Vuelta al regreso
Juan Jesús Ayala
No son barruntos ni
elucubraciones fallidas. Desde cualquier ángulo que se mire la evolución de
Algún que otro sabio
nos ha dicho que, sobre
Es como si fuera el
fin de la linealidad, lo que viene a traducirse, con todo el énfasis
desgarrador que se les quiera poner a las cuestiones, que desde esa perspectiva
el futuro ya no existe, se nos escapa de las manos.
Baudrillard, al que
siempre me gusta citar, lo enfatiza: "Estamos ante un proceso paradójico
de reversión, ante un efecto reversivo de la
modernidad, que, habiendo alcanzado su límite especulativo y extrapolado todos
sus desarrollos virtuales, se desintegra en todos sus elementos simples, según
un proceso catastrófico de recrudecimiento y turbulencia".
Habrá que pensar,
pues, que no se está, como diría el japonesito
Fukuyama, en el "final de la historia" pero sí en el final de muchas
historias que nos revierten al pasado, a lo primigenio.
Y no es que se
desarrolle, ni es esa la pretensión, las teorías de la evolución de
¿Y ahora, qué? No se
llega ni a eso. Porque es la voz de los que detentan el poder la que ha hecho
enmudecer las gargantas, los que han abandonado el progreso que fue capaz,
gracias a esas gargantas, que en guerras y más guerras hicieron que este fuera
universal. Sin embargo, los poderosos han mandado al traste ese modelo de
convivencia, haciéndolo virtual, por su desaforamiento
por hacer acopio de dinero y de malas artes. Ellos, que nunca han gritado,
ahora lo hacen, pero su grito no llega a ninguna parte, se enroca alrededor de
sus mismos ombligos y se hacen ecos dentro de sus laringes enroquecidas
por muchos G-20 que se reúnan una vez aquí y otra allí.
Se llegó alto y costó
sangre, sudor y lágrimas, pero se nos envolvió en el manto cenagoso de la
mentira del que no fuimos capaces de zafarnos a tiempo, de romper ese caparazón
que nos asfixiaba. Ahora cuando ya no somos protagonistas de la historia y
aunque buscamos un hueco, lo único que podemos hacer, ante la poca fuerza que
le queda al ser humano, es mirar, retroceder, volver a los inicios y desde ahí
empezar de nuevo. Eso sí, contando con la aquiescencia de los que han decidido
que esto sea así, pero al menos lo que desearemos es que no nos vengan con más
embustes teñidos de desfachatez.
Estamos en una
reversión de
Habrá que apostar por
el inicio de todo, y hacer lo posible para que toda la planificación que son
incapaces de poner a punto para reflotar a una Humanidad renqueante no lo sea
para la mejor destrucción posible, aunque lo hagan de forma sibilina y desde
una pseudointelectualidad aplaudida por los
bobalicones de siempre. Esperemos que no. Que el comienzo sea, además no hay
otra alternativa posible, con el consentimiento de todos.