Tradiciones en Daute
(VI)
Vida
en Teno (siglo XIX)
Altakay
Ayt Daute
Antes de la creación de la carretera que une
actualmente Teno Alto con Buenavista del Norte ya había en Teno población, de clara
ascendencia guanche y con sus tradiciones aún vigentes. Pero la vida no era tan
fácil como es actualmente, vida en la que subirse en un coche y comprar lo
necesario (y más, así es la sociedad de consumo) o trasladarse a un hospital es
muy fácil. Nuestros tatarabuelos, bisabuelos y abuelos no tuvieron esa suerte.
En los años veinte del siglo XIX el censo
aproximado en Teno era de cien personas, de la que casi la totalidad vivían
esclavos del sistema caciquil como medianeros. Los medianeros, el proletariado,
que diríamos hoy, labraban la tierra, sembraban y recogían en las tierras del
señor, al que, además de la mitad de la cosecha, se le daba el diezmo (diez por
ciento de lo que les correspondía). Los campesinos debían bajar la parte del
señor a su casa, emplazada en Buenavista del Norte y alrededores, en los lomos
de una mula o burro cuando tenían la suerte de tener un animal de este tipo o a
sus espaldas. Eso siempre y cuando la cosecha fuera propicia, pues si no lo
era, el sistema seguía siendo el mismo, gozando el campesino o de una mínima
parte o de nada absolutamente.
Cuando la cosecha no era la deseada y los
campesinos no tenían alimentos, comían unos tubérculos sacados de una planta
denominada Taragontía o Targontía, de
sabor amargo, que cocinaban, cortaban en rodajas a similitud de una hamburguesa
actual y luego asaban con el fin de disimular el mal sabor. También se
alimentaban de las palas de las tuneras (chumberas) guisadas y de hierbas del
campo cocinadas. Vemos como el sistema caciquil explotaba a la población del
lugar, además del resto de las Islas Canarias.
Otro de los temas de interés de esta
localidad, que se mantuvo hasta hace relativamente poco era el traslado de
enfermos y de difuntos. El escritor e investigador Manuel Lorenzo Perera ya trató este tema en profundidad en su libro,
Estampas etnográficas de Teno Alto, de interés general, un trabajo de
investigación maravilloso.
A los enfermos se les tenía que trasladar de
Teno hasta Buenavista, pero se hacía cuando el enfermo estaba en un grado de
gravedad notable. Lo trasladaban en un catre de viento, una cama plegable al
estilo de las sillas plegables de hoy en día. Se abría el catre y se colocaba
una traviesa de madera para que no se cerrara y se colocaba al enfermo y lo
bajaban por el risco de Teno. Lo trasladaban hasta una casa pequeña en el casco
de Buenavista, propiedad de la gente de Teno, donde le atendía el médico.
Posteriormente volvían a
Teno. Hay que reflejar la precariedad de la medicina en la época, sobre todo si
se era pobre.
En cuanto a los difuntos, eran trasladados
en cajas comunitarias con dos varas debajo, que servían para colocárselas sobre
los hombros. Entre dos vecinos se trasladaba al difunto a Buenavista. A la
altura de Casablanca, esperaban con el ataúd, se introducía al difunto y, si
era la hora de enterrarlo se llevaba al oficio religioso y se le llevaba al
cementerio y si quedaba tiempo se le llevaba a la misma casa donde se atendía a
los enfermos para velarlo hasta la hora del sepelio (es un dato de interés que
aún se conservan estas cajas comunitarias en una cueva en Teno).
Ya a finales del siglo XIX los habitantes de
Teno comenzaron a emigrar a una Cuba en proceso de descolonización, entre
Algunos de estos emigrantes se quedaron en
la isla “haciendo fortuna”, mientras que otros volvieron con el dinero que habían
ganado. Con ese dinero compraron a los caciques tierras, lo que les convirtió
en una burguesía canaria aún incipiente. Tanto se cultivó para la supervivencia
familiar como para vender. Esto ocasionó que quedaran como tierras caciquiles las propiedades del Conde de Sietefuentes,
que legó sus bienes al morir al Obispado de
20 de Febrero del año
2009