En el 113 aniversario de “El
Guanche” (IV)
EL CAMPESINO CANARIO
EL CAMPESINO CANARIO
Después
de haber probado las decepciones, engaños y falsedades del mundo, en los
grandes centros industriales, donde hasta la conversación tiene algo de tanto
por ciento, donde el hombre trata al hombre la mayor parte de las veces con una
segunda intención, con la idea preconcebida de utilizarle oportunamente. Donde
el dios oro lo es todo: fraternidad,
amor, amistad en fin. Después que el hombre haya saboreado el acíbar de esta
sociedad culta. Después de todas
estas agudezas á que nos ha llevado la sociedad
es cuando dá gusto y conforta el ánimo observar la vida inocente de nuestro
pueblo en el campo.
Junto
á nuestros campesinos cambia súbitamente la idea errónea que habíamos
formado de la humanidad.
¡Cuanta
diferencia del lenguaje galano y correcto de la clase educada en las capitales!
En
el campesino no admiramos el estilo conciso y elegante, (gracias á los gobiernos
que no en balde se llaman padres tutelares del pueblo), pero en cambio nos llena
el corazón emocionando nuestro sér, su lenguaje rudo y franco donde se
advierte la verdad íntegra; su labio solo dice lo que su alma quiso decir.
El
hogar de nuestros campesinoses es un templo. Allí pueden venir á contemplar el
modelo del matrimonio, el respeto del hijo al padre, el amor de la madre al
hijo.
La
caridad que predicó el martir del Gólgota es la guía de nuestro pueblo rural.
El
viajero en nuestras islas, siempre que toque en la puerta de una choza,
encontrará la mitad del pan de quien la habita, á más del cariño fraternal
que se le brinede ¡Cuántas veces hemos observado la satisfacción que se pinta
en el rostro de nuestro labriego, cuando el transeunte como el pan o bebe el
vino que expontaneamente le brindó!
¡Quien
favorezca una vez en cosa alguna á este honrado tipo canario, puede estar
seguro que el corazón del beneficiado no le olvidará jamás. Por el contrario,
se desvelará esforzándose por recompensar al bienhechor.
Su
trato, respetuoso y afable, nos parece á veces exceso de humillación, cuando
solo es hábito en su exagerada cortesía.
La
solidaridad, entre ellos, parece innata, en el trabajo ó en la desgracia. Los
sociólogos tendrían que admirar el fondo altruista
que caracteriza á estos hermanos nuestros.
Es
proverbial en los campos de las Canarias: “Vale más un mal arreglo que un
buen pleito”, por lo que en último caso acuden a la ley, la cual odian como á su mayor enemigo.
Su
temperamento pacífico, los perjudica en cierto modo.
Aún
cuando carecen de instrucción sus juicios son rectos, sus argumentos llenos de
lógica, lo que prueba el estado de sanidad de su cerebro.
No
obstante las inícuas contribuciones que los diezman hasta apenas dejarles un puñado
de gofio, ó arrebatarles sus chozas si el año ha sido malo y no pueden
cumplir con los leoninos impuestos, no obstante estas iniquidades (del nunca
bien ponderado gobierno) causa muchas veces de que tengan que abandonar la
patria, familias enteras, cual si fueran los judios de antaño, no obstante todo
esto, decimos, son tardíos en rebelarse.
Pero…….¡ay!
cuando se deciden.
Es
un solo impulso, una masa compacta, que amenaza sin temor á nada ni á nadie;
sin director ni instigador alguno, quieren todos lo mismo cual un solo hombre;
donde vá uno, el más insignificante tal vez, por ahi van los demás.
Se
han dado casos en alguna de las islas, donde los padres de la patria han enviado
un parásito de los tantos que abundan en la corte, á recaudar por
contribuciones y cédulas, y así que los laboriosos se enteraron del objeto, se
acabó para él la comida y el agua, cual si hubiera ofendido con su presencia y
su objeto á una solo familia.
Bien
conocedora la madre patria del carácter
de estos segundos guanches por el inmenso
amor que hacia ellos siente, reduce lo más que puede los centros de
instrucción y todo aquello que tienda á ilustrar á nuesros hermanos. ¡Bendito
sea su amor!
¡Y
hay quien le dé la razón á estos filántropos,
directores y dueños absolutos de nuestras Afortunadas!
No
seremos nosotros. Tanto nos encantan las costumbres, trato y leatad de nuestros
campesinos, cuanto odiamos y cambatimos los causantes de sus desdicha, su
ignorancia y su pobreza.

Campesinos canarios de principio del siglo xx
MovimientoUPC
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