ARQUITECTURA CANARIA PRE-COLONIAL (III)
Eduardo Pedro García Rodríguez *
El
origen de la especie humana moderna, Homo sapiens, está con
probabilidad en África. Esto lo sabemos gracias a los trabajos de los
genetistas Allan C. Wilson, Mark Stoneking y Rebecca L. Cann quienes compararon
fragmentos de ADNmt (ADN mitocondrial) de 241 individuos. Los datos se ordenaban
en un árbol que mostrase el menor número de pasos o cambios evolutivos
(parsimonia). Los resultados mostraron que las secuencias trabajadas se podían
agrupar en dos: las africanas y las no africanas.
En
segundo lugar las secuencias africanas mostraban mayor variabilidad entre si que
las secuencias no africanas, lo que indicaban que las primeras habían tenido más
tiempo para acumular mutaciones y por lo tanto son las más antiguas. Por otra
parte las muestras genéticas no africanas eran más parecidas entre si, lo que
indica que un grupo de humanos modernos salió de África y paulatinamente pobló
Eurasia (Este modelo evolutivo se conoce con el nombre de Out of Africa o de
"arca de Noé").
Árbol
genealógico de R. Cann, M. Stoneking y A. Willson. El árbol muestra un
apartamiento entre las poblaciones africanas y las no africanas. A parte de esto
se nota que las poblaciones africanas se establecieron hace mucho más tiempo
que las no africanas. Esto indica que los humanos modernos se habrían originado
en África y los distintos grados de divergencia indicarían el momento en que
fueron colonizadas las distintas partes del Globo.
Mucho más
antiguos que los restos de Cro-Magnon (con
Concretándonos
más al norte de nuestro continente el antropólogo canario Francisco García
Talavera recoge: “La existencia en el Norte de África de poblaciones blancas
clasificadas inicialmente como caucasoides, ha dado píe a múltiples hipótesis
sobre su origen.
La
primera evidencia del poblamiento humano de la región la tenemos en los
yacimientos de Ternifine, Ain Hanech y Sidi Abder Rahman, con una antigüedad de
200.000 años, que fueron clasificados como Homo erectus (Newman, 1995). Pero es
la aparición del Homo sapiens de Jebel Irhoud del Paleolítico Medio
(Musteriense) (100.000-200.000 años B.P.) con características neandertaloides
atenuadas que preconizan el tipo de Afalou, y del hombre ateriense (sapiens
sapiens) de Dar es-Soltan (30.000 años B.P.) que para algunos es el eslabón
intermedio entre aquellos y el hombre moderno de Mechta-Afalou, portador de la
industria Ibero-Mauritana (19.000-10.000 años B.P.). Este último, junto a los
protomediterranoides venidos de oriente con la cultura capsiense (10.000 - 5.000
B.P.), constituyen los dos tipos humanos que han dado origen al pueblo bereber,
que esencialmente conforma la mayoría antropológica de la población
norteafricana actual.” (F.García Talavera, 2002)
De los primeros habitantes de Canarias
Si
bien los primeros cronistas de las invasiones y conquistas por parte de los
europeos de las islas dejaron claramente expuesto el origen norteafricano de las
poblaciones que habitaban el territorio, en siclos históricos posteriores
conforme la metrópoli iba agudizando sus planteamientos centralistas y
acultorizadores etnocentristas, comenzaron a surgir disparatadas teorías en
torno a los pobladores originarios emanadas del sistema colonial, negando,
tergiversando y confundiendo el incuestionable origen africano de nuestros
ancestros al objeto de crear un sentimiento de ascendencia europea, más acorde
con los planes de dominación política, económica, social, cultural y
espiritual de la nación sometida, pues un pueblo inseguro de sus orígenes es más
fácilmente dominable y explotable.
Así,
comenzaron a surgir leyendas y fábulas en torno a nuestros orígenes étnicos,
en su mayor parte propagados por criollos de servicio, por ejemplo, algunos
autores nos han trasmitido sin el menor rubor la idea de que nuestros
antepasados eran los supervivientes de la mítica Atlántida, otros nos han
supuesto una ascendencia española, no faltando quienes incluso afirman que
procedemos de vikingos, en fin, ponen especial énfasis en atribuirnos cualquier
procedencia europea con tal de que no asumamos la real, la africana. Otros,
imbuidos por un aparente romanticismo nos han venido trasmitiendo la falacia de
que todos nuestros ancestros guanches
eran altos y rubios con los ojos azules y, claro, asumido, consiente o
inconscientemente que es sí, cuando
uno se mira en el espejo y se ve moreno y con ojos oscuros o melados, automáticamente
entiende que no es guanche, cuando la realidad es que el antiguo pueblo
canario-como el actual-estaba y está- compuesto de individuos rubios, morenos,
altos, bajos, gordos y flacos, atléticos y canijos como cualquier otra sociedad
humana.
El
interés por el estudio de la etnografía canaria por parte de algunos europeos
no españoles comenzó a tomar cierto auge a partir de los siglos XIX y XX,
entre los que destacaron George Glass, Boris de Sain Vicent, René Verneau,
Sabin Berthelot etc., aunque justo es reconocer que también fueron grandes
profanadores de los panteones guanches. A pesar de que algunos de ellos estaban
profundamente influenciados por sus convicciones políticas o etnocentristas,
nos apoyaremos en estos autores y en otros posteriores para tratar de dar una
ligera semblanza de los primeros pobladores de nuestro territorio.
LOS PRIMEROS POBLAMIENTOS DE LAS ISLAS
CANARIAS
En
los milenios X al VIII a.e.a. las
condiciones climáticas del Sahara eran semejantes a las de Centro-Europa,
abundando la fauna y la flora, en las orillas de ríos y lagos habitaban grupos
humanos de pescadores y recolectores. De estos grupos surgió una “revolución
neolítica” según se deduce de los millares de yacimientos de grabados
rupestres existentes en bastas regiones del Sahara, en los que se representan
animales tales como la Jirafa; el Elefante; el León; el Hipopótamo etc.
Estos yacimientos tanto de pinturas como de grabados rupestres están concentradas en la zona mesosahariana, principalmente en los grandes macizos montañosos del Hadrar de los Iforas, y del Hoggar, el Tassili-n-Ajjer o Tassili -n- Azyer, (que quiere decir “La Meseta entre los dos ríos”) con su prolongación Libia el Tadrart Acacus, el Tibesti y el Ennedi.
Como queda dicho más arriba, en las
zonas templadas se asentaron grupos humanos de los que surgieron estilizadas
civilizaciones, alcanzando un considerable desarrollo en la época neolítica,
teniendo su máxima expresión en el culto a los muertos. El interés por
preservar los cadáveres de sus parientes ya denota una incipiente capacidad mágico
religiosa, con concepciones abstractas de una posible vida en otro plano de la
existencia.
Los
enterramientos, es una práctica muy extendida entre las sociedades
norteafricanas que se remonta a la Prehistoria. En el Norte de África, las prácticas
funerarias son dudosas en el Paleolítico pero están plenamente documentadas en
el Neolítico. Modas y formas de enterramiento que gozarán de amplia
pervivencia en todo el ámbito sahariano, manteniéndose en un principio en
buena medida libre de las influencias púnicas, aunque más tarde una gran parte
de estas sociedades avanzadas asumieron la cultura púnica a través de Cartago,
tal como nos lo muestra la ingente cantidad de estelas funerarias dedicadas a la
Diosa Tanit, (Astarte) y que afectaría
al mundo mazigio continental que solamente empezaría a cambiar muy tardíamente
con la imposición del Islam.
La
forma de enterramientos predominantes en todo el Sahara parece ser que es el túmulo.
A estos túmulos los naturales, denominan aarrom al que se compone de un
simple túmulo de piedras, en Canarias tienen sus paralelismos en
La Rasca, Chinech, y radjen a
la construcción turriforme de bloques. Los radjen pueden ser cilíndricos,
denominándose en estos casos chuchet o con gradas que es lo que se
conoce como Bazinas. (Pírámides de Chacona, Güímar, Puerto Mequínez
(Puerto de la Cruz,) Icod, en
Chinech (Tenerife) así como los existentes en Benahuare (Isla de La Palma,) La
Isleta en Tamarant Gran Canaria),
esta última cuya base fue
convertida en un nido de ametralladoras por el ejércitos español, etc.
Generalmente
estas construcciones funerarias o de
observación astronómicas se emplazaban en lugares elevados, pequeños
promontorios, o en las márgenes cortadas por la erosión
uads. Puede aparecer uno solo, aislado, o formando agrupaciones (túmulos
funerarios de Tamarant).
En
ocasiones estas Bazinas cumple con las funciones de mausoleos, monumentos para
reyes y héroes y como observatorios astronómicos cuando están situados en
determinadas elevaciones geográficas. Este fue el caso de un héroe legendario
mazigio caudillo de los Âyth Wâryaghar, llamado Sidi Mahan (Majan) cuando murió
lo enterraron en el punto más alto del macizo de Yabal Hmam, (Montaña de
Palomas) le dedicaron un Igurramen (Murramen) que llamaron Mahan Dadda (Majano
del Abuelo.)
Igual
sistema de enterramiento fue empleado con la heroína mazigia Tim Ghinat o Al
Kahina, según la denominación árabe.
Es
sobradamente conocido y admitido el indiscutible paralelismo entre las culturas
de los antiguos canarios con las del continente, con el Magreb y especialmente
con la del Sahara región donde se
produjo un gran movimiento de pueblos durante la prehistoria tardía y la
protohistoria de África noroccidental, donde hubo una gran diversidad cultural
y, al mismo tiempo, una gran movilidad de pueblos, algunos de los cuales
poblaron las islas canarias en sucesivas oleadas y distintas épocas como ya
hemos dicho, confirma este aserto el indudable origen común de la lengua y las
distintas variedades dialectales de las islas con la lengua tamazight y sus
diferentes dialectos hablados en el continente. En Tamaránt (Gran Canaria,) la
cerámica pintada tiene un innegable paralelismo con otras norteafricanas de
tradición mediterránea, que mantendrá la cerámica kabilia. Las cuevas
artificiales presentes en todas las islas, y los graneros colectivos son también
de tradición mediterránea, difundidas desde el Norte al Rif, Atlas Medio,
Anti-atlas y Gran Atlas, siendo usadas en la actualidad. En Túnez, encontramos
las casas semiexcabadas, y las cuevas horadadas en la toba, de inequívoco
paralelismo con las casas hondas de Lanzarote y Fuerteventura, y la Cuevas
Labradas de Tamaránt y Chinech.
Los
túmulos prehislámicos de los imazighen de gran difusión sahariana y surmagrebí
tienen sus homólogos en los de Tamarant (Gran Canaria).
Los
artefactos líticos, cerámica, grabados alfabetiformes, estatuillas, definen el
horizonte más reciente de la isla de Benahuare (La Palma), íntimamente ligado
con el Sahara, por el contrario, otras manifestaciones más antiguas de cerámica,
grabados, ciertos artefactos líticos y óseos tienen diversos paralelos
norteafricanos. En Chinech, algunos de los elementos de la cultura material
tienen clara similitud con comunidades magrebíes occidentales cronológicamente
protohistóricas, tales como la cerámica y las espátulas.
Titeroygatra
y Erbania o Erbani (Fuerteventura), participan igualmente de paralelos imazighen
ambientados en lo que pudiera ser el mundo indígena protomazigio. Los grabados
rupestres de Esero o Hero (El Hierro), los podomorfos de Chinech, Erbania y
Titoreygatra, y los alfabetiformes líbicos nos conectan aún más con el mundo
mazigio, si bien los de tipo meandros, espirales, etc., especialmente los de
Benahuare tienen paralelos en la fachada atlántica europea (Galicia y Portugal,
Irlanda e incluso en las fachadas atlánticas del Norte y del Sur de América.)
En
cuanto al origen de los primeros pobladores de nuestras islas, si bien las
fuentes historiográficas son unánimes
al afirmar que los primitivos habitantes procedían de África, son bastante
parcos en detalles, limitándose los más explícitos a decirnos que, por lo
que frisan sus costumbres, y tanto en el hablar como en contar tienen, son
como los de los moros.
La
mayoría de los investigadores modernos “oficiales” vienen situando los
primeros asentamientos humanos en las islas en torno al siglo I a.e.a., si bien
algunos van paulatinamente retrocediendo en el cómputo de tiempo, y los más
avanzados los sitúan en torno al siglo I a.e.a., fecha que como veremos están
totalmente alejadas de la realidad.
Hace
más de tres décadas cuando apunté la idea de la presencia fenicia en las
islas, fui atacado y denigrado públicamente por determinados estamentos
oficiales cuyos representantes esgrimiendo
sus titulaciones académicas se habían autoerigidos en únicos interpretes de
la cultura canaria, no admitiendo otras interpretaciones que las asumidas por el
sistema. La idea a trasmitir a la sociedad canaria era -y sigue siendo en
centros de educación oficiales y oficialistas, así como por la mayoría de los
medios de comunicación sociales- la de que nuestros ancestros eran una sociedad
anclada en un estado cultural correspondiente al neolítico. Como vengo
sosteniendo desde hace tiempo, la realidad es que la antigua sociedad canaria
debido al hecho de que en determinado periodo histórico Europa se vio sumida en
una época de total oscurantismo como consecuencia del auge tomado por el
cristianismo, el cual vaticinaba el fin inmediato del mundo, razón por la cual
se abandonaron los avances técnicos en la navegación, geográficos,
comerciales etc., que había alcanzado el mundo greco-romano.
Como
consecuencia de esta situación nuestro continente sufrió una serie de
convulsiones políticas y económicas como consecuencia del derrumbe del imperio
romano y, las islas se vieron aisladas durante el oscuro periodo de la alta edad
media, por tanto, al verse privadas del aporte de manufacturas desde el
exterior, nuestros ancestro tuvieron que adaptar su cultura material a los
elementos que podían obtener del entorno natural -en las islas no existen
metales factibles de ser transformados artesanalmente- la madera, la piedra, los
huesos. Las pieles y algunas fibras vegetales.
En
cambio, los aspectos morales, culturales, sociales y espirituales alcanzaron un
desarrollo muy superior al de los europeos de la época, tanto es así que
muchos de sus aspectos continúan vigentes.
Actualmente,
un grupo de científicos de reconocido prestigio han abandonado los obsoletos
parámetros en que se había enmarcado la historia antigua de Canarias y vienen
investigando sobre la arribada a las islas de fenicios o libio-púnicos
con fines comerciales y de extracción de materias primas, entre los
siglos VI y V antes de la era actual, así como de las primeras arribadas
poblacionales de otros pueblos procedentes del noroeste africano. Contrariamente
a las teorías comúnmente aceptadas hasta
la fecha, las cuales vienen admitiendo como
inicio de los primeros asentamientos en las islas el siglo II de la era
actual, asentamiento promovido según estos autores por Juba II de Mauritania,
la realidad es que por esas fechas las islas ya llevaban siglos habitadas.
Modestamente,
compartimos el planteamiento de la presencia humana en las islas (especialmente
en las orientales) desde hace más de 4.500 años. Las arribadas más recientes
se producen como hemos dicho durante los siglos
VI y V a.d.n.e., nos basamos para sostener esta afirmación en las
observaciones de campo que desde el año 1996 venimos llevando a cabo en la isla
de Tenerife, donde numerosos yacimientos de grabados rupestres nos muestran
elementos gráficos de indudable origen libio-púnico y mazigio, los cuales son
fácilmente contrastables con otros existentes en el continente, debidamente
datados y documentados.
Fuera
de las rutas marítimas del Mediterráneo, el mar se hacía tenebroso, la
navegación antigua estaba marcada por leyendas de monstruos que devoraban a las
naves y marinos, leyendas terroríficas ampliamente difundidas por los pueblo de
navegantes y fácilmente sostenibles debido a la superstición que embargaba a
lo sociedades “cultas” de aquellos tiempos.
Según
las narraciones de la época los peligros
eran prácticamente insuperables. Estas leyendas eran sostenidas por los pueblos
navegantes especialmente los fenicios cartagineses y gaditanos, para mantener en
secreto las rutas comerciales y las consiguientes
fuentes de materias primas que explotaban
así de manera exclusiva.
No
obstante, la necesidad de abrir nuevas rutas comerciales, a la búsqueda de
nuevas fuentes de materias primas y esclavos o por descubrir nuevas tierras,
incitó a algunos pueblos navegantes a emprender nuevas aventuras marítimas
desafiando los peligros supuestos y reales que implicaba el adentrarse en mares
desconocidos. Una de estas empresas fue acometida por el faraón Neko o Nekao,
quien según Heródoto (IV, 42) decidió
circunvalar África, tras abandonar la excavación de
un canal que había proyectado entre el Nilo y el Mar Rojo, hacía el
Los
egipcios mantenían excelentes relaciones comerciales con un pueblo conocido
como “Los reyes del mar” –los fenicios-, así el faraón Neko confió la
primera circunvalación del continente africano de que tenemos noticias a la
pericia de los fenicios. La expedición debía rodear el continente con el
encargo de regresar por el estrecho de Gibraltar, una aventura tan arriesgada
que hubiese hecho desistir a cualquiera que no fuesen los fenicios. El mismo Heródoto
dice que el persa Sataspes, con una tripulación egipcia, fue incapaz siglo y
medio más tarde de hacer el viaje en sentido inverso, a pesar de que era su único
recurso para conmutar la condena a
muerte que le había impuesto Jerges, la cual finalmente, se ejecutó sin
admitir excusas a su fracaso.
El
viaje sufragado por el faraón Neko duró tres años; los fenicios debían saber
ya lo que se esperaba de ellos puesto que llevaron los medios necesarios para
sembrar la tierra y recoger la cosecha; efectuaron un recorrido exclusivamente
costero con dos escalas invernales, una, posiblemente al sur de Mozambique, y
otra, en Senegal. Heródoto que no conocía la esfericidad de la Tierra y la
posición del Ecuador, le pareció increíble que los fenicios afirmaran que habían
hecho buena parte del viaje con el sol a mano derecha; siendo precisamente este
dato el que da veracidad a todo el
relato.
Narra
Heródoto que esta exploración había sido confirmada por los cartagineses, lo
que puede referirse al famoso viaje de Hannón, contemporáneo de la época en
que escribía el historiador griego.
Veamos
lo que la ciencia moderna recoge en
cuanto a los primeros moradores de las islas, así el antropólogo francés René
Verneau quien dedicó un amplio y documentado estudio en torno a los primeros
habitantes del territorio canario, afirma un
entronque de algunas de las primitivas etnias canarias con elementos
egipcios, cuestión esta que también es asumida por Buenaventura Bonnet y otros
autores como tendremos oportunidad de ver.
“Sin
ninguna duda, en la actualidad sabemos que, mucho antes de que Juan de
Bethencourt abordase en Canarias, estas islas habían sido visitadas repetidas
veces por poblaciones procedentes del norte del continente africano. Pero no
siempre esas poblaciones se limitaron a hacer viajes de exploraciones y a
devastar poblados. En varias ocasiones se establecieron en el archipiélago y
entre la raza que poblaba antiguamente las islas y los recién llegados se
realizaron cruces.
De
los pueblos que pudieron haberse mezclado de esta forma con el elemento canario
antiguo, hoy sólo investigaré la raza sirio-árabe. Se la encuentra con
frecuencia en Gran Canaria, El Hierro y La Palma. Incluso en algunos lugares había
llegado a predominar considerablemente sobre el elemento guanche, que yo
considero como el más antiguo.
Las
tres localidades en las que hemos encontrados sus restos están situadas cerca
del litoral. Las dos únicas piezas que poseemos del interior nos ofrecen el
tipo guanche. Es probable, pues, que allí se produjera lo que ha ocurrido en
casi todas partes, como por ejemplo en Filipinas, donde la raza negrita
primitiva se retiró a las montañas del interior cuando llegaron los invasores
que se establecieron en la orilla del mar. Si esta hipótesis no es arriesgada,
estaríamos autorizados a pensar que la raza guanche, que se conservó pura en
el interior de la isla, poblaba todo el país antes de la llegada de los
emigrantes que fueron a ocupar el litoral.
Si
en lugar de comparar estos últimos con los árabes, los hubiésemos comparado
con los egipcios, hubiéramos constatado analogías igualmente sorprendentes e
incluso algunos diámetros hubiesen coincidido con exactitud. También señalaremos
una particularidad anatómica que se encuentra en Canarias y en Egipto. Quiero
hablar de la depresión que existe detrás de la sutura coronal y que rodea el
cráneo de una sien a otra, como si en este punto se hubiera aplicado una venda
que hubiese comprimido los parietales. Esta depresión, aproximadamente
constante en los cráneos egipcios, existe en todos los de San Juan de Belmaco,
excepto en uno. Igualmente lo he observado en un cierto número de los de las
otras islas que presentan el tipo sirio-árabe.
Algunas
particularidades anatómicas de los cráneos egipcios, como la depresión en la
parte trasera de la sutura coronal, también se encuentran en los cráneos
canarios del tipo sirio-árabe. Sin embargo, nunca se ha dicho que los canarios,
ni tampoco los egipcios, hayan tenido la costumbre de deformarse
artificialmente.
Aliado
de esta gente de tipo semítico, puro o mezclado, en cada isla vivían
individuos que debemos considerar como pertenecientes a la misma raza que los
guanches de Tenerife. Estos individuos se habían retirado, sobre todo, al
interior de las islas, abandonando sin duda el litoral a los recién llegados.
Los
rasgos anatómicos concuerdan, pues, con los caracteres etnográficos que, hace
dos años y medio, me permitieron afirmar la existencia de varias razas en el
archipiélago canario antes de la conquista española. Lo que he dicho hoy nos
muestra que los sirio-árabes vinieron a establecerse al lado de los
guanches.” (René Verneau, 1996)
Uno
de los autores de principios del pasado siglo que abordó con cierta profundidad
el origen de las últimas migraciones del continente hacia Canarias fue D.
Buenaventura Bonnet, este investigador atribuye un origen ario a estos
contingentes humanos. Sí bien algunos de los planteamientos expuestos por este
estudioso han sido superados o clarificados por los investigadores actuales
especialmente en algunos aspectos lingüísticos, dado mi afán divulgativo no
me resisto a transcribir algunos pasajes de dicho trabajo pues considero que
muchos de los temas tratados continúan vigentes, además de ser un trabajo muy
avanzado para la época en que fue realizado y continúa siendo un referente
para los actuales investigadores. Las citas son extensas, pero espero que sean
de utilidad para los lectores que sienta un especial interés por conocer
nuestros orígenes como pueblo diferente y diferenciado.
Los
arios en las islas Canarias
[…]
Ya hemos visto en párrafos anteriores a las tribus arias llegar en su
movimiento expansivo a las costas occidentales de Marruecos, y también hemos
indicado la manera de vivir esas tribus, sosteniendo incesantes luchas, ora
entre ellas mismas, ora contra los pueblos extranjeros que las rodeaban. El
vigor de esa raza que se extendió por casi todo el mundo antiguo, el ardor de
sus empresas, su carácter, y su espíritu de heroísmo, fueron consecuencias de
su desarrollo precoz y de sus virtudes guerreras.
Esto
dicho, sigamos estudiando el movimiento de estos hombres.
Descendieron
por los valles del Sus y del Draa hasta las orillas del Atlántico, continuando
su avance por la costa africana hasta el Cabo Juby actual, punto quizás, el más
meridional de sus exploraciones.
Desde
las costa occidentales del África los arios se lanzaron al mar, obedeciendo a
su fuerza expansiva, en busca de aventuras, o empujados por las guerras
intestinas sostenidas por la posesión de los ricos valles de la Mauritania.
Conociendo,
como en efecto conocían, el arte de la navegación, bastó que se apartaran un
poco de la costa africana, para enseguida divisar las islas de Lanzarote o de
Fuerteventura, muy cercanas al continente.
Desde
ese momento preparose la expedición para reconocerlas y asentarse en las
tierras recién descubiertas. Desde luego, nuestro conocimiento acerca de la
forma y ocasión en que se verificó el establecimiento de los arios en nuestro
archipiélago, no lo podernos precisar, pero en líneas generales podemos
deducir que por los años 1150 al 1110 antes de Jesucristo debió efectuarse.
Es
indudable que las tribus arias al penetrar en las Canarias encontraron en el
archipiélago una población troglodita perteneciente a la raza de Cro-Magnón
con la que tuvo que luchar, hasta que se fusionaron en parte, o celebraron
pactos respetando el territorio que ocupaban ambos y su mutua independencia.
De
las tribus que se arriesgaron a la empresa, la principal o directora del
movimiento sería la de los Mahu-haria que antes de ahora hemos nombrado. La
expedición partió del cabo Nun donde mueren las últimas estribaciones del
Anti-Atlas y desemboca el Draa, puntos geográficos bien señalados para indicar
una nueva ruta a pueblos emigrantes. Los invasores arribaron en las costas
orientales de Fuerteventura por
algunos de sus puertos, tales como el de las Lajas, Tegurame o el de Tuineje.
Desde
la costa los arias se desparramaron por todo el país construyendo ciudades o
fortificaciones desde las que se defendieron no solo de los habitantes de la
isla, sino también de las sucesivas oleadas de inmigrantes que el África
arrojaba sobre ellos. La muralla que separaba a jandía del resto de la isla,
tendría igual objeto que las fortificaciones ya nombradas, o sea el defenderse
de sus enemigos.
Estas
construcciones estaban formadas de grandes piedras, muy bien trabajadas,
perteneciendo al tipo llamado ciclópeo o pelásgico análogo al usado en
Micenas y Argos, pregonando esto el origen ario de ambas.
De
esta muralla, dice el P. Abreu Galindo en su Historia, libro 1º,
capítulo XI, página 33, edición de 1848, lo siguiente: “Estaba
dividida esta isla de Fuerteventura en dos reinos, uno desde donde está la
villa hasta Jandia, y la pared de ella; y el rey desta parte se llamó Ayoze, y
el otro desde la villa hasta Corralejo, y es te se llamó Guize, y partía estos
dos señoríos una pared de piedra que va de mar a mar cuatro leguas”.
Del
nombre de la tribu Mahu -haria se derivó el de los habitantes del país, que
aun hoy se conocen con la denominación de Majoreros. Abreu Galindo escribe
Mahoreros; de suerte que la corrupción de esta palabra es evidente y su origen
y derivación sin género de duda.
A
la vez el prefijo de la voz Mahu-haria, Mahu, tiene su origen en el vocablo
Tamohu o T'mahu, con el cual los egipcios designaron algunos ramales pelásgicos
de ojos azules y cabellos rubios que invadieron el Delta, y que en general
significaba gentes del Norte porque dada la situación geográfica del Egipto y
la del Asia Menor, esos pueblos invasores llegaban del Septentrión.
De
la unión de ese apelativo con la raíz, se formó el de Mahu-haria y por
aspiración y debilitación de vocales, el de majoreros actual, que demuestra su
filiación con los arios, o pelasgos, llamados también pre-helénicos.
Por
consiguiente, debemos aceptar que la invasión de esta isla (Lanzarote) se
efectuó desde la de Fuerteventura atravesando el estrecho de la Bocaína que
las separa unos
La
distancia entre ambas islas se acorta por existir entre ellas un islote o peñón
llamado isla de Lobos de tres kilómetros y medio de extensión, que toma su
nombre de los muchos lobos marinos que en otra época salían a la orilla a
gozar del sol, de cuyas pieles se confeccionaban cintas para curar ciertas
enfermedades; también este islote fué nido y refugio de piratas.
El
paso se facilitaba de una isla a otra mediante el peñón ya indicado, si bien
no negamos que también llegaron directamente de África tribus arias, pero la
afirmación de Abreu Galindo al decir: “Los naturales destas dos islas
Lanzarote y Fuerteventura se llaman Mahoreros...” (Libro 1º, capítulo IX página
29) confirma nuestro aserto de que los Mahu-harias poblaron ambas islas.
Asimismo,
el nombre de Haría, raíz de la voz Mahu-Haria, demuestra la filiación que
pretendemos establecer con las gentes que invadieron a Fuerteventura. Todos
sabemos que Haría es el pueblo más septentrional de Lanzarote, que sería el
punto extremo de las correrías de aquellos hombres, o por lo menos el postrer
recinto fortificado de la isla.
También
hemos de hacer notar que el cabo o punto de Fariones, de Hario-nes, guarda
similitud con las voces ya analizadas por nosotros, sin que pueda esto
considerarse como meras casualidades, pues desde el punto de vista filológico
están comprobados su origen como un hecho probado, si bien no se ha prestado a
este estudio la importancia que merece.” (Buenaventura Bonnet y Reverón,
1925)
Los
canarios
“De
la costa africana partieron otros
grupos o tribus que cayeron sobre las Canarias, saliendo del Cabo Juby en vez de
efectuarlo por el de Non, punto aquel, el más meridional a que llegaron los
arias en sus correrías.
Esas
tribus eran las de los Chahun harias, las cuales Plinio describe como sigue,
hablando del Atlas: “Los que habitan los más cercanos montes llenos de
elefantes y fieras y de todo género de serpientes, se
llaman Canarios, porque el sustento es el mismo que el suyo y comparten con
ellos la carne de las fieras”
Aún
cuando no opinemos de igual modo que el escritor latino acerca
de la etimología de la voz canarios, su afirmación acerca de la
existencia en el Atlas de esos hombres es de gran valor para nosotros.
Desde
aquellos montes, los Chahun- hanas o Kahun- hanas se
fueron acercando a las costas de la Mauritania, hecho que acredita el geógrafo
Ptolomeo al afirmar que existía en África un cabo llamado Chahun-haria
extrema, o sea la última Canaria, cabo que corresponde exactamente con el
actual juby, que debe su nuevo nombre al rey
Juba; siendo este punto el más meridional de las excursiones arias, según
hemos indicado, y confirma Plinio, al decir en el mismo capítulo citado: “Es
cierto que está junto a éstos (los Canarios), la gente que los Etiopes que
llaman Perorsos..., las denominaciones Mahu -.haría y Chahun-haria, designarían
agrupaciones de tribus clasificadas por las posiciones geográficas que tenían
en el territorio africano.
Sabemos
que el prefijo Mahu o T'mahu de la voz Mahu-haría, según los egípcios,
significaba gente del Norte, en tanto que la voz, Chahun haria contiene asimismo
un prefijo Cha o Ka que asimismo significa, lo más inferior, lo extremo,
denominación que en el caso que estudiamos expresa claramente Gente del Sur o
Meridional, como efectivamente lo eran los Chahun-harias con respecto a los
Mahu. harias.
Continurá:
Imágenes:
1.-
Árbol genealógico de R. Cann, M. Stoneking y A. Willson.
4.-
Rey de Maxorata, Erbania (Fuerteventura)
*De la Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo
Agosto de 2008.