Las tierras raras
Juan Jesús Bermúdez
Varios acontecimientos han precipitado en
los países desarrollados el estudio de las reservas de los recursos minerales
disponibles en el Planeta en las próximas décadas, para el desarrollo socioeconómico
y de los nuevos sectores tecnológicos. Multinacionales y entidades públicas
–singularmente la administración estadounidense y la Comisión Europea– han generado informes que han venido a responder a
fenómenos como la subida de los precios de los principales minerales, tanto
metálicos como no, hasta el año 2008, o la reciente advertencia de China de
restringir o eliminar la exportación de las llamadas “tierras raras”, con el
argumento de que las precisa para su desarrollo industrial propio, dándose la
circunstancias de que este país provee hoy al Mundo del 95% de los mismos,
usándose hoy de forma importante para sectores como las comunicaciones,
baterías recargables, energías solar y eólica, nanotecnología, células de
combustible o los coches híbridos, éstos últimos considerados como uno de los
objetos tecnológicos con mayor uso de elementos raros.
Geólogos como Vince Matthew, del Servicio
geológico de Colorado, el francés Jean Lahèrrere, o
el químico italiano Ugo Bardi,
de la Universidad de Florencia, junto a muchos otros, han abordado una
preliminar y ambiciosa evaluación contemporánea de algunos de estos recursos a
nivel global, avanzando significativos resultados sobre nuestra capacidad de
remoción de la corteza terrestre para procurar el aprovechamiento de los
mismos. Estos y otros estudiosos han advertido que, no sólo aquellos
considerados ya naturalmente como escasos por su composición geoquímica, sino
otros relativamente más abundantes, están enfrentando incrementos de su uso
imposibles de mantener a medio plazo, y menos aún de generalizar en un
hipotético escenario de menores desequilibrios mundiales: así ocurre con los
minerales de Zinc, platino, cobre, oro, uranio e inclusive otros elementos como
el fósforo, tan elementales para la agricultura moderna. Se han modelizado las tasas de extracción de estos y otros
recursos, así como evaluado las principales reservas existentes. Como ocurre
con otros recursos, aunque la vasta Tierra ofrece aún lugares por explorar
sistemáticamente -léase las zonas vírgenes de África o América del Sur-, lo que
no es ajeno a importantes impactos socioambientales
que ya presenciamos-, y el aprovechamiento de cada recursos es cada vez mayor
por unidad de extracción minera, se observa claramente que los esfuerzos para
obtener un gramo de tal o cual mineral son progresivamente mayores, al
disminuir la concentración de las vetas que se obtienen en los yacimientos, y
tener que profundizar más en la búsqueda de las mismas. Se suele poner como
ejemplo el del cobre, que ha pasado de una concentraciones del 25% en los
hallazgos de vetas en el año
Resulta curioso que muchos de esos
elementos no tan abundantes se estén usando hoy en tecnologías de la
comunicación o el entretenimiento con productos de un ciclo de vida útil muy
pequeño, como los teléfonos móviles, pantallas planas, etc. Y que, además,
estén siendo sistemáticamente enterrados en vertederos al cabo de los pocos
meses. El reciclaje de los materiales, probablemente, será norma en el futuro
próximo, así como la búsqueda incesante de combinaciones de elementos que
ofrezcan las prestaciones que hoy tienen algunos de esos materiales,
destacables por su resistencia a altas temperaturas, alta conductividad,
características magnéticas, etc. Por otro lado, parece inevitable el
resurgimiento del “nacionalismo mineral” para controlar el procesamiento de
estos recursos, que hoy ya son vitales para el funcionamiento de las economías
industriales, lo que puede causar episodios de disrupción en el suministro y
afección determinante a procesos económicos, hoy inimaginables.
También, probablemente, los precios de
estos materiales vuelvan a resurgir en un futuro de recuperación económica. El
mundo de la inversión financiera está repleto de anhelantes ejecutivos a la
búsqueda de inversiones rentables, en forma de yacimientos de recursos
naturales, una vez puesta en cuestión la inversión en fondos de “dinero
virtual” o inmobiliario, y cuando ya se tiene la creciente y generalizada
percepción de que la multiplicación del consumo demandará también más uso de
recursos minerales, lo que condicionará la selección de sus beneficiarios a
través del precio.