Total desacuerdo

 

Juan Manuel García Ramos

 

Al tiempo que leo que el nuevo enviado especial del secretario general de la ONU para el Sahara Occidental, el estadounidense Chistopher Ross, acaba de levantar su primer acta para describir la situación de la zona y de anotar el total desacuerdo existente entre las autoridades marroquíes y el Frente Polisario, recibo un mail de mi vieja y admirada amiga Salka Embarek donde me da cuenta del secuestro y violación de una joven menor de edad en El Aaiun a manos de un grupo de policías marroquíes.


Se trata de Hayat Erguibi, una alumna del colegio Aaiun 3, de dieciséis años, que un día de esta semana fue detenida por una patrulla de policías marroquíes cuando salía de su casa en dirección a un centro de estudios situado en el barrio de Maatala donde recibe clases particulares.


Según el testimonio de Hayat, la policía la interceptó en la avenida Kods, le puso las esposas, le tapó la cara con una tela muy sucia y la introdujo en una furgoneta hacia un lugar desconocido. Hasta allí acudieron ciertos jefes policiales que la interrogaron sobre las banderas del Frente Polisario que se reparten en algunos barrios de El Aaiun y por las pintadas realizadas en algunos muros de los colegios de esa población.


Al no reconocer Hayat las acusaciones que le formulaban, la desnudaron totalmente y procedieron a todo tipo de tocamientos sexuales hasta violarla analmente con una porra. Tras su liberación, Hayat fue amenazada con ser ultrajada de nuevo y de manera más agresiva si daba conocimiento de lo ocurrido a cualquier persona u ONG.


Según me comenta mi querida amiga Salka, las violaciones de los derechos humanos son frecuentes en el territorio ocupado del Sahara Occidental, sin que Naciones Unidas vele por la seguridad de la población saharaui que habita esa zona.


En el testimonio de la niña Hayat Erguibi se dan nombres y apellidos de los jefes policiales marroquíes protagonistas de su vejación, nombres y apellidos que he omitido aquí aunque puedo facilitarlos en cualquier momento si fuera el caso.


De estas dos noticias, me vuelve a impresionar la distancia entre la alta política y la neta realidad de los hechos, la distancia entre esa declaración oficial del enviado especial del secretario general de la ONU, reconociendo que después de más de treinta y cuatro años las cosas siguen igual entre marroquíes y saharauis, y ese testimonio periférico de una niña inocente humillada por fuerzas de ocupación de su país natal.


Estamos de acuerdo con el enviado especial en que persiste un total desencuentro entre las partes en litigio en el Sahara Occidental, pero Naciones Unidas debe ir más allá de un simple arbitraje jurídico-político y preocuparse por las actuaciones de las tropas marroquíes en las poblaciones saharauis.


La llegada del mesías Obama a la Casa Blanca ha devuelto la ilusión a las desalentadas autoridades saharauis y los periódicos de estos días han reproducido unas declaraciones del presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Mohamed Abdelaziz, en las que reconoce que las cosas podrían encauzarse de acuerdo con los intereses de su pueblo: la consecución de un referéndum sobre el derecho a la autodeterminación.


Al parecer, palabras pronunciadas por el enviado especial, Chistopher Ross, en su visita a los campamentos de Tinduf, y actuaciones del consejero político de la Embajada de Estados Unidos en Rabat, Craig Karp, que lo han llevado a reunirse con saharauis que han denunciado atropellos, como los de Hayat Erguibi, por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes, han despertado el espíritu de lucha y sacrificio tanto de los saharahuis que viven en los territorios ocupados como de los que apenas sobreviven en los campamentos del suroeste de Argelia. Esos saharauis han valorado estos días la actitud estadounidense en pro de sus derechos y la han comparado con la desidia de las autoridades diplomáticas españolas en la zona.


No sólo de las autoridades españolas: el trece de octubre de 2008, la reunión de ministros de la Unión Europea ofreció un estatuto de asociación a Marruecos -una aspiración de los tiempos de Hassan II, quien ya en 1984 había formulado una solicitud de adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea-, sin que haya trascendido hasta esta fecha que esos cancilleres de la UE invocaran en sus acuerdos de 2008 la situación que atraviesa el Sahara Occidental a manos de los ocupantes marroquíes.


Ese nuevo estatuto de asociación ofrecido por la UE en octubre pasado había tenido un padrino en el seno de las deliberaciones comunitarias: José Luis Rodríguez Zapatero, quien en su primera visita a Marruecos en abril de 2004 ya había prometido a Mohamed VI tal apoyo.


No podemos olvidar que cuando Hassan II se dirigió a la Comunidad Económica en 1984 para plantear su solicitud de adhesión, esa Europa le volvió la espalda por los déficits en derechos sociales y políticos que Marruecos presentaba en esos momentos, con continuas movilizaciones en las calles de Rabat y en otros centros urbanos, millares de detenidos y unos cincuenta muertos. Muchos de estos ciudadanos sacrificados por las autoridades marroquíes simplemente se habían opuesto a las tesis oficialistas de la marroquinidad del Sahara Occidental.


¿Ha cambiado ahora esa situación en el Sahara para que la Unión Europea haya modificado sus posiciones con respecto a Marruecos? ¿Cuál ha sido la postura de España en esa reunión de ministros de Asuntos Exteriores del trece de octubre de 2008?


La historia da muchas vueltas, pero parece inaceptable que la misma España que dejó tirados en 1975 a los ciudadanos saharauis con carnet de identidad español y a merced de los afanes anexionistas marroquíes y mauritanos, sea ahora la misma España que recomienda un trato de favor de la UE para con Marruecos, sin poner ni un pero a la situación de maltrato que padecen los antiguos habitantes de la provincia española en África.


En 1975, la venta de los saharauis a marroquíes y mauritanos se achacó a la supervivencia de las viejas estructuras de poder franquista. ¿A qué estructuras de poder político se achacará ahora, en 2009, el desprecio por la suerte de los saharauis que han seguido manteniendo su lucha de liberación nacional? ¿A la progresía del PSOE?


Quizá la corriente de aire Obama y la nueva actitud de sus representantes en el Magreb faciliten a los saharauis las avenidas de solución a un problema con el que los canarios tenemos la obligación de simpatizar.


Como hemos mantenido desde hace mucho tiempo, la suerte que corra el Sahara Occidental ha de servirnos de espejo histórico para saber lo que algún día puede pasarle a nuestro pueblo.


Nunca España se supo ir de sus colonias con la dignidad que no tuvo jamás a la hora de tomarlas por la fuerza. Esa torpeza política y diplomática la pagaron, entre otros, los territorios de la América hispana, Guinea y ahora el Sahara.


Sólo le pedimos al señor Moratinos que dedique al problema del Sahara Occidental la misma sensibilidad que le despierta el problema palestino. El Sahara Occidental es la Palestina de España.