Tinguaro
José
A. Infante Burgos
Tinguaro (o Chimechia, según otras
fuentes) es el nombre propio con el que los historiadores plasman en la
historia al estratega o comandante -ese cargo no existía, por supuesto- del ejército
guanche en todas las refriegas defensivas organizadas a raíz de la llegada, con
ánimo de conquista, de los extranjeros. Hermano (o hermanastro) de Bencomo -hombre noble y mayor, al que las crónicas escritas
recogen palabras sabias dentro del valor de situarse en primera línea de
combate-, líder del poderoso Menceyato de Taoro y de la resistencia aborigen ante la conquista de
Tenerife por parte de la Corona de Castilla, Tinguaro
venía a ser su general, siempre teniendo en cuenta que la economía de los
antiguos pobladores era pastoril, de agricultura de subsistencia y su cultura,
aún siendo muy antigua, prácticamente se situaba en la edad de piedra. Existía
por eso un marcado orden social y es probable que cada uno de los menceyatos contara con un número determinado de guerreros
únicamente dedicados a ejecutar las directrices del Mencey
o de los tagoror para el reparto de justicia, el
orden y el equilibrio de fuerzas con los problemas que podía representar la
trashumancia del ganado.
Tinguaro es un personaje que raya en la leyenda y acerca del
cual muchos historiadores aún sostienen versiones contrapuestas.
Aparece en el primer
enfrentamiento con las tropas castellanas (primera batalla de Acentejo, en mayo de 1494), que vino a producirse en el
municipio después conocido por La Matanza, parece que en el fondo del barranco
del mismo nombre, en el punto por donde hoy discurre el Camino de Santo
Domingo, y a la que llegaron los españoles apoyándose en alianzas con los ya
parcialmente cristianizados de Candelaria, Güímar y
otras islas. Está táctica de división interior se aplica generalizadamente por
todas las potencias europeas en su trato de imposición sobre otros pueblos
menos acostumbrados (aztecas, incas, indios, maoríes?)
a tan desleales manipulaciones y engaños. El ejército castellano, unos 1.200
efectivos más otros tantos acoplados, llevaban consigo todo el ganado que
habían ido recogiendo en su marcha desde el real situado en lo que hoy es Santa
Cruz, lugar desde donde había partido la incursión.
Al parecer, es Tinguaro quien les espera agazapado, con sólo los 300
guerreros de Taoro, en los altos del barranco y quien
con su brutal arremetida anunciada con silbos y piedras desorganiza totalmente
a las huestes castellanas, impedidas de una defensa efectiva, siendo finalmente
atropelladas ya por el grueso de los pobladores que defendían la tierra del
invasor.
Tiempo después, en
1496, esta vez de frente y sin emboscada, Tinguaro
vuelve a formar al lado de Bencomo, enfrentado a las
tropas de Lugo en la batalla de Aguere o de La
Laguna.
El campo que cubría el
ejército guanche abarcaba desde donde hoy está edificada la ermita de San
Cristóbal de La Laguna hasta la Cruz de Piedra. El centro estaba mandado por Bencomo, el ala derecha por Acaymo,
rey de Tacoronte, y el ala izquierda por el mismo Tinguaro. La batalla debió celebrarse en el llano que hoy
ocupa el llamado barrio del Timple, Barrio Nuevo o Viña Nava y la urbanización
de La Verdellada.
La vanguardia
española, constituida por arcabuceros y ballesteros, desordenó las filas guanches, y después entraron en acción los piqueros y
caballeros. El ala izquierda de Tinguaro fue
arrollada por la caballería.
Ya herido, continuó
defendiéndose en la falda del cerro que sube desde el llano a los altos de La
Laguna, acosado por soldados a caballo. Ascendía con rapidez, pero en lo alto
del repecho y del otro lado surge un tal Martín Buendía, soldado de infantería
que con la pica en alto se dirige al encuentro del príncipe guanche. Tinguaro, malherido y débil por la sangre que perdía, le
habla en su idioma, pero el castellano no atiende a razones y le atraviesa con
la pica. Este suceso se superpone en algunos historiadores con el de la muerte,
un par de horas más tarde, del propio Bencomo y
además entra en conflicto con lo narrado por algún historiador, según el cual Tinguaro muere en Taoro a los dos
días de la batalla, a consecuencia de sus heridas. Igualmente se pone en duda
el nombre de su matador, e incluso que fuera castellano, adjudicando algunos
historiadores a Buendía la muerte de Bencomo, y no la
de Tinguaro.
Los Sabandeños le han cantado.