En el 113 aniversario de “El Guanche” (IV)

 

EL CAMPESINO CANARIO

 

En las páginas 6 y 7 del número 1 de El Guanche, editado en Caracas el 18 de Noviembre de 1897, aparece este delicioso artículo dedicado a nuestros campesinos. La caracterización que en el se hace de nuestros compatriotas nos resulta bastante familiar a todos ¿Seguirá la misma situación dentro de otros cien años? De todos y cada uno de nosotros depende, para lo cual es muy, pero que muy importante que nuestras asambleas, nuestro comportamiento democrático y nuestro espíritu libertario marquen nuestras agendas y no lo haga el colonialismo.

 

EL CAMPESINO CANARIO

 

Después de haber probado las decepciones, engaños y falsedades del mundo, en los grandes centros industriales, donde hasta la conversación tiene algo de tanto por ciento, donde el hombre trata al hombre la mayor parte de las veces con una segunda intención, con la idea preconcebida de utilizarle oportunamente. Donde el dios oro lo es todo: fraternidad, amor, amistad en fin. Después que el hombre haya saboreado el acíbar de esta sociedad culta. Después de todas estas agudezas á que nos ha llevado la sociedad es cuando dá gusto y conforta el ánimo observar la vida inocente de nuestro pueblo en el campo.

 

Junto á nuestros campesinos cambia súbitamente la idea errónea que habíamos formado de la humanidad.

 

¡Cuanta diferencia del lenguaje galano y correcto de la clase educada en las capitales!

 

En el campesino no admiramos el estilo conciso y elegante, (gracias á los gobiernos que no en balde se llaman padres tutelares del pueblo), pero en cambio nos llena el corazón emocionando nuestro sér, su lenguaje rudo y franco donde se advierte la verdad íntegra; su labio solo dice lo que su alma quiso decir.

 

El hogar de nuestros campesinoses es un templo. Allí pueden venir á contemplar el modelo del matrimonio, el respeto del hijo al padre, el amor de la madre al hijo.

 

La caridad que predicó el martir del Gólgota es la guía de nuestro pueblo rural.

 

El viajero en nuestras islas, siempre que toque en la puerta de una choza, encontrará la mitad del pan de quien la habita, á más del cariño fraternal que se le brinede ¡Cuántas veces hemos observado la satisfacción que se pinta en el rostro de nuestro labriego, cuando el transeunte como el pan o bebe el vino que expontaneamente le brindó!

 

¡Quien favorezca una vez en cosa alguna á este honrado tipo canario, puede estar seguro que el corazón del beneficiado no le olvidará jamás. Por el contrario, se desvelará esforzándose por recompensar al bienhechor.

 

Su trato, respetuoso y afable, nos parece á veces exceso de humillación, cuando solo es hábito en su exagerada cortesía.

 

La solidaridad, entre ellos, parece innata, en el trabajo ó en la desgracia. Los sociólogos tendrían que admirar el fondo altruista que caracteriza á estos hermanos nuestros.

 

Es proverbial en los campos de las Canarias: “Vale más un mal arreglo que un buen pleito”, por lo que en último caso acuden a la ley, la cual odian como á su mayor enemigo.

 

Su temperamento pacífico, los perjudica en cierto modo.

 

Aún cuando carecen de instrucción sus juicios son rectos, sus argumentos llenos de lógica, lo que prueba el estado de sanidad de su cerebro.

 

No obstante las inícuas contribuciones que los diezman hasta apenas dejarles un puñado de gofio, ó arrebatarles sus chozas si el año ha sido malo y no pueden cumplir con los leoninos impuestos, no obstante estas iniquidades (del nunca bien ponderado gobierno) causa muchas veces de que tengan que abandonar la patria, familias enteras, cual si fueran los judios de antaño, no obstante todo esto, decimos, son tardíos en rebelarse.

 

Pero…….¡ay! cuando se deciden.

 

Es un solo impulso, una masa compacta, que amenaza sin temor á nada ni á nadie; sin director ni instigador alguno, quieren todos lo mismo cual un solo hombre; donde vá uno, el más insignificante tal vez, por ahi van los demás.

 

Se han dado casos en alguna de las islas, donde los padres de la patria han enviado un parásito de los tantos que abundan en la corte, á recaudar por contribuciones y cédulas, y así que los laboriosos se enteraron del objeto, se acabó para él la comida y el agua, cual si hubiera ofendido con su presencia y su objeto á una solo familia.

 

Bien conocedora la madre patria del carácter de estos segundos guanches por el inmenso amor que hacia ellos siente, reduce lo más que puede los centros de instrucción y todo aquello que tienda á ilustrar á nuesros hermanos. ¡Bendito sea su amor!

 

¡Y hay quien le dé la razón á estos filántropos, directores y dueños absolutos de nuestras Afortunadas!

 

No seremos nosotros. Tanto nos encantan las costumbres, trato y leatad de nuestros campesinos, cuanto odiamos y cambatimos los causantes de sus desdicha, su ignorancia y su pobreza.

 

Campesinos canarios de principio del siglo xx

 

MovimientoUPC 

 

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