TRISTE
ADIOS
AL
ORFEBRE RAFAEL FERNÁNDEZ TRUJILLO
Fidel Campo Sánchez
El
pasado mes de marzo, nos llegó la noticia del fallecimiento, a los 99 años, del
gran orfebre lagunero, don Rafael Fernández Trujillo González. Hombre de
grandes afectos, estaba rodeado siempre en su diminuto taller, de la calle de
Juan de Vera, de admiradores y discípulos, quienes en la convivencia diaria
calibraban el claro talento del maestro, artífice del oro, la plata y otros
metales y piedras preciosas. En sus actividades, tanto didácticas como
artísticas, la fama nunca le hizo claudicar. Tenía su propio concepto de las
personas y de las cosas, colocándose en un plano de técnica del que nunca se
apartó.
Se
trataba de un hombre completo. Este es el mejor elogio, ya que por los caminos
del mundo es fácil encontrar un artista, pero… lo difícil es hallar un hombre
como él. Y esto era don Rafael Trujillo: un magnífico ejemplar humano
enaltecido por un ideal artístico y una facultad creadora única, a quien la
fama le tenía siempre sin cuidado. Es preciso destacar que el nombre y los
apellidos de Rafael Fernández Trujillo, lo llevan su abuelo (1855-1909) y su
padre. Por tanto, aparecen incluidos en la nómina de plateros y orfebres
establecidos en esta nacionalidad, figurando entre los 150 miembros más
destacados del gremio en
Por el taller de don Rafael, pasaron y se repararon
magnificas custodias, cruces procesionales, copones, candelabros, báculos,
vinajeras, aguamaniles, mazas, lámparas, frontales y… participó con su padre en
la restauración de
Reparó
la deteriorada base de plata del Señor de
Don
Rafael en los años noventa estuvo dispuesto y se comprometió a la restauración
por etapas del deteriorado retablo del Cristo. Dicho arreglo no se llevó a cabo
por tener, ¡lamentablemente!, otras preferencias más importantes que resolver
aquellos siete jinetes del apocalipsis y ex esclavos
Mayores. Total, nada.
Reciban
sus hijos, Rafael y Concepción Trujillo García, sus nietos, sus hermanos,
Enrique y Otilia nuestro más sentido pesar por tan sensible pérdida para
Bueno,
don Rafael, hasta pronto, pero no se le ocurra decirle a San Pedro que tiene el
reloj atrasado y menos hablarle de los vinos de Tacoronte.
¡A disfrutar de la resurrección, que es la prenda de la vida eterna! AMÉN.