CUESTIÓN DE GENES (I)
Eduardo Pedro García Rodríguez

El
sistema colonial español en nuestra nación viene imponiendo, de manera
subrepticia en unos casos y abiertamente en otros, a los niños y jóvenes, desde
los centros de enseñanza primaria hasta
Estos
cancerberos estómagos agradecidos vienen sosteniendo una cruzada tendente a
inculcar en la mente de la población canaria la descabellada idea de que todos
los canarios descendemos de algunos pueblos de
Todo
ello a pesar de los irrefutables estudios científicos aportados durante siglos
por eminentes especialistas en
antropología, etnografía, lingüística
y, más modernamente, en genética poblacional, entre los que cabe destacar a
los europeos: Sabin Berthelot, René Verneau, Fischer en 1930, Fusté
en 1959, V. Rösing en 1967 y otros que han defendido que la
población precolonial sobrevive en la población actual de las islas.
Wolfel
(1930) calculaba que dos tercios, aproximadamente, de la población canaria a
finales del siglo XVI era descendiente de guanche. En los tiempos actuales
destacan reputados investigadores de la talla de
Francisco García Talavera, Rafael González Antón, María del Carmen
del Arco Aguilar, Ignacio Reyes García, entre otros. Así como los españoles Antonio
Arnáiz Villena, Jorge Alonso García y Vicente Martínez Cabrera.
El individuo va construyendo su identidad a partir de sus orígenes
y el pasado de sus antepasados, así como de su propia peripecia, desde la
niñez hasta la madurez.
Este conocimiento de su pasado social es lo que
les proporciona su identidad social, es decir, de una manera amplia, su
identificación cultural, su Historia.
Es ahí donde comienza el otro proceso, el cognoscitivo, analizando
el conocimiento de las causas, el reconocimiento de una identidad. Es decir,
conocemos nuestra identidad de individuo conociendo nuestra historia y todas sus
interacciones dialécticas.
Cuando los pueblos cuestionan su presente pueden ponen en riesgo el
status quo, el orden establecido, en
función de futuras transformaciones.
Ahora bien, ¿hasta dónde llegar en la búsqueda de ese pasado
histórico?: Tan lejos como puedan avistarse las raíces y tan cerca en el
tiempo como para reconocerse como pueblo, operación ésta que vincula,
indefectiblemente, el pasado con el presente.
En
fin, como dice el refrán popular “no hay peor ciego que el no quiere ver ni
peor sordo que el que no quiere oír”, especialmente cuando se pone en riesgo
intereses económicos, de castas o de predominio político
Este
estado de cosas, consecuencia del hecho colonial, tiene ciertamente enferma
psicológicamente a la sociedad canaria, la cual es víctima de una pandemia
cuya virulencia, arteramente extendida por el sistema colonial español en
Canarias, viene minando nuestra salud mental desde hace mucho tiempo, induciéndonos
a asumir como una situación normal el complejo de endofobia
en que nos tienen inmersos y que, mucho me temo, continuaremos sufriendo si no
aplicamos prontamente la vacuna adecuada.
Tal
como recoge en un acertado y documentado artículo el ilustre profesor de
psicología D. José Tomás Bethencourt Benítez: “Los efectos malditos y
perversos del racismo endofóbico son bien conocidos, en este caso que nos
ocupa, el obligar al pueblo canario a sentirse extranjero en su propia tierra;
el arrinconamiento social, laboral, cultural y lingüístico; la pérdida
alarmante de identidad por efecto de la imposición abusadora, irrespetuosa y
avasalladora de moldes ajenos y foráneos; el impacto psicológico negativo
sobre la autoestima, al observar pasivamente el desprecio e infravaloración de
sus propias señas de identidad y personalidad (mago=sucio, bruto, analfabeto,
ignorante, etc...)”.
Mientras
que esta realidad incuestionable es una constante en esta colonizada nación
canaria, en otros pueblos que han logrado liberarse del yugo colonial español,
y en cuyas poblaciones criollas así como en su posterior independencia tanto
contribuimos los canarios, buscan y asumen con orgullo su ascendencia guanche.
Orgullo que los canarios o sus descendientes establecidos en el exterior no
dudan en manifestar, pero que en el interior es ciertamente amordazado por el
temor justificado a represalias sin cuento por parte del sistema dominante.
Uno de
los ejemplos del orgullo de pertenencia a una etnia diferente y diferenciada
mostrada por los canarios lo tenemos en
La
historia ha influido sobre el pueblo uruguayo para que las distintas raíces que
integran su identidad generen un resultado sincrético que les identifica entre
sí. Los componentes étnicos son variados, pero es la forma de unirlos y los
retos a los cuales responde cada cual, lo que contribuye a identificar lo que
muchos califican como la identidad nacional, que de una u otra manera permite
afirmar las diferencias, con predominio de las similitudes.
Derek
Walcott recoge esa idea con una hermosísima metáfora que vale la pena
reproducir: “cuando un jarrón se rompe, el amor que vuelve a juntar los
fragmentos es más fuerte que aquel otro que no valoraba conscientemente su
simetría intacta. El cemento que restaura las piezas es la autenticación de su
forma original. Un amor semejante es el que vuelve a reunir nuestros fragmentos
asiáticos y africanos, la rota reliquia que una vez restaurada, devela blancas
cicatrices.”
Uno de
estos componentes africanos lo constituyen los cientos de canario portadores de
sangre guanche que, obligados por la situación de vasallaje a que estaban -y
estamos- sometidos, fueron una ves más objeto de trueque con que los criollos
herederos ideológicos de los invasores conquistadores hicieron frente a las
exigencias de la metrópoli española del mencionado tributo de sangre.
Era el
19 de noviembre de 1726, cuando zarparon del puerto de Añazu n Chinech (Santa
Cruz de Tenerife) en el navío "Nuestra
Señora de
Una
imagen de estas primeras familias forzadas a emigrar a este país hermano cuando
era una de tantas colonias hispanas en América nos la ofrece el investigador y
periodista Leonel García: “Luego de 89 días de dura travesía, Silvestre Pérez
Bravo seguramente deseaba tocar tierra firme. Pero para el, su esposa, sus hijos
y otras doce familias, el paisaje frente a sus ojos no debe haber resultado
gratificante. Las escasas viviendas salpicadas en un campo que parecía no
terminar nunca era lo mas opuesto posible a una urbanización con miras a
progresar. Tal vez entonces no imaginaba, ni él ni el resto de las familias,
que permanecerían hacinados durante un mes en tiendas de campaña y a merced de
una tierra desconocida e inhóspita, hasta que las autoridades que respondían
al Reino de España repartieran los solares.”
Uno de
estos comerciantes, Francisco de Alzaíbar,
fue el encargado de enviar el primer contingente de canarios a
Montevideo. La investigación asegura que, contrastando la visión histórica
que lo señala como uno de los fundadores de la ciudad, “nunca tuvo una
intención premeditada de poblar” la futura capital de Uruguay. El comerciante
obtuvo un permiso para introducir de manera exclusiva mercaderías en las
“provincias” españolas del Río de
El texto
indica que Alzaíbar hizo el trasvase de familias considerándolas “parte de
la carga, no necesitados de atención o asistencia” para abaratar costos.
Sobre las condiciones de los emigrantes a su llegada, un texto de la época señala
que Pedro Millán -quien elaboró el primer padrón e habitantes de Montevideo y
la distribución de solares- debido a la extrema miseria con que estas familias
fueron obligadas a emigrar “tuvo que entregarles varias varas de ropa de la
tierra para repararlos de su desnudez".
Continuará...
Marzo de
2007.