DESDE ESTA ORILLA DEL GUINIGUADA
TABACO, ¿SALUD O NEGOCIO?
Félix Martín Arencibia
Doramas Martín
contempla desde su balcón en las medianías, con cierto deleite y a la vez con
algo de melancolía, como la lluvia calma la ansiedad de la tierra reseca de
nuestras islas. Entretanto le va viniendo a la mente las polémicas sobre la
nueva ley antitabaco. En los medios de comunicación se expresa el malestar de
los fumadores y sobre todo de los empresarios de hostelería y restauración,
sobre las pérdidas que se presume va a ocasionar esta ley. Amenazan incluso con
un cierre patronal, a Martín ello le resulta un puro dislate. Todo parece que se
reduce al puro negocio y la salud de no fumadores y fumadores no cuenta para
nada. Piensa Doramas
que esto es algo serio. Las pequeñas y medianas empresas sí han sido afectadas
por esta “crisis” provocada por la especulación financiera de las grandes multinacionales.
Contra ellos quizás sí haga falta un cierre patronal y una huelga general, no
con asuntos que afectan a nuestra salud, como es caso del tabaquismo.
El nivel de riesgo para un fumador pasivo
es alto, de 20% a un 30% de contraer un cáncer de pulmón. De desarrollar
enfermedades de corazón entre un 25% a 30%. Además el peligro de contraer
cualquiera de las enfermedades relacionadas con el tabaco está en unos
porcentajes entre el 50% y 60%. Aquí los empresarios han de poner el problema
de sus negocios por debajo del derecho sagrado a la salud. Se ponen en peligro
además a los niños y jóvenes que cada vez se incorporan antes a tan pernicioso
hábito. Nos preocupamos por las otras drogas, pero no hay que olvidar las del
tabaco y el alcohol. Aumenta con mucha
aceleración la adquisición del hábito en las mujeres y sus posteriores
consecuencias en forma de enfermedades graves. Este es otro asunto que también
nos debería preocupar.
Es bastante trascendente todo esto, se
repite Doramas Martín. El tabaquismo es la primera
causa de invalidez y muerte prematura en el mundo. Las cifras son concluyentes:
al año mueren en España a consecuencia del tabaquismo unas 50.000 personas, 1,2
millones en Europa y 4,9 millones en el planeta. Todos saben que esto no son simples
números, cada vez conocemos a más familiares, amigos y vecinos afectados por
esta plaga. ¡Qué más da, todos tenemos que morir alguna vez!, pensarán algunos.
Cada uno debería elegir la enfermedad o la muerte que y cuando quisiéramos. En
esto estamos muchos de acuerdo, pero no tenemos derecho a ser tan
irresponsables como para que podamos afectar gravemente a la salud de nuestros
semejantes. Algo parecido ocurre con los accidentes de tráfico, por ejemplo, el
que pone en peligro la vida de los demás conduciendo bajo los efectos del
alcohol y de forma riesgosa para la integridad física de los otros. De todas
maneras la mayoría cree Martín que estará de acuerdo en que se prohíban drogas
como la cocaína, la heroína… Podríamos alegar el derecho de cada uno a intoxicarse,
enfermarse o destruirse con lo que quiera, pero en este aspecto no se oye tanta
contestación.
Por otro lado están los gobiernos y otras
administraciones que permiten que se cultive, distribuya y se negocie con el
tabaco. Ello le obliga a velar por la salud de los ciudadanos, a evitar la
proliferación del tabaquismo y proteger sobre todo a los niños y jóvenes.
También ayudar a los que quieran dejar el cigarro con programas de
deshabituación, existen bastantes personas que quieren dejarlo pero necesitan
un apoyo externo. Realizar campañas intensas en los medios de comunicación para
informar a los ciudadanos, esto es básico, hacerlo de una forma veraz e
insistente. Además y sobre todo debería intentar controlar a esos grandes
intereses de las tabaqueras poniéndole límites a sus formas de introducirse
entre jóvenes y adultos por los medios más diversos, entre ellos las
competiciones deportivas.
Sigue lloviendo mansamente sobre la piel
verde de nuestro Archipiélago. Ello relaja y da paz interior al maduro Doramas Martín. Nos deja con estos versos del libro Verdades verdes desde el palmeral del Satautey: “La mañana despierta / despacito, ligera, /
dejándose envolver / por la luz / que se
agiganta…”.