Canarias no tiene mar

 

 

Narcotráfico, cayucos, terrorismo islamista y piratería pueden acceder sin cortapisas a la zona atlántica de las Islas.

El mar canario, aguas para la impunidad

 

Cándida Carballo – Diario de Avisos - Santa Cruz de Tenerife

 

Canarias no tiene mar. Es así de simple. Este Archipiélago donde vivimos y que forma parte del territorio español se estructura legalmente como naves aisladas en el Atlántico. Cada una de sus islas vive a la deriva en el Océano que las baña. Esto es casi como decir que Canarias no existe como unidad territorial, aunque el Estatuto de Autonomía diga lo contrario. Me explico: cuando uno parte del puerto de Santa Cruz de Tenerife y se dirige al de Las Palmas de Gran Canaria, por poner un ejemplo, lo hace por aguas internacionales. Y así ocurre con todos los pasillos marítimos que transitamos cuando nos desplazamos en este Archipiélago. Este limbo legal es un territorio abonado para la impunidad. La masiva llegada de inmigrantes ilegales por vía marítima, primero en patera y después en cayuco y el cambio de rumbo de las rutas del narcotráfico de cocaína procedente de América, que tenían su meca en las costas gallegas y, cuando los controles se volvieron más estrictos, decidieron hacer parada y trasbordo en las costas de África Occidental, para acabar su periplo, aunque fuera a modo de trampolín, en Canarias son dos buenos ejemplos del desamparo en el que se encuentran estas Islas, definidas como una encrucijada entre América, África Europa, y que, precisamente, por su proximidad con el territorio africano, están al alcance de la mano de piratas y terrorismo islamista. Hasta ahora, la Yihad solo ha rozados las Islas a modo de lugar desde donde se recauda para mantener las organizaciones extremistas en el Magreb: Marruecos, Mauritania o Argelia sufren con asiduidad atentados de musulmanes radicales, especialmente contra intereses europeos.


Esta inestabilidad africana ha recuperado, incluso para el uso lingüístico el significado de la palabra piratería. Hasta ahora, el asalto y secuestro de los barcos sean cargueros, petroleros o de pasajeros, se producía en aguas lejanas: Indonesia o el Cuerno de África, sobre todo al norte de Somalia. Solo en 2008 se pagaron más de 150 millones a los piratas en rescate por los barcos que habían secuestrado en el Golfo de Adén, y varios países, entre ellos España, han desplazado efectivos militares -barcos y aviones- para tratar de impedir los secuestros. Pues bien, las condiciones geopolíticas de esta zona son similares a la de nuestros vecinos de África Occidental: la inestabilidad y la falta de estados realmente consolidados. En su último informe sobre la región, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, dice que el tráfico de drogas, la piratería marítima, el tráfico de personas y la proliferación de pequeñas armas continúan afectando la seguridad de los países oeste africanos.


La desaparición en el Atlántico del Arctic Sea ha hecho disparar todas las alarmas en Europa. Esta vez, el carguero de bandera maltesa y tripulación ha desaparecido en aguas supuestamente civilizadas y fue detectado por última vez a finales de julio en aguas de Portugal, cuando se dirigía a Argelia. Desde entonces nada se sabe de su paradero, pese a que está siendo buscado por la marina rusa por todo el Atlántico.


El caso del Artic Sea es el claro ejemplo de que Canarias no queda tan lejos para los piratas, cuyos puertos de partida pueden ser, perfectamente, las playas del Sáhara, las Mauritanas, o las de sus vecinos más al Sur. Los mismos países que durante años han permitido por desidia o por incapacidad que las pateras y los cayucos salgan de sus playas. Solo la toma de conciencia de Europa y la llegada del Frontex han logrado contener la llegada de inmigrantes. Ahora, asoman los piratas. Esta vez no tan lejos. Esta vez han llegado a Portugal.

 

Fuente: Diario de Avisos, 16-08-2009