UN POCO DE DIGNIDAD, SEÑORES POLÍTICOS
Fidel
Campo Sánchez
Cuando se acercan las elecciones, los
partidos políticos que concurren a las mismas desde una posición de gobierno
intentan inaugurar todo lo posible. Una foto en esas circunstancias parece ser
que es un eficaz estilo para engrosar la bolsa de votos. Cuantas más obras sean
y más faraónicas resulten, mejor que mejor.
Los ciudadanos ya asociamos como
consecuencia ineludible al supuesto de una convocatoria electoral los actos inaugurativos. De hecho, en cuántas ocasiones se rumorea
que tal o cual obra se retrasa en su ejecución intencionadamente para hacerla
coincidir con los comicios, o, a sensu contrario, que
la misma se adelanta indebidamente, en acto de precipitación ridículo
y vergonzoso la mayor de las veces. Este modo de proceder no hace sino
mostrar la bellaquería que caracteriza a la mayor parte de la comunidad
política. Sin embargo, no es menos cierto, puestos a depurar responsabilidades,
última culpa la del pueblo soberano. Es decir, todos los ciudadanos que
componemos la comunidad y que no sólo permitimos sino que legitimamos con
nuestro voto todas estas acciones.
Hace semanas la subcomisión del Congreso
de los Diputados encargada de la reforma de