Soria decreta el estado
de excepción en la educación pública canaria
“Hay que iniciar la
resistencia a estas políticas reaccionarias”
Manuel Marrero Morales *
¿Golpe de estado, toque de queda,
estado de excepción? ¿No son estas las causas que traen consigo en las
dictaduras la prohibición de los derechos y libertades fundamentales? Pues
parece que en el Parlamento Canario en el día de ayer, el Vicepresidente económico,
el Sr. Soria, ha decretado que se eliminan los derechos y libertades
sindicales, o lo que es lo mismo, ha dictaminado que quedan en suspenso todos
los acuerdos anteriores que se han firmado entre Gobierno y Sindicatos
referidos al profesorado. ¿Dónde está el Estado de Derecho y los responsables
de preservarlo?
Los
trabajadores públicos dependientes del Gobierno Autónomo Canario ya hace años
venimos sufriendo el continuo incumplimiento de los acuerdos firmados con las
organizaciones sindicales; no obstante, jamás se había llegado a los límites de
los dos últimos años. Recordemos, como el caso más escandaloso, el
incumplimiento del referendum sobre el asunto de la homologación, convocado por
el Gobierno, y que no tuvo sonrojo alguno en incumplirlo, frente a un 80% de
rechazo del profesorado consultado.
Este anuncio del Sr. Soria
significa el mayor atentado del Gobierno Canario a los derechos de los
trabajadores y a los acuerdos firmados entre sus representantes y, en este
caso, la Consejería de Educación. Acuerdos todos, que en su mayor parte son el
producto de las luchas de los trabajadores, por mejorar la Escuela Pública y
también las condiciones de trabajo del profesorado.
Han comenzado el año cerrando
ciclos en la Formación Profesional, continuaron produciendo el mayor expediente
de regulación de empleo de la historia reciente de Canarias dejando en la calle
a centenares de profesores, en los centros no se cubre la mayor parte de las
sustituciones del profesorado que está de baja por enfermedad, se han recortado
todos los proyectos, se intenta aplicar todas las normas de desregulación
laboral eliminando los criterios de antigüedad y méritos con que durante tres
décadas se han ido confeccionando las listas de interinos y sustitutos (únicas
sujetas a control democrático en toda la Función Pública Canaria) para
introducir elementos escasamente objetivables y absolutamente irrecurribles
como son las calificaciones de una oposición. ¡Qué tremenda responsabilidad les
traslada el Gobierno a los tribunales, cuya función era la de valorar la valía
de cada opositor ante unas pruebas determinadas y que, sin embargo, se van a
convertir en los que decidan quiénes tendrán un puesto de trabajo y quiénes no,
al curso siguiente!
Pero la gota que colma el
vaso de estos desmanes es el comentado anuncio del Sr. Soria, hecho en sede
parlamentaria, por el cual “deja en suspenso” (¡qué ostentación de poder
dictatorial!) todos los acuerdos suscritos hasta ahora con los sindicatos de
enseñanza. La crisis lo justifica todo, todo lo que no les concierne a sus
bolsillos o al de sus amigos o familiares. Con este motivo, recuerdo Tebeto, no
me olvido del caso éolico, ni del caso de la pesca del salmón, ni de Las
Teresitas, ni tampoco del Puerto de Granadilla, ni de Arona, ni de lo que te
rondaré morena con otros negocios similares,
ni de otros muchos asuntos que han salpicado de escándalos recientemente
a la sociedad canaria, y que hemos visto con estupor e indignación cómo cientos
de millones de euros se han ido por el sumidero de la corrupción a enriquecer
los bolsillos de algunos elegidos.
Estos gobernantes son un
peligro para la democracia. A los afectados nos toca organizarnos para
resistir, y no ceder ni un ápice en las conquistas de los trabajadores. Si
permitimos estas agresiones, les estamos dando el permiso definitivo para que
nos pierdan el respeto. El año y medio que les resta en el poder tienen que
mirarse cada día al espejo, cada semana nos tienen que oir frente a sus
palacetes, en cada inauguración la bienvenida debe ser una pancarta
recordándoles lo que están haciendo con los servicios públicos esenciales como
son la sanidad y la educación.
Estos gobernantes no nos los
merecemos. Y no se marcharán si no los echamos con nuestros votos en las urnas
y nuestras movilizaciones en las calles.
* Miembro del Secretariado
Nacional del STEC-IC