Tropezamos en la misma piedra
Wladimiro
Rodríguez Berito
En una vuelta por las
medianías de Tenerife, se pone de manifiesto que en el marco legal y el
compromiso social y ambiental hemos aprendido muy poco de aquel 31 de julio de
2007. Ayer [10-07-2009], precisamente,
estuve en el caserío de Redondo, en Icod de los
Vinos, con los vecinos que el 31 de julio mencionado, a las 23,30 horas,
defendieron este caserío de las llamas que entraron desde el Sureste y
estuvieron a punto de crear un desastre en dicha zona.
Hoy, estas líneas
quieren hacer una reflexión porque creemos que estamos a tiempo de corregir y
prevenir para que en este verano no ocurran situaciones similares. Si bien el
marco legal y la ignorancia existente sobre la naturaleza y sus riesgos nos
demuestran que no lo hemos entendido. Hemos de decir una vez más que las fincas
cultivadas antaño o bien ocupadas por pastos y que hoy están cubiertas de
vegetación hay que limpiarlas antes de que llegue el verano, máxime cuando hay
riesgos para la población, como es el caso de más de 20 vecinos que viven en Redondo.
Es decir, hay un riesgo de seguridad para la población y para la conservación
de los montes particulares y de utilidad pública.
Por todo ello, desde
el Cabildo no tenemos capacidad ni legal ni económica para limpiar cada
barranco, cada solar, cada entorno, en definitiva, cada metro de monte y
matorral de esta Isla. Es en este marco en el que las propiedades particulares
deben cargar con los costes de la limpieza, así como las responsabilidades
subsidiarias ante un posible incendio que se origine o se propague en dichas
propiedades. Por ello necesitamos un marco legal que advierta y,
posteriormente, sancione a aquellos propietarios que, como en el presente caso,
tienen sus fincas como aquel fatídico 31 de julio, esto es, abandonadas y sin
limpiar. En aquella situación dramática, cuando el fuego llegó a
Hoy, como bien
plantean los vecinos de Redondo, necesitamos esa labor preventiva que les dé
seguridad a miles de familias que viven en las proximidades del monte o
rodeadas por tierras no cultivadas. Pero es más, en algunos casos los
propietarios de las fincas cubiertas de matorral son sus propios moradores y
tal vez por ignorancia no han hecho la labor de prevención para evitar riesgos
cuando llega la temporada estival.
En el caso que
comentamos de Redondo, el fuego entró al caserío desde el Sureste, es decir, de
espaldas a la carretera que une la colonia de Tovar con dicha localidad, lo
cual nos permitió el abastecimiento de agua y una salida ante el avance del
fuego. Sin embargo, si el fuego hubiera entrado siguiendo esta carretera -del
Noroeste- nos hubiese dejado encerrados al formar dicho caserío un islote entre
tierras de cultivo abandonadas y monte. Eso puede volver a ocurrir hoy en este
caserío y en otros muchos si no se toman medidas de limpieza de masas de
vegetación, o lo que es lo mismo, de combustible, ante el verano que tenemos
delante.
Es por ello por lo que
estas líneas quieren ser de compromiso y meditación para los responsables de
las propiedades y de los municipios en los que en la mayoría de los casos no se
han hecho las labores de prevención que venimos planteando desde el Cabildo de
Tenerife y que han entendido hasta ahora más de 1.600 agricultores en la quema
de rastrojos en colaboración con los equipos de Medio Ambiente de
Por ello, tengo la
obligación de escribir estas líneas dada la responsabilidad y el haber sufrido
como miles de vecinos de la isla de Tenerife aquella dura noche del 31 de julio
al 1 de agosto -una de las peores de mi vida y que nunca olvidaré- en la que
tuvimos mucha suerte y parece que nos hemos olvidado, aunque sólo han pasado
dos años. Qué poca memoria tenemos. No estamos hablando de una leyenda del
Antiguo Testamento, sino de algo que podemos encontrar en el camino y, en
consecuencia, las piedras que tenemos para este duro verano estamos a tiempo de
retirarlas. A eso se llama trabajo de prevención y compromiso compartido entre
todos, puesto que el Cabildo no puede ni dispone de recursos ni capacidad legal
para cuidar cada casa y cada pino de