Vagos y maleantes

Gonzalo H. Martel

Las premisas éticas del nuevo curso político canario ya están puestas; al nacionalismo de CC le parece que los parados son unos vagos que no aprecian el esfuerzo de sus gobernantes para enseñarles a trabajar. Al populismo del PP le parece que las urgencias mayores de este momento crítico de la economía se resuelven con más inversiones en Guinea Ecuatorial, y ofreciendo toda la comprensión posible para facilitar el pago de la factura de Tebeto, como ejemplo de atención a la iniciativa privada. Y el socialismo obrerista del PSOE recurre a los tractores para evitar que los indigentes sin techo se duerman en la calle; quitando los bancos de los parques limpiarán de vagabundos las calles de Las Palmas de Gran Canaria, según la maquinaria desplegada por el equipo de Jerónimo Saavedra sin pudor alguno. Equipaje ligero para un otoño exigente.

Los gestores de la cosa pública, sin distinción de color político, afrontan las previsiones para el próximo año con un sistema de ingresos en caída libre. Ninguno de los gobernantes actuales está acostumbrado a semejante escenario; todos crecieron en tiempos de expansión de la economía insular, y forjaron sus carreras a base de liquidez suficiente para afianzar su poder. Mientras la población disfrutaba de la bonanza del desarrollo, tramitar el futuro fue tarea sencilla, como se ha podido apreciar con algunos derechos de las explotaciones mineras sin ir más lejos. Incluso el más veterano, el citado Saavedra, siempre navegó con viento a favor; su dilatado recorrido está más acostumbrado a problemas de crecimiento que a la incertidumbre de las caídas. La veteranía puede ser una ventaja, pero no añade garantías de acierto ante nuevos desafíos.

Por eso ahora, en la bajadita, ciertos desatinos parecen provocados por la falta de hábitos de mesura. Confunden los incentivos a la reflexión con la provocación, y se atreven a decir sandeces que en otros momentos causarían pena de escarnio público. A modo de ejemplo; entre las alabanzas al nuevo centro de reparto de la Cruz Roja, que obliga a Canarias como referencia internacional en las ayudas de emergencia, y la acción de los tractores para echar a los maleantes de los parques de la ciudad hay una distancia insalvable, que ninguna reina se atreve a visitar. El mayor de los conflictos es de los que creen que nada tiene que ver una cosa con la otra; no habrá paraíso mientras la acción política, entendida como esfuerzo social o colectivo, no tenga una cierta continuidad de criterio y de expresión.

Uno de los mitos de la política contemporánea atribuye a los progresistas la gestión de las exigencias éticas, mientras los conservadores se limitan a aplicar las exigencias del mercado. No bastará con aumentar los impuestos en busca de saldo positivo; se trata de alterar el orden de las cosas. Entonces, otra Canarias será posible.

Fuente: Canarias7, 23-09-2009