La Iglesia del Pueblo Guanche rinde un sentido homenaje al ilustre filólogo canario, Ignacio Reyes

El menceyato de Tacoronte acoge la calle más larga de Canarias, en ella, en el tramo comprendido entre la carretera que conduce a Valle de Guerra y la que baja al Prix, se encuentran ubicadas una serie de casonas coloniales entre las que destacan la del antiguo Museo Casilda y  La Alhondiga , además de un Calvario que acoge entre sus muros unos soberbios ejemplares de pinos canarios (árbol sagrado para nuestros ancestros). Frente a este Calvario se encuentra el Restaurante El Calvario “Casa Pepe”, sus propietarios son un exponente actual de la tradicional hospitalidad del pueblo canario.

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Este “templo” de la cordialidad fue el elegido por la Congregación de la Iglesia del Pueblo Guanche para rendir un modesto pero sentido homenaje al Ilustre filólogo canario Doctor Ignacio Reyes García. La cena transcurrió en un ambiente de franca hermandad y armonía donde todos los asistentes rivalizábamos en mostrar nuestro afecto y reconocimiento al homenajeado. Durante el acto, el kanku, hermano Tagorero Yunes en nombre de nuestra Congregación dirigió al distinguido maestro las siguientes palabras de reconocimiento:

“Hermanas, hermanos, demos gracias a Nuestra Señora Chaxiraxi por permitirnos esta noche compartir mesa con un ser humano excepcional, un compañero cuyos esfuerzos científicos en su mayor parte van orientados a incrementar el acervo espiritual y cultural de nuestra maltrecha Matria.

La Congregación de la Iglesia del Pueblo Guanche, tenemos el privilegio de compartir mesa con uno de los pocos intelectuales canarios que ejercen como tal, trabajando por la dignificación de nuestra ancestral cultura, la cual como sabemos lleva siglos siendo manipulada tergiversada y ninguneada por un sistema avasallador, castrador de las conciencias y desenraizador de los sentimientos más profundos del pueblo canario, lamentablemente, en los más de los casos, con la complicidad -nosotros diríamos que criminal- de ciertos intelectuales que, autodenominándose canarios, ponen su ciencia al servicio del sistema castrador a cambio de determinadas prebendas.

Pero, ¿que es la sabiduría sin un arraigado sentido de espiritualidad, humanidad y sentimientos de pertenencia a una cultura y a un modo de vida concretos?

En el devenir histórico de las naciones ocupadas siempre ha habido personas que se han puesto incondicionalmente al servicio del invasor, y que, como apunta nuestro Faykan “están poseídos por el espíritu de la endofobia”, pero también han existido –y existen– otras excepcionales que, siendo poseedoras de elevados bagajes intelectuales y científicos, han optado por renunciar a las migajas que les ofrece el poder y los vanos oropeles autocreados por determinados círculos intelectuales de servicio, y han decidido poner su sapiencia y sensibilidad al servicio de su pueblo.

Entendemos que este es el caso de nuestro amigo y maestro el Doctor Ignacio Reyes García, quien con sus aportes científicos va logrando que la sociedad canaria cada día vaya adquiriendo más conciencia de pertenencia a una cultura diferente y diferenciada al tiempo que aumenta su autoestima y alcanza más altas cotas de dignidad como pueblo.

Creemos que todos los presentes conocemos la trayectoria profesional de don Ignacio, no obstante, nos permitimos recordarlos someramente transcribiendo algunos breves párrafos tomados de su página web:

“Desde 1997, centra su trabajo en el ámbito de la lexicología diferencial que denomina ínsuloamazighe, concepto geolingüístico destinado a destacar tanto la pertenencia de esas extintas hablas canarias a la lengua tamazight (o bereber) como su singularidad dentro de ella. Una línea de análisis que permite así mismo avanzar en la caracterización interdialectal y diacrónica de este milenario idioma norteafricano, además de explorar el alcance de ese antiguo patrimonio cultural en la composición de la canariedad actual.

Junto a monografías, diccionarios, artículos y ponencias, ha escrito numerosos textos de divulgación e impartido diversas conferencias acerca de los temas de su especialidad.”

 

Afirman algunos intelectuales que: La Filología es Historia y la Historia es Filología.

“Se han dado múltiples definiciones de Filología: “ciencia histórica que tiene por objeto el conocimiento de las civilizaciones del pasado mediante los documentos escritos conservados; otra definición: “el estudio de una lengua fundamentado en el análisis crítico de los textos escritos en esa lengua”; otra, la define como “fijación o estudio crítico de los textos y de su transmisión, mediante la comparación sistemática de los manuscritos o de las ediciones y a través de la historia”.

Pero más allá de de estos conceptos académicos ciertamente asépticos, nosotros -aunque legos en la materia- añadiríamos otra definición: La filología es la ciencia que mediante el estudio de la lengua despierta los sentimientos espirituales adormecidos de los pueblos oprimidos.

Creemos que existen las causalidades -que no casualidades- por ello nos congratulamos con los flaxes de luz no cegadora con que Nuestra Magnné Chaxiraxi nos viene distinguiendo, flaxes que, como hemos dicho, no son cegadores, son suaves pero con tal intensidad que nos permite vislumbrar el camino que debemos seguir para culminar el mandato recibido. Uno de estos flaxes lo constituye sin duda alguna la magna obra de nuestro amigo y maestro el Doctor Ignacio Reyes La Madre del Cielo”, trabajo que sin duda alguna marcará un hito en el devenir espiritual y social, no sólo de nuestra sociedad canaria, sino que innegablemente lo será universal.

Podríamos extendernos de manera inconmensurable en torno al importantísimo aporte que esta obra supone para la espiritualidad y cultura canarias y universal, pero sabemos que nuestro amigo y maestro entiende que nuestra gratitud y reconocimiento va mucho mas allá de lo que unas pobres palabras puedan expresar, por ello, preferimos que sean algunas  palabras del maestro tomadas de la introducción a su libro “ La Madre del Cielo” las que concluyan esta modesta intervención:

[…] El ideario cristiano halló en la cosmogonía ínsuloamazighe, de honda tradición norteafricana, recursos nada contradictorios con su propia formulación religiosa, de neta ascendencia egipcia. Una estrella primordial, pensada como la madre cósmica de cuyo seno nacen el universo y el espíritu celestial que lo rige, en realidad parece incluso la versión original en la que se funda la religión de la cruz, muy posterior en el tiempo, y heredera de los cultos a la Diosa Madre y su hijo y/o marido (ampliamente difundidos por el Creciente fértil del Oriente Medio, escenario de la Revolución neolítica hace más de 9.000 años).

 

Porque, pese a no contar con pruebas incontrovertibles, son diversos los indicios que dejan entrever cierto solapamiento, más o menos deliberado, de esta atávica deificación femenina por esa otra concepción judeocristiana más patriarcal (manifiesta ya en el culto faraónico). En cualquier caso, separar lo autóctono de las adherencias misioneras constituye una tarea que requerirá todavía un trabajo arqueológico, etnográfico y lingüístico mucho más denso del acometido hasta el presente.

 

La obra que el lector tiene ahora en sus manos pretende compendiar una información excepcional para afrontar esos interrogantes. El valor gramatical y el alcance historiográfico de los materiales examinados sitúan las fuentes que se aducen aquí y su interpretación entre los recursos lingüísticos disponibles más fecundos de la Historia Antigua de Canarias, aunque la situación de los estudios isleños y continentales no aconseje aún alejar en exceso las explicaciones de los datos concretos. […]

 

Querido amigo y maestro, gracias por ser quien eres, gracias por ser como eres, y gracias por compartir con nosotros tu sabiduría disimulada siempre tras un velo de humildad, como sólo los grandes espíritus y verdaderos sabios pueden hacerlo.”

 

 

REPUESTA DEL DR. IGNACIO REYES

 

“Sin duda, hoy tengo sentimientos un tanto encontrados. Por supuesto, les estoy muy agradecido por esta muestra de aprecio, pero no me engaño: estas cosas no le suceden a uno en vida, así que el amigo Eduardo García debe de saber algo que yo desconozco.

 

Supongo que ya me queda poco tiempo y he de empezar a contar los días hasta que se cumpla mi fecha de caducidad...

 

Pero la gratitud no me ciega. Sé que soy un simple obrero de las palabras que intenta hacer bien su trabajo, como existen otros muchos colegas en nuestro país, algunos de los cuales se encuentran hoy aquí. Bucear en la historia es nuestro oficio, pero, aun con lo necesario e importante que resulta ese esfuerzo, sobre todo en esta época en la que el capital despliega una firme estrategia de embrutecimiento masivo, si hemos de rendir a alguien un tributo de homenaje es a ese pueblo que ha sabido cultivar y fertilizar la memoria que todavía nos brinda una personalidad, una identidad propia, ni mejor ni peor que otras, pero nuestra. A ese pueblo antiguo y sufrido, que, entre la constancia y el silencio, frente a la opresión y el olvido, ha encontrado los cauces para transmitirnos tanto su sabia visión del mundo como los valores de dignidad, respeto y trabajo creador que lo caracterizan; por ese pueblo quiero aprovechar este acto para levantar mi copa y brindar con emoción.

 

Y a ustedes, permítanme que recupere por un momento nuestra lengua ancestral para reiterarles mi agradecimiento: tinemmar, ăggôtnen sul aghrud, imidawen.”

 

Como colofón del acto, el guadameñe, Guayre Adarguma, hizo entrega de un recuerdo al homenajeado consistente en una bellísima reproducción de la popular estatuilla de Tara, obra de los maestros alfareros Isabel y Pedro Benítez (Maestro del barro) con una placa dedicatoria.

     

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Agosto 2 de 2008.

Fotos: El Guanche