Referéndums
Luis León Barreto
Quienes advirtieron que tendríamos un
otoño animado no se equivocaron. A la vista de lo que sucede, quizá deberían
prohibirse los segundos mandatos presidenciales: tal es el riesgo de que
entremos en periodos erráticos, confusos. Pues los hombres que en nuestro país
llegan al poder y se mantienen en él tras pasar nuevamente por las urnas
tienden a padecer el síndrome de
En Cataluña unos cuantos montan un referéndum para la independencia y con gran
algarabía otros ayuntamientos anuncian acciones paralelas. ¿Esa euforia
colectiva será consecuencia de lo bien que juega el Barça
y de su sonoro triplete? Bromas aparte, lo cierto es que se percibe un cierto
clima de zozobra y desasosiego: como si andaran ya
sueltos los cuatro jinetes del Apocalipsis anunciando terribles acontecimientos
para los próximos meses. Los catalanes presionan con su Estatut,
y menos mal que en el País Vasco parece que se está llegando a una cierta
supresión de los miedos cotidianos. ¿Es el soberanismo una vía que se va a
contagiar igual que la gripe A sin que todavía exista una vacuna
suficientemente comprobada? Por estos lares, tanto el
matutino tinerfeño como el señor Zerolo y la corte
santacrucera están preconizando la misma vía como mejor manera de huir hacia
adelante por si al fin se culminan los procesos judiciales en marcha. Lo peor
de todo esto es el espectáculo: el saltarín Rajoy que ya da por conseguida la
victoria y se relame en el poder que ya atisba, y la adolescente Leire Pajín cuando agarra el micrófono y empieza a recitar sus
salmos. El presidente no sabe/no contesta, debe ser que está haciendo un
cursillo acelerado de budismo zen y sexo tantra. La
función es de tercera fila y lo malo es que a sus protagonistas hemos de
pagarles como si fueran estrellas.
Verdaderamente, ni los partidos políticos que disfrutamos ni los conspicuos
representantes del pueblo están dando la talla. Más bien muestran sus
desafecciones, su falta de compromiso, su insuficiente nivel ético, su visible
prepotencia. España, ya se sabe, es tan diferente que seguimos en plena
recesión, con un paro juvenil del 40 por ciento y con un paro adulto que se
encamina al 20 por ciento. Cifras por supuesto poco convalidables
con los países del entorno.
Algo parecido sucede con los niveles del conflicto educativo. El comienzo de un
nuevo curso pone de manifiesto las contradicciones y las carencias de un
sistema que no da una a derechas. Si estamos a la cabeza de Europa en fracaso
escolar, si el conflicto entre alumnos malcriados y profesores que ya no tienen
autoridad en el aula, la cosa tendría que ser investigada con cierta
profundidad. Si nuestras universidades se siguen degradando, si continuamos
improvisando reformas a corto plazo sin promover los cambios de fondo que se
precisan, todo ello viene a indicar que seguimos estando muy despistados. La
crisis económica nos golpea, pero no es el único asunto que debiera preocupar a
la ciudadanía. Hay otros muchos frentes abiertos para los que tampoco
encontramos ni siquiera esparadrapo.
La cosa anda tan simpática que se nos viene a la memoria aquel manifiesto del
ayuntamiento de Tazacorte, en la isla de
Fuente: La Opinión, 23-09-2009