La venganza al campo
Wladimiro
Rodríguez Brito
Casi todos los días tenemos que oír quejas de los
agricultores sobre los problemas que sufre el campo a causa de unas leyes de
protección que protegen todo excepto la agricultura y la ganadería.
De esta forma,
nuestros agricultores, que llevan toda la vida cultivando terrenos, ahora
cuando quieren levantar una pared, construir un estanque, sorribar,
vallar o hacer un cuarto o incluso abrir una cueva, se encuentran con la
obligación de demoler, o con multas que no pueden pagar.
Esta semana estuve en
una pequeña finca de unos
Por si fuera poco,
estamos importando papas para el consumo local en pleno mes de septiembre. Mientras
tanto, aquí multamos al que hace un huerto y cultiva la tierra, es decir,
maltratamos a los que crean trabajo y nos permiten importar menos alimentos del
exterior.
Es en este marco en el
que situamos al agricultor de Güímar, igual que
ocurre con miles de campesinos de Canarias que tienen multas, que no pueden
pagar, por hacer sorribas, paredes, estanques,
cuartos de aperos, etc; por preparar suelo para
sembrar papas o millo, o plantar una higuera o un naranjo.
Son leyes hechas en
Canarias en unos despachos de la administración, cargados de burócratas y
ordenadores que no han tenido voluntad para hablar ni entender la cultura del
medio rural y, sobre todo, el trabajo, el esfuerzo y la sabiduría popular que
esconde cada barranco, chapa o morra. Esta sabiduría ha permitido sobrevivir al
hombre y a la naturaleza. Sirvan como ejemplo las eras, construidas en las
proximidades del Chinyero, a
Ahora, en nombre del
"progreso" y la "modernidad", relegamos a los agricultores
aplicando un discurso equivocado: que sobran alimentos, o que el futuro debe
mirar hacia otros campos ya que la agricultura es sinónimo del pasado y de la
pobreza. Ahora, lo que mola es la modernidad. La sociedad posmoderna ignora los
productos agrarios.
Aquí, en Canarias, el
campo ha desaparecido del debate público y del modelo económico. Estamos más
preocupados por los escarabajos descubiertos en Granadilla que por la subida
del precio de los cereales -subida que superará el 40% en unos meses- o por
situaciones como las que se dan en la Unión Europea, en las que han
desaparecido los excedentes de alimentos.
Mientras, aquí,
nuestros vigilantes ambientales continúan aplicando unas leyes hechas desde los
despachos urbanos por ignorantes del campo y de la sabiduría popular que
protegían todo excepto a los agricultores y ganaderos, el campo y la naturaleza
como lugar de contemplación y estudio, olvidando que en el siglo XXI el agua y
los alimentos son temas claves para todo el planeta.
En Canarias, en los
últimos años, hemos perdido algo más de dos tercios de lo que cultivábamos en
los años 50, cuando teníamos menos de la mitad de la población y tuvimos que
emigrar a Venezuela. Ahora, ante la situación socioeconómica que vive el
Archipiélago, seguimos aplicando unas leyes que marginan y atropellan las pocas
iniciativas que miran para el agro.
Importamos papas y
plagas, significando este año más del 50% del consumo local y multamos al que
levanta una pared y limpia un cantero de maleza. Y todo ello se hace en nombre
del medio ambiente.
Una vez más,
lamentamos lo que está ocurriendo y pedimos al Parlamento de Canarias y al
Gobierno una moratoria para corregir y mejorar un marco de leyes inaplicables
en las Islas, en las que medio ambiente y agricultura no sean actividades
antagónicas, sino todo lo contrario. Los agricultores no pueden ser pisoteados
y humillados en nombre del medio ambiente. Seamos todos más humildes y
aprendamos de la sabiduría que aún sobrevive en el medio rural.
Corrijamos las leyes
hechas en una época "alegre", en la que suponemos que sobraban
alimentos y en la que en el campo había que crear condiciones para que la
naturaleza volviera a sus supuestos orígenes. Ahora, la flora exótica invade
las tierras balutas y los peligros están en los
incendios. Ha sido un gran error de cálculo más que una venganza programada.