EL
DIOS DE ISRAEL VOMITA FUEGO
Tu mano alcanzará a todos tus enemigos,
tu derecha vencerá a los que te aborrecen.
Los convertirás en un horno encendido,
cuando se manifieste tu presencia.
Yahvé los consumirá con su enojo,
el fuego los destruirá por completo.
Eliminarás su estirpe de la tierra,
y a sus descendientes de entre los
hombres
David. Salmo 21, (8,9,10,11)
He tragado hiel por más de medio mes siempre
con la absurda esperanza de que esta humanidad, a la que supuestamente
pertenecemos todos, moviera más que sea un dedo para acabar con la masacre
perpetrada por Israel sobre el pueblo palestino, pero, aunque la mayoría de los
pueblos, de la gente del común, han manifestado su absoluta repulsa -al tiempo
que su rabia y su impotencia- los gobiernos, los que realmente podrían impedir
el genocidio, encabezados por el gringo “defensor mundial de la democracia”,
han mirado cobardemente para otro lado, salvo, hay que decirlo, el venezolano.
Han escudado su cobardía y vileza en los Qassam, que en Canarias llamaríamos
foguetes o voladores de cañón, con los que se intentaba romper años de bloqueo
tras los muros del gueto en que Israel ha convertido a Gaza, por el terrible
pecado de haber ganado Hamas unas elecciones democráticas y tratar de gobernar dentro
del campo de concentración gigantesco que Israel, ahora, quiere borrar del mapa
a sangre y fuego, haciendo suyas hoy las palabras bíblicas de Job a Bildad: Piedra de azufre será esparcida sobre su morada.
Abajo se secarán sus raíces, y arriba serán cortadas sus ramas. Su memoria
perecerá de la tierra, y no tendrá nombre por las calles. De la luz será
lanzado a las tinieblas, y echado fuera del mundo. No tendrá hijo ni nieto en
su pueblo, ni quien le suceda en sus moradas. Sobre su día se espantarán los de
occidente, y pavor caerá sobre los de oriente. Ciertamente tales son las
moradas del perverso. Job 18:7-21.
Israel, como estado, es un hijo de Hitler.
Nace en 1948 como expiación del Holocausto nazi, pero la ONU no lo crea en Alemania o
en Polonia, donde las SS nazis perpetraron sus matanzas. Nace, por la presión
sionista del “retorno a los territorios históricos” y la creación del “Hogar
Nacional” judío, en la
Palestina otomana que los aliados tomaron en la 1ª Guerra
Mundial favoreciendo una intensa inmigración judía, en un territorio ocupado
por los ingleses en que una vez se asentó la tribu de Judá, aunque ya los
Filisteos (de su Filistina viene Palestina)
vivían allí antes de que el Rey David les arrebatara las tierras por
primera vez, por la fuerza de las armas y la ayuda de Jehová. De esa primera
ocupación nace el salmo de acción de gracias que encabeza este escrito, hechos
y salmo que se repiten hoy, tres mil años después.
Tras la Primera Guerra
árabe-israelí, desatada por los árabes que no admiten la partición de Palestina
en dos estados según la resolución de la
ONU, Israel aumenta su territorio inicial en más de un 40% y
cercena toda posibilidad de continuidad geográfica entre los territorios
palestinos, territorio ocupado que aumenta mucho más tras la Guerra de los Seis Días en
que ocupa el Golan sirio, la Cisjordania –entonces transjordana- Jerusalén, Gaza y el Sinaí egipcio. Tras los
avatares de varias guerras los palestinos se organizan autónomamente y reclaman
la soberanía de su expoliado territorio. Jordania traspasa la Cisjordania a la
soberanía palestina ejercida por la
OLP y desde el exilio argelino el Consejo Nacional proclama
en 1988 el Estado Palestino. El primer paso del nuevo estado es aceptar la Resolución 252 de la ONU (Nov.1967) que obliga a
Israel a retirarse de los territorios de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este,
ocupados en la Guerra
de los Seis Días y al regreso de los refugiados, el libre acceso y libre
navegación en la zona, a la vez que reconocía el derecho al Estado de Israel a
su existencia y a una paz justa en los territorios reconocidos
internacionalmente. Ahí debieron terminarse los conflictos, pero Israel
responde anexionándose Jerusalén Este y aumentando la ocupación ilegal de
territorios palestinos. Su brutalidad en Gaza provocó la Primera Intifada
a finales de ese año, que enfrenta a niños con piedras y palos contra soldados
experimentados provistos de tanques, y misiles.
La Intifada enseña a la sociedad palestina que tiene
que luchar sola, sin esperar ayudas, para conseguir recuperar su nación y
construir su Estado. Los palos y las piedras no van a lograr la derrota militar
israelí, pero si su derrota moral, lo que va a llevar a la Conferencia de Paz de
Madrid de 1991 y a los “Acuerdos de Oslo” de 1993, por los que los palestinos
reconocían oficialmente al estado de Israel y los judíos reconocían a la Autoridad Nacional
Palestina, a la que se comprometían a devolver gran parte de los territorios
ocupados, aunque preveían mantener asentamientos judíos en ellos bajo su
control, además de las carreteras que los comunicaban, lo que de facto impedía
la formación de cualquier entidad estatal palestina real. A pesar de todo, la ANP aceptó firmar el Tratado y
estableció 8 entidades autónomas alrededor de las ciudades palestinas más
importantes, pero al no poder transitar libremente entre ellas la solución era
una burla trágica que Hamas y otras organizaciones palestinas no aceptaron.
Israel, por su parte, no solo no cumplió lo firmado sino que estableció un
férreo bloqueo sobre las ciudades palestinas y continuó, protegida por sus
fuerzas armadas, ampliando y multiplicando los asentamientos de colonos judíos,
expropiando sus tierras a los propietarios palestinos. Aquí comienza un ciclo
trágico de “eliminaciones selectivas”
por Israel –trágico eufemismo para asesinatos políticos condenados por la Convención de Ginebra
como “terrorismo”- de los opuestos a
sus planes de expansión y la respuesta de Hamas –y otras organizaciones- con
atentados sobre israelíes, muchos veces de forma suicida, producto de verdadera
desesperación. Israel, en contra de lo firmado, ordena en 1996 la construcción
de 900 nuevas viviendas en la
Cisjordania ocupada y la expropiación forzosa de viviendas y
terrenos palestinos en Jerusalén Este. Arafat considera que esto equivale a “una nueva declaración de guerra” pero
Hamas va más allá y reanuda atentados suicidas en Israel, por lo que Arafat,
que se ha conformado con declarar media jornada de huelga general, ordena la
detención de dirigentes de Hamas y los EE.UU y la UE declaran a Hamas como “organización terrorista”. La Intifada rebrota con
fuerza en Hebrón al año siguiente donde Israel causa
centenares de heridos entre jóvenes palestinos, destruyendo luego las casa de
los heridos. Hamas contesta con otro atentado, en que dos suicidas palestinos
matan a 14 israelíes en un mercado de Jerusalén Oeste. En ese espacio de tiempo 546 palestinos murieron a manos de
Israel y miles siguen en prisión por el delito de ser palestinos
De
todas formas, el proceso de paz, -proceso que nunca existió- saltó por los
aires definitivamente cuando, a pesar del apretón de manos entre Rabín y Arafat en la Casa Blanca, en septiembre del 2000, en medio de
las conversaciones sobre Jerusalén Este,
el entonces jefe de la oposición israelí, el criminal Ariel Sharon, con
la connivencia del primer ministro Ehud Barak, provocó conscientemente la Segunda Intifada
con el paseo por la
Explanada de la
Roca de la
Mezquita de Al Aqsa. Hamas, en protesta, convoca al “Día de la Ira” en que las tropas israelíes causan once
muertos entre los jóvenes que protestaban y se les enfrentaban a pedradas, y
los blindados judíos invaden de nuevo todos los territorios palestinos,
recluyen a Arafat en Ramala -tildándolo de “terrorista” aunque pedía un alto el
fuego- y, al más puro estilo nazionista, Shaul Mofaz, Jefe de la Fuerzas Armadas,
propugna la aplicación de la “solución
final” al pueblo palestino.
En
2001 Ariel Sharon gana las elecciones israelíes y la destrucción de la ANP y, por ende de Palestina
como pueblo, se convierte en el objetivo primordial de Israel. Se rompen todas
las relaciones y las tropelías israelíes van en constante aumento. No podía
esperarse otra cosa del criminal Sharon que, ya en 1953, había ordenado
bombardear hasta su destrucción las 40 casas que formaban el pequeño pueblo de Qiby en Cisjordania con sus habitantes dentro, y que
protegió e impulsó a la
Falange libanesa en Sabra y Chatila donde asesinaron, en 1982, a 1.700 refugiados
palestinos desarmados.
Envenenado
el Presidente Arafat en 2004 se convocan elecciones de acuerdo a la Constitución Palestina.
Hamas llamó a la abstención y Fatah, con Mahmoud Abbas, ganó las elecciones de
enero de 2005 pero, a pesar de la actitud entreguista y colaboradora de Abbas,
Israel se negaba a cumplir ningún acuerdo porque, pretextaban que Abbas no
destruía a los grupos terroristas de
Hamas. Realmente era solo un intento –logrado- de desgastar a la ANP y a cualquier institución
legal palestina, de impedir cualquier progreso en la construcción del Estado.
Hamas, fortalecido ante la pasividad de Abbas, gana luego las elecciones
municipales y se presenta a las legislativas de 2006. Europa y USA, obligados
por Israel que ahora ve al desprestigiado Abbas como un amigo, actúan para
supervisar la limpieza democrática de esas elecciones y, para su sorpresa,
Hamas las gana limpiamente, obteniendo mayoría absoluta en el Parlamento
Palestino, con 76 de los 132 escaños, lo que provoca la inmediata dimisión del
primer ministro Ahmed Qurei y el nombramiento de Hismail Haniya de Hamas como
primer ministro en febrero de 2006. Tanto Israel como USA y Europa, que habían
impulsado las elecciones, se niegan a reconocer los resultados, a pesar de que Haniya declaró que
“no descartaba en absoluto una negociación con Israel”. Israel provoca el
enfrenamiento interpalestino con su apoyo –y el de USA y Europa- a Abbas frente
a Hamas y el feroz bloqueo que desde ese momento se impone –aún más rígido que
antes- sobre los territorios palestinos El palo del hambre y la desesperación,
combinando con la zanahoria del apoyo al “moderado” Abbas, al que propone
negociar, provocan el duro enfrentamiento de Hamas con un Al Fatah ganado por
la corrupción y el desaliento y conducen a la situación actual de una Gaza,
gobernada por el ganador democrático de unas elecciones, asediada y masacrada
por el ejército nazionista.
Hamas
es, según ONU, USA y Europa, un
movimiento terrorista, pero no es Hamas sino el “democrático” ejército judío quién, el pasado día 4 obligó en
Zeitun, barrio el este de Gaza, a 110 habitantes del mismo a abandonar sus
viviendas y concentrarse en un edificio
que, al día siguiente, bombardea causando 31 muertos, la mayor parte niños.
Tampoco fue el malvado y terrorista Hamas quien impidió durante los tres días
siguientes que nadie saliera ni entrara al edificio bombardeado y que, cuando
finalmente lo autorizó, hubo que sacar a muertos y heridos en carros de mulas
porque no permitían la llegada de ambulancias. Tampoco han sido los
“terroristas” de Hamas quienes sistemáticamente han bombardeado los hospitales
de la Media Luna
Roja, con médicos y heridos dentro, ni quienes han impedido a la población
civil recoger a sus muertos que quedan durante días en las calles a la
disposición de los perros, ni quienes condenan al hambre absoluta a millón y
medio de personas o bombardean los depósitos de víveres de ayuda humanitaria
con fósforo para que ni siquiera se pueda intentar apagarlos, con el mismo
fósforo blanco que usan contra la población civil violando todas las
legislaciones internacionales ¿Seguimos? ¿Es necesario o ya conocemos -gracias
a Al Yazira porque Israel ha prohibido el acceso a la prensa para testificar la
masacre- cual es el “humanitario”
comportamiento de su Ejército? Incluso algunas escasas voces judías, que salvan
su honor humano, se han horrorizado con la actuación de un ejército que consideraban suyo.
Richard Falk, judío norteamericano, enviado especial de la ONU, calificó a la actuación
israelí como “crimen contra la humanidad”
y en el rotativo inglés The Guardian, 75
judíos británicos publican una carta en que equiparan a Gaza con lo que ellos
sufrieron en el Gueto de Varsovia.
Pero
no, Israel y Bush, el salvaguarda de la civilización
occidental y democratizador de Irak, mantienen el carácter terrorista de Hamas y eso, para el Occidente es palabra de Dios
(probablemente Yahvé). Para el embajador de Israel en Madrid, Raphael Schutz,”Hamas
es el peor enemigo de los palestino y las operaciones en Gaza solo tienen
objetivos militares”. Isaac Herzog, Ministro israelí
de Bienestar, declaraba que “Israel hace
todo lo posible por ayudar a la población de Gaza”. Ehud Barak no se recata
en afirmar que solo se ataca a objetivos
militares, entre los que, por supuesto, cuentan no solo el millar largo de
muertos y los más de cinco mil heridos, sino que están las escuelas de
policías, las comisarías urbanas, los hospitales, los centros de ayuda a los
refugiados, las mezquitas, las universidades y escuelas. ¡Incluso han
bombardeado el más antiguo cementerio musulmán de Gaza!
Lo
dejo antes de que la indignación y la rabia me dañen más profundamente al
comprobar, no solo la hipocresía de la “civilización”, de los gobiernos de toda
laya –con más gravedad y bajeza la de los gobiernos musulmanes- sino y sobre
todo, mi propia impotencia para enfrentarme a esa masacre. Aunque no soy
palestino, si estuviera en mis manos y pudiera, apoyaría en todos los aspectos
la lucha que allí se desarrolla. Es una simple cuestión de dignidad humana.
¡Que
Yahvé proteja a su pueblo elegido porque lo que hoy está sembrando lo recogerá,
con creces, tarde o temprano!
Canarias
a 16 de enero de 2006