completos energúmenos analfabetos funcionales, los que te humillan, te someten te oprimen... son tratados de “don” y a los que no nos hemos querido aprovechar de nuestro conocimiento para enriquecernos nos tratan peor que a los perros callejeros: se ríen en tu cara, te vacilan y te dicen que eres un estúpido idiota... simplemente por no ambicionar riquezas, lujos, coches caros... te dicen idiota por haber estudiado y no aprovechar tus conocimientos para tener un sueldo de ministro, seducir a la mujer más deseada de La Aldea, comprarte una gran casa con piscina adónde llevar a los poderoso los fines de semana de asadero y no relacionarte con el pueblo, que ya sabes, nunca agradece y siempre está con el que gana las elecciones, y aunque no lo piense, te dice que que bien lo está haciendo, La Aldea con usted es otra cosa, mucho antes tenía que haber salido de alcalde...Ya era hora que le dieran una oportunidad a usted... Ojalá sigan votándolo hasta que se jubile... El otro ya había perdido las ilusiones... pero si hasta usted es más guapo y todo... la verdad que no me explico cómo no lo votaron antes....

 
ARTEVIRGO. LA ALDEA. CANARIAS. 2008.