Vuelta al regreso

 

Juan Jesús Ayala

 

No son barruntos ni elucubraciones fallidas. Desde cualquier ángulo que se mire la evolución de la Humanidad se puede observar que está en unos momentos cruciales, de quietismo, y con el paso en retroceso, de ahí que la pregunta salte: ¿la Humanidad ha tomado la curva girando en dirección opuesta? ¿En el solsticio de la historia, una vez llegado a la curva de la gran evolución, ha empezado el declive de los acontecimientos, el desarrollo en sentido inverso, una vuelta al origen?

Algún que otro sabio nos ha dicho que, sobre la Tierra convertida en esfera, cada movimiento que nos aleja de un punto empieza por eso mismo a acercarnos a él, o sea que cada movimiento aparente de la Humanidad nos acerca imperceptiblemente a su punto antipódico, e incluso a su punto inicial.

Es como si fuera el fin de la linealidad, lo que viene a traducirse, con todo el énfasis desgarrador que se les quiera poner a las cuestiones, que desde esa perspectiva el futuro ya no existe, se nos escapa de las manos.

Baudrillard, al que siempre me gusta citar, lo enfatiza: "Estamos ante un proceso paradójico de reversión, ante un efecto reversivo de la modernidad, que, habiendo alcanzado su límite especulativo y extrapolado todos sus desarrollos virtuales, se desintegra en todos sus elementos simples, según un proceso catastrófico de recrudecimiento y turbulencia".

Habrá que pensar, pues, que no se está, como diría el japonesito Fukuyama, en el "final de la historia" pero sí en el final de muchas historias que nos revierten al pasado, a lo primigenio.

Y no es que se desarrolle, ni es esa la pretensión, las teorías de la evolución de la Humanidad, y recordar que desde una negra y tenebrosa Edad Media, poniendo el énfasis Erasmo de Rotterdam en "Elogio a la locura", hubiera en ese momento alumbrado una nueva era, donde lo demoníaco, lo vacío y hueco iba camino de la trastienda de una historia llena de veleidades enmarcada en un feudalismo rancio y de inquisidores divinizados; pero sí que después de haber pegado saltos, muchos en el vacío, y escribir capítulos, la democracia se asentó y los diferentes países se fueron incorporando a ese destino donde la voz de la gente, hecha ya ciudadanos y dejando atrás la rémora de la sumisión, de sentirse súbditos, fue decisiva y fundamental.

¿Y ahora, qué? No se llega ni a eso. Porque es la voz de los que detentan el poder la que ha hecho enmudecer las gargantas, los que han abandonado el progreso que fue capaz, gracias a esas gargantas, que en guerras y más guerras hicieron que este fuera universal. Sin embargo, los poderosos han mandado al traste ese modelo de convivencia, haciéndolo virtual, por su desaforamiento por hacer acopio de dinero y de malas artes. Ellos, que nunca han gritado, ahora lo hacen, pero su grito no llega a ninguna parte, se enroca alrededor de sus mismos ombligos y se hacen ecos dentro de sus laringes enroquecidas por muchos G-20 que se reúnan una vez aquí y otra allí.

Se llegó alto y costó sangre, sudor y lágrimas, pero se nos envolvió en el manto cenagoso de la mentira del que no fuimos capaces de zafarnos a tiempo, de romper ese caparazón que nos asfixiaba. Ahora cuando ya no somos protagonistas de la historia y aunque buscamos un hueco, lo único que podemos hacer, ante la poca fuerza que le queda al ser humano, es mirar, retroceder, volver a los inicios y desde ahí empezar de nuevo. Eso sí, contando con la aquiescencia de los que han decidido que esto sea así, pero al menos lo que desearemos es que no nos vengan con más embustes teñidos de desfachatez.

Estamos en una reversión de la Humanidad. No hay que ser un lince para tener esta objetividad, hay una vuelta al principio, al fin de la linealidad conseguida por los que, embabiecados, se emborracharon de poder y que desde su concepción y credulidad de considerarse supermanes han logrado que el avance sólo haya servido para ponernos en el trance de una destrucción planificada o en el inicio de todo.

Habrá que apostar por el inicio de todo, y hacer lo posible para que toda la planificación que son incapaces de poner a punto para reflotar a una Humanidad renqueante no lo sea para la mejor destrucción posible, aunque lo hagan de forma sibilina y desde una pseudointelectualidad aplaudida por los bobalicones de siempre. Esperemos que no. Que el comienzo sea, además no hay otra alternativa posible, con el consentimiento de todos.