ÓPTICA MUNDIAL
Un mundo dividido
Jerónimo Carrera
Seguramente
el rasgo que caracteriza de manera más ostensible al conjunto de la humanidad, cuando
entramos en este año final de la primera década del siglo XXI,
es el de una creciente anarquía que se viene extendiendo en el vital campo de
las relaciones internacionales.
Luego de
haberse extinguido el aparentemente sólido statu quo que surgió como
resultado de la II Guerra Mundial, en
1945, cuya expresión en términos del Derecho Internacional fue la creación de
la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la aprobación de modo
unánime -por los vencedores en esa guerra- de su Carta, no ha sido posible
hasta ahora que la comunidad internacional logre crear otra fórmula que le
garantice al menos una nueva etapa de estabilidad.
Si bien se
ha evitado el estallido de otro conflicto mayor, de las proporciones bélicas de
esos dos grandes choques armados que sufrió la humanidad en el siglo XX, brotaron por doquier entonces guerras locales de todo
tipo y en las cuales siempre han estado metidas de un modo u otro las manos de
ciertas grandes potencias. Etapa que recibió la denominación de guerra
fría, como todos sabemos.
Se hablaba falazmente de un mundo bipolar, cuando en realidad ya había
surgido en Bandung, en 1948, un tercer bloque, el de los países no alineados,
tras del cual estaban potencias asiáticas como China, India, Indonesia y
además Egipto y la europea Yugoslavia.
Sin
embargo, todo este cuadro sufrió una tremenda sacudida justo poco antes de
cumplir su medio siglo ese mundo basado en la Carta de la ONU, a
comienzos de los años noventa, cuando por motivos más que nada internos se
desintegró la Unión Soviética y los Estados Unidos comenzaron a dar señales
igualmente de una profunda crisis interna. En ambos casos, desastres
provenientes de una muy alocada y perenne carrera armamentista, ruinosa en
extremo para sus economías.
Pues bien,
ahora vivimos en un mundo plagado de muy graves problemas, y de calamidades
generadas, justamente, por esta nueva fase del prolongado proceso de internacionalización
de la vida económica que habían detectado Marx y Engels, en 1848,
en su genial Manifiesto del Partido Comunista. Una fase que los
plumíferos al servicio de los imperialistas han pretendido bautizar como globalización.
Los
desajustes que ahora se presentan en las economías internas de todos los
países, sin excepción, nos están indicando que hemos pasado a un mundo que
requiere de un esfuerzo conjunto, sin predominio de los más poderosos, para
poder instaurar un nuevo statu quo, basado en el respeto de los
intereses vitales de todos los pueblos. Y esto requiere, naturalmente, de un
nuevo ordenamiento jurídico.
Se ha venido
hablando de unas reformas en la Carta de la ONU, para subir de
rango a ciertas potencias medianas, simplemente. Lo cual nos pondría a los
venezolanos, por ejemplo, bajo la tutela de más bien tres o cuatro “hermanos
mayores”, aliados con el que hemos tenido hasta ahora. Asimismo, nada se
dice sobre la necesidad fundamental que tiene toda la humanidad, sin duda, como
es el la del desarme general y completo, si es que vamos a tener un mundo distinto,
sin guerras de ninguna clase.
Aquí, en
nuestra parte del mundo, desde fuera se nos ha querido dividir en dos grandes
bandos, el de los llamados “chavistas” y el de los “anti-chavistas”, con la intención
aviesa de ponernos a pelear. Al mismo tiempo esas fuerzas funestas pretenden
mantener divididos en bandos opuestos a los pueblos de este continente
americano, y si es posible provocar guerras entre nosotros.
Por lo que
me respecta, sinceramente les deseo a todos y cada uno de los lectores, sin
diferencias políticas o de otra naturaleza, un Feliz Año 2010. Aunque
vivamos en un mundo dividido, dolorosamente, por ahora.
*
Publicado en el semanario La Razón,
N°782, en Caracas, domingo 3 de enero de 2010; el
Diario Provincia de Cumaná y otras publicaciones
que tengan a bien hacerlo.