TIBURONES DEL LIBRE MERCADO
J. Luis Real Baltar *
Vaya por delante mi desconocimiento,
similar al que tiene la mayoría de la población, de gran parte del lenguaje y
entresijos del llamado, por los economistas, mercado o libre mercado, así como
de muchas de las cuestiones referidas al sistema bancario. Ello no implica que
por dicho desconocimiento se deba permanecer en silencio y no podamos hablar y
opinar sobre el tema, más bien todo lo contrario por cuanto somos los mayores
afectados (trabajadores en activo y en paro) por la situación actual, así como
parte contribuyente, interesada, pero no consultada, en lo que se ha venido a
llamar “ayuda” al sistema bancario por parte de gobiernos como el español.
Lo cierto es
que ya se veía venir. Creer que
No se
entiende que bancos y cajas, por hablar de entes financieros que todos más o
menos identificamos, hace unos pocos meses presentaran balances que mostraban
elevados beneficios y ahora, de golpe y porrazo, todo ha desaparecido y el
Estado ha de intervenir para evitar que se entre en una dinámica de quiebras
que pudiera suponer la caída de todo el sistema.
Además, la
intervención del Estado está claramente dirigida por la propia Banca, que es la
que ha dicho a donde ha de ir ese dinero que tal fácilmente les ha entregado el
Gobierno, y cuyo destino es el de taponar las posibles “pérdidas”, resaltando
lo de pérdidas bien entrecomillado, generadas por aquellas inversiones
especulativas de mayor riesgo, sin que se pida ningún tipo de responsabilidades
a quienes ordenaron dichas inversiones, y que bien seguro siguen
confortablemente asentados en sus puestos directivos con salarios de cuento de
Alí Babá.
Por último,
la gran Banca quiere también que el Estado no nacionalice, tema tabú en la
economía de libre mercado, sino que intervenga aquellas entidades menores con
el objetivo de sanearlas con dinero público y que sean más fácilmente
digeribles por los grandes tiburones que llevan la voz cantante en el oscuro y
profundo océano de la economía, representados aquí por dos bancos con nombres
de ciudades cantábricas.
A modo de
conclusión se puede decir que, con toda la cara del mundo, lo que vienen a
exigir es que les hagamos más ricos para que nosotros sigamos intentando
sobrevivir, pero con tranquilidad. La tranquilidad que nos da saber que aquel
banco al que le debemos dinero sigue ahí exigiendo que se lo devolvamos aunque
ya lo hayamos hecho una y mil veces vía “ayuda” del Estado. O la tranquilidad
que nos da saber que si necesitamos un préstamo ese mismo u otro banco nos lo negará
a pesar de que nosotros, también vía “ayuda” del Estado se lo hemos prestado
sin apenas unas pocas voces manifestándose en contra de ello.
No sé a
ustedes, pero a mí más tranquilidad me daría la redistribución y reparto de la
riqueza que no este proceso acumulativo de la misma en esas u otras manos, por
muy de “libre” mercado que sean.
* S. de
acción sindical y social. SOV-CNT Tenerife