TOP-LESS

 

Luis Ortega

Pregunté si lo que había oído era cierto porque, quien la sufre en este puñetero invierno, sabe que la gripe recurrente lleva al disparate y al delirio. Oí bien: en el espacio matinal de mayor audiencia, conducido por una matriarca que salta de la política a la casquería, se contaron fórmulas propuestas en La Palma para salir de la crisis con negocios e iniciativas tales como la venta de arte falsificado y, sobre todo,  con la limpieza de los parabrisas de los turismos -no hablaron de guaguas y camiones- a cargo de muchachas en top-less. Repuestos del susto y con el eco de la protesta de la diputada Mercedes Coello, supimos que la idea no partía de un orate o un bromista antisistema; procedían de un órgano dependiente y pagado por el Cabildo.

Según su programa fundacional, Sodepal “cubre un espacio tan necesario como inédito: el desarrollo y la promoción económica estratégica y coordinada de todos los sectores económicos, empresariales y productivos. Tiene,  por tanto, un perfil multifuncional promoviendo y potenciando actividades económicas y empresariales de carácter estratégico, labores de investigación de mercados, lanzamiento de productos, facilitar la logística de transporte y conectividad, asesoramiento a empresas en todas las materias y tipologías; en definitiva, todas aquellas acciones encaminadas a la creación de empleo, dinamización y potenciación de la economía de La Palma y el bienestar de los palmeros”. Según parece, estas ideas estrambóticas formaban parte de un programa de la consultora AQ Professional Learning SL (en tiempos de crisis, agosto de discretos, como escribió en la posguerra el inolvidable Acosta Guión) que compraron a la vez las cámaras de comercio de las concapitales canarias. Resulta, cuando menos lamentable, que en la estructura de la famosa Sodepal que además de los cargos directivos tiene una larga nómina de delegados (suponemos que cualificados técnicos y especialistas en todas las áreas imaginables), ni una sola persona reparara en la mamarrachada publicada y que ha colocado a La Palma en la cumbre de la coña nacional. Una aclaración rápida, un inventario real de sus actuaciones y una documentada inversión de los fondos públicos que ha manejado en los cuatro años de funcionamiento servirían para paliar, aunque fuera de levemente, el terrible e innecesario daño para una institución que nos representa a todos y a la que debemos exigir la mayor seriedad en la crisis que vivimos.