REFRESCANDO LA MEMORIA (XIV)
Carta y proclama de Agustín Peraza Betancourt al Ayuntamiento de La Laguna
Santo
Tomás, 4 de marzo de 1817.
M.I.S.
Don Agustín Peraza Betancourt, natural de
esa Provincia, y residente en las Colonias Americanas a V. Señoría con el mayor respeto, Dice: Que movido de un celo Patriótico, a causa de cuanto
observa fraguado por una Política
Maquiavélica, y un Gobierno Monopolista, ha podido su débil pluma, guiada por los estrechos límites de sus pocas
luces, dirigir la adjunta Carta-manifiesto a
sus Compatriotas ¿Qué mejor Órgano puede, el exponente, M.I.S., preferir, que esa
Corporación, que se mira como única tabla que ha salvado (en tiempos más
remotos), esa preciosa Provincia del naufragio? ¿Qué otra de las siete, o seis restantes, supo poneros a
salvo, siendo antimural a las orgullosas tentativas de Despóticos
Mariscales?
I.S.: V. Señoría en todas épocas ha servido a las de las
demás Islas de puro estímulo a seguir los
altos sentimientos Patrióticos: procurar el bien general de esas Islas ¿Qué diré? esas siete Provincias si se
comparan con las que en esta América tienen este nombre, son siete; pero
componen una, como cuadro de una sola
familia que todas relaciones los une con unos mismos
estrechos Vínculos.
El amor a mi Patria, a esa
Patria donde tengo el honor de haber nacido,
me estimula a no sepultar en el olvido el que debo a mis conciudadanos; y menos cuando observo la impolítica de una
Autoridad, que labra su lucro, al mismo
tiempo que no contento con la de los miserables que por desgracia manda, si también la irreparable ruina de
los de un País distante 1.024 leguas de
Piélago fluctuante.
No Señor, no pueden mis ojos
ver este espectáculo monstruoso, en perjuicio de
mis hermanos sin que mi Corazón, prevea el medio de repararlo: haga lo contrario el tropel de hijos
ingratos; que indirectamente, poseídos de una
rabia impotente, tratan de ultrajarla con sus tiros acertados.
El adjunto que igualmente
acompaña impondrá a V. Señoría y respetable público, los concurrentes a lisongear las esperanzas de un joven agobiado; mas mi alma
siente hasta ahora los ultrajes verificados en sus hermanos, a pesar de que se ha mudado todo el aparato de este aspecto
de cosas. En igual caso dirigí otro en la
exposición que por repetida remití por la
vía reservada a S. M. desde esta Isla.
Los fines primarios del
exponente son, I.S., el que V. Señoría como tan celoso por la felicidad de ese País
(único punto, como céntrico de sus atenciones),
se digne mandar imprimir la adjunta carta con inserción de esta humilde exposición; y que si esa Provincia ve
estampados los deseos y efusiones del corazón de un Compatriota suyo distante
de ellos 1.024 leguas, vea los no menos
susceptibles de V. Señoría a quien está confiada su suerte.
Nuestro Señor guarde a V. Señoría los más felices años que pueda y desea el
afectísimo compatriota.
Sri. Thomas 4 de Marzo de 1817
M. Itre. Sor. Agustín Peraza Betancourt
M.I.S. Justicia y Cabildo Pleno de la Ciudad de San Cristóbal de La Laguna.
AMADOS
COMPATRIOTAS.
Proclama de Agustín Peraza Betancourt.
A los alucinados, a los débiles y a los que
desprendidos del Justo deber Patria, yacen en la
inacción, solamente me dirijo en esta ocasión. Los honrados y leales no
necesitan mis insinuaciones en su carrera Política. Detesto al Despotismo y desprecio este fatal sistema, que sostenido
por el abuso, hace más estragos que la
cortante espada de los Conquistadores del mundo antiguo.
Siento la situación actual de este
continente, y la lloro, con todos los males pasados, y futuros, de
nuestra Patria. Oídme sin prevención y juzgad con
imparcialidad.
Un compatriota vuestro vive
casi ignorado, pero respira un aire libre; casi sumergido en la indigencia, pero tranquilo; recuerda a cada
momento la Catástrofe que en torrente
le ha presentado sus desgracias, mas se ve libre
de aquel terror Pánico que inspira a los opresos la arbitrariedad del Déspota, que para desgracia de centenares, le fue
confiada por el Soberano Congreso Nacional
la suerte de esos Pueblos: y el que observando ya sus manos trémulas no pudo por más tiempo desolarlos 1.
Sí, vosotros os acordaréis
que en el año de ocho, época en que ya la Patria agonizante, la amenazaba una total ruina, que hubiera sido
inevitable, y vístose el
fruto de la perfidia de aquel que os mandaba; al mismo tiempo que en vuestra sangre tenía Vinculado su
Patrimonio; y el mismo que con el epíteto
"Ilustre mandatario, aún conoce cierta horda que componía su séquito, y
que rendían sus Almas al vil principio de la adulación; unos por grangear los
puestos más decorosos de vuestras Milicias; y otros para asegurar su subsistencia; no en el corvo arado, como el labrador
de los campos, y menos como el industrioso
artesano, sólo como un Otacusta de
las más simples operaciones; un Gobierno lleno de estas contradicciones; y el que con una sola señal confiscaba vuestros
bienes. Sí compatriotas, seis o siete
años en que tornó mayor incremento este sistema indolente, decayó vuestro floreciente comercio; y éste
circunscrito a un cierto número de
facciosos 2.
Mas esto había pasado, cuando creyendo
habría desaparecido de entre nosotros una
fatal semilla, único germen de una guerra intestina, no, aún quedaban sus
residuos, y era preciso no perder momento a la primera oportunidad, en que
poniendo en ejercicio los resortes de la audacia, conseguir la venganza. Para
esto era muy preciso, obtuviese el mando militar de la Provincia un hombre que,
por su propensión natural, se ofuscara con los corrompidos miasmas de la adulación. Llegó sí, llegó el deseado
día en que arribó a la Gran Canaria el ya citado duque del Parque; aún su
nombre no era conocido, y menos cuáles sus facultades por
la extrañeza de su destino, y hallarse en la
misma actualidad en el uso de las suyas el Capitán General de la
Provincia, cuando, ya se ve una acusación contra un eclesiástico, ya un libelo infamatorio contra el
habitante honrado, y que no tuvo influencia alguna en las opiniones políticas,
ya una delación contra un prelado regular, etc. etc. De manera que en un
instante los ánimos de dos Partidos
robustos, erigieron a SE en un Gran Sultán (aunque SE recibía con
serenidad todos perfumes).
Ilustrísimo y Reverendísimo
de todas las Religiones le vimos en menos tiempo que el que media del Ocaso a los crepúsculos de la Aurora. Un
gran Sultán lo erigieron, y el se erigió con
cuanto le iba suministrando vuestra flexibilidad,
y su Cara hipócrita. No saciándose su sed implacable con los holocaustos
que se le tributaron en la Isla de Gran Canaria; y lo que debe llamar la
atención de todo hombre despreocupado, haber sido [sucedido] en un Pueblo serio, y que contiene las Principales
Autoridades, y tribunales. Veíamos a
Canaria ya con los aspectos de la China, no faltaba más sino formar el gobierno, policía y costumbres que
forman el evangelio de los chinos, al paso que la de Tenerife observaba
una política más sólida y siempre enérgica,
sin permitir se rompiese o rasgase el manto de la majestad de sus Pueblos, y los de las cinco restantes que
siempre le prestan su voz, "ha sido largo este episodio".
Pobres victimas de su furor fueron muchos
de nuestros hermanos y de la horrible
ambición de su Auditor interino don José del Serró, después de haber
sufrido una vida que ya les era pesada, y sostenían en obscuros calabozos con
alimentos escasos, y groseros que formaban parte de su martirio, hasta la
última noche que estuvieron en este mundo. Así terminaron sus preciosas vidas, y en tan lamentable estado hubieran corrido
con paso acelerado a consumar su
sacrificio los restantes, a no haber merecido la atención del M. I. Cabildo de la Ciudad de San Cristóbal de La Laguna.
Sí, amados Compatriotas,
esta Ilustre Corporación tan celosa por vuestra felicidad; ella fue, ha sido, y
será la tabla que en tiempos más remotos ha salvado a nuestra
Patria del naufragio, y en crisis mayor supo romper
las vergonzosas cadenas con que el Despotismo de otros mandatarios, empuñando un cetro de hierro, quiso ligar a
los antiguos Isleños; ligarlos al monstruoso carro de sus abominables
triunfos. Sí, se pensó gravaros con
pensiones exhorbitantes, y afianzar en vuestra sangre
el Patrimonio de una larga familia cuya sucesión aparece indefinible 3.
El amor a esta Corporación
le miraron nuestros abuelos como sagrada, y recibida
en parte de su educación. Ésta fue el órgano por medio del cual lograsteis ver
representada esa Provincia en una Junta Suprema que, no obstante la separación de la Gran Canaria, supo con magnanimidad sostener
vuestros derechos, vuestra libertad, vuestros intereses y vuestro honor; fue
antemural a las tentativas de aquel orgulloso Mariscal, que se había prometido la ruina de ese País.
La Ciudad de San Cristóbal
de La Laguna fue el punto céntrico de nuestras atenciones, y en el que veíamos reunidos los votos de una
voluntad general. Omito traeros a la memoria los tiempos en
que este Cuerpo Patriótico, tomó sobre sus
hombros la superior empresa de defenderos de las pensiones con que se os quiso
oprimir, y a las que no podríais soportar, al mismo tiempo, que veríais
los campos incultos, pueblos sin habitantes, y así vuestro comercio interior y exterior, en el último punto de su
exterminio; las pocas especulaciones
estarían restringidas, extendiéndose su lucro a la Pandilla de facciosos, que mirarían, como miran
con predilección los Déspotas; no,
no amados compatriotas, no pudo la Isla de Tenerife, y su Ilustre Municipalidad,
ver esta ruina sin que su corazón la reparace 4.
También os acordaréis de los
tristes acontecimientos que tuvieron su concurrencia en la Isla de Lanzarote en
los años de 10 y 11, y últimamente en casi toda la Provincia, donde debía tener su trascendencia respecto
a que, si aquella luchaba gloriosamente por sacudir el yugo de un
tirano, la Provincia entera lo sostenía
encorvada por el superior de ella 5, y componiendo todas el cuadro
de una misma familia, todos debíais estar poseídos de un mismo espíritu.
Sí compatriotas, sostened con constancia,
en cuanto podáis, vuestra adhesión al
desgraciado Monarca; pero detestad todo Gobierno que, infringiendo las Leyes y estatutos que os gobiernan,
quieran haceros el hidibrio de sus
máximas perniciosas.
Don Pedro Rodríguez de la Buría ¿Qué digo? Aquel Mesías, aquel a quien
os adheristeis con tanto entusiasmo, entusiasmo que os degrada en parte, pues las puertas de los templos y edificios
particulares no estuvieron exceptuadas de contener estos caracteres
"Viva La Buría", cuando debías seguir el
más noble y propio de todo Canario, '"Viva la Patria".
Este [Pedro Rodríguez de la Buría] llegó en unos días aciagos, con perspectivas
halagüeñas, al paso que allá en su retrete formaba otra Apología de vuestro Carácter, ofreciéndosele con
vuestra candidez (que esta clase de
mandatarios atribuyen a pusilanimidad, aunque lo contrario lo tenéis acreditado, como lo expresa el autor de la
Geografía Universal, que hace el análisis de nuestro clima y sus influencias),
un campo donde serenaría los sustos
y congojas de allá..., preguntadlo a los habitantes de la Albuera.
Os alarmasteis para lanzar a aquel
antecesor [el duque del Parque] de este
[Pedro Rodríguez de la Buría] que, poco ha, [el duque
del Parque] había (como siempre)
atropellado el sagrado derecho de gentes, y aquellos sentimientos que nos inspira siempre la
humanidad: quebrantó lo sagrado de la
clausura; arruinó gran parte de vuestros montes para formar dos Cañoneras, que han sido tan útiles a nuestra
Patria como si hubiesen estado sobre
el Gran Teide; sacó caudales de la Consolidación, dejando exhaustas sus
cajas; desorganizó su plan de oficinas, y a la heroica resistencia del principal de sus custodios se siguió a éste, y
otros subalternos, ir condenados a
sufrir un destierro en medio de una horrible roca privado de su empleo,
excluido de sus familiares y de toda sociedad. Al tiempo de su embarque se
exploró el único baúl que se le permitió, haciendo varias dimensiones en él con
un bastón un satélite de este Nerón, pues como no le unía relación alguna con el País por ser Español, S.E. o diremos lo
juzgó propio para esta comisión. Don José Álvarez les acompañó en el
mismo destino, sin otro delito que manifestar sus sentimientos con respecto al
muelle y cañoneras: que el primero era empresa de largos días, y las segundas jaulas de canarios: ¿No se hallan
confirmadas sus expresiones?, ¿fue
en esto criminal? Como lo soy yo en recordaros estos tristes momentos. Si lo era ¿por qué no le formó causa? Para que
subrepticiamente, a la media noche,
lo saca escoltado de la prisión, y le embarca, sin
dejarle disponer de sus intereses.
A muchos ocupó el terror Pánico, y a muchos
encandiló la estrella que como magnate de la Corte traía por distintivo; bien
conoció S.E. los efectos que había causado
su presencia, no en las Islas, que sería agraciarlas, sí sólo en Canaria; bien supo su política
hacerles difundir llevaba cuño; pero,
¿cuáles eran las minas y los químicos que traía?
La Gran Canaria es un Pueblo ilustrado;
pero la antigua rivalidad con respecto a
Tenerife, no les dejaba conocer cuanto carecían de verosimilitud
sus artificios; se pasa a Tenerife pensando serían sufridos, con desprecio de
sí mismos. No. ¿A quién debieron nuestros hermanos el remedio a sus males? Al Ilustre Cabildo de la
Capital de Tenerife al mismo tiempo que, reasumiendo en sí accidentalmente el
mando, posesionó en él al que aclamaba una gran parte del Pueblo sencillo,
bien sea por aquellos sentimientos emanados
siempre como deseos de la paz, o ya por el reciente suceso.
A los principios de su
gobierno [Pedro Rodríguez de la Buría] no dejó (como que era preciso) de observar una política con
que engañaba al incauto populacho; aparentó lo
sensible que le era la actual situación, que manifestó como crítica, una calamidad general, pero esta sinceridad de
sentimientos, al parecer, era una máscara que ocultaba los que nutrían
su pecho. Dígalo el suceso, entre otros:
¿Qué beneficios hizo a los pobres en días
tan amargos, que una gran parte los iba a devorar la
hambre? Los despreciaba: no hizo el
más mínimo sacrificio.
Sí compatriotas; los Ilustrísimos Cabildo
Eclesiástico, Reverendo • Obispo e Ilustres
Cabildos seculares de la Ciudad Real de Las Palmas de Canaria y San Cristóbal de La Laguna, tendiendo una
ojeada sobre el cuadro triste que ofrecían a su
vista los miserables pueblos, atendieron a sus necesidades: redoblan sus afanes, se constituyen tutores de la orfandad
y protectores del mendigo. Vuestro
reconocimiento hacia ellos debe ser, eterno,
y para mantenerlos en la dignidad [en] que les ha colocado la pluralidad de los pueblos, debéis sacrificar vuestra
sangre, que siempre es preciosa, y
aceptable la víctima cuando es inmolada en el Altar de la Patria.
Despertad del letargo en que yacéis, e
imitad al fuego adormecido entre las frías cenizas que, al menor ímpetu del
aire, prende en los combustibles que le rodean.
Las Américas Septentrional y Meridional os contemplan.
Venezuela, a causa del terremoto, pudo ser
reconquistada por nuestros Paisanos; fueron, para conseguirlo, sacrificados
nueve mil o más al mando de su Caudillo
don Domingo Monteverde, quien, después de defender la causa de España y
recibidas dos heridas, se le premió con un arresto y,
consumada su remuneración, ir a España bajo partida de registro.
Los Isleños dieron la
entrada el año de
[Borrón] sus
operaciones: corren los Isleños con estos motivos en turbas a las Banderas de la República; las relaciones que los unen con
las familias del País y sus Generales, ha borrado en éstos los procedimientos anteriores con que violaron el juramento prestado de
la independencia, único requisito que exigió la
República de nuestros compatriotas originarios: considerándoseles como
Canarios, pues la circunstancia apuntada los eximía de las presiones que por
Ley general se debía ejecutar en los Españoles.
Vuestra heroica constancia, firme y noble
altivez cuando tratáis de vuestra causa general, merece de los Americanos los
mayores aplausos: noticiosos por los acontecimientos anteriores y ulteriores,
para no rendir vuestra cerviz a ningún
usurpador, dicen: manifestáis no estar poseídos de un
espíritu mercenario, del que son susceptibles los combatientes de un Príncipe,
sino de un entusiasmo Nacional, de unos defensores de sus hogares, derechos y privilegios, que saben recibían
las efusiones del corazón, de sus hermanos y el de sus amadas: corona de
laureles al que merezca por su Patriotismo se
les llame Salvadores de su Patria.
Compatriotas: ocho mil bayonetas sostienen
la causa de Costa Firme; su fuerza naval
asciende a 138 buques, inclusos 18 buques que antes de ayer salieron de este Puerto donde se hallaban, con
el destino de depositar en la Tesorería de
esta Ciudad millón y medio. El trece de este debe reunirse la Escuadra frente de La Guayra,
para desembarcar el número de tropas que debe considerarse ocupan una línea de
esta porción. Las esperanzas del General Morillo se dice están
desvanecidas; abandonó a Cartagena, dejando
un comandante con su guarnición, y ahora se halla en Panamá, siendo su objeto
ir a atacar al Alto Perú. Se ignora qué número de tropas le quedan de los catorce mil hombres que trajo;
sólo se infiere que despechado va a reunirse con algunas divisiones del Rey;
mas, ¿el éxito de la empresa cual será, cuando Montevideo y Buenos Aires
que, en absoluta independencia, sostienen
[noventa mil ?], y tantos mil hombres entre Caballería
e Infantería, y que las tropas del Rey en el Alto Perú son atacadas por las de aquel Reino que mucha parte está
insurreccionada?
Todo lo ha acarreado la
impolítica del Gobierno Español. Un gobierno que, según
las intenciones de ese pobre desgraciado Fernando, objeto de nuestros votos, debía ser suave, laborioso, y
exento de contribuciones: mas, todo es un abuso.
Un tirano que logró por los
influjos de sus protectores un mando de Provincia, todo
su conato ver si hace su patrimonio de los Pueblos; sí con su sangre, yo lo
digo a la par de muchos que en ocho meses lo palpamos en Puerto Rico. A la faz
del mundo exclamaré lo que en esta os anuncio.
Los Americanos por su
carácter son dóciles; en ellos se ven enlazadas la hospitalidad y la humanidad, y una política más discreta hubiera
calmado la fermentación; pero los medios de que se han usado precisamente
causan horror. Este ha sido el germen de la nueva insurrección, al que ha contribuido la violación que hizo el Comandante
Monteverde en la Capitulación que se
celebró entre éste y el General Miranda, procedimiento del que no podremos
dispensarle, y menos lo haré yo cuando trato de despojar esta carta de aquel disfraz de que suele valerse
la parcialidad: lo manifiestan los documentos que conservo, como públicos.
Compatriotas: el objeto de este anuncio no es otro, sino el manifestaros
los resortes de la audacia, y que este
laberinto de cosas cesarán cuando el Gabinete Inglés
deje de ser su ambición ambigua. Debemos suponer esas Islas, tan
repetidas veces invadidas por esta Nación,
en un estado de equilibrio, y que por medio de la misma Política con que ha coadyuvado a la insurrección de las
Américas, quizá llegará el momento de
tratar a título de aliados internarse, y que vengan vuestros pechos a ser la muralla inexpugnable de su orgullo y
altanería.
Cubierto mi rostro de vergüenza y mi
corazón de amargura y dolor, veo desde aquí
humear las cenizas de nuestros hermanos, insepultos en los campos de batalla donde fueron sacrificados, no
por disposición de la Junta de Coro,
sí sólo por el caudillo Monteverde que, desobedeciendo a esta Autoridad, instó en seguir sus designios: alarmó
todos cuantos eran procedentes de
esas Islas, unos por las persuasiones y otros por la violencia, cuando estaban en uso de sus bienes y privilegios:
les hace violar el juramento
prestado y, dando un ejemplo inaudito, se concitan el odio de la Patria.
Esta política del Sr. Monteverde acarreó
estas desgracias a nuestros hermanos. Mil
cuatrocientos Canarios y Americanos, lloraban en los calabozos de Caracas y La Guayra,
y sufrían a todas horas los efectos de su infidencia a la República; mas
besaban la mano del Dios omnipotente que así probaba su constancia y sus particulares virtudes; sufrían
igualmente a todas horas los insultos de
una gavilla tan insolente como cobarde, si así debe
llamarse, los que pretendían saciar su saña en hombres encadenados y no en los
libres, que se presentaban en el Campo.
Compatriotas; sí; así sufrían los Canarios
en la América los resultados de su
ingratitud, al tiempo que allá, en el País natal de sus padres, en la misma época sufrían también sus deudos las
vejaciones de un soberbio, cuyos
procedimientos mitigaba lo inferior de sus fuerzas a las de un usurpador de
Venezuela, sólo su rabia impotente pudo saciarse en los miserables que
se hallaban en los encierros y sin comunicación, tanto en Lanzarote como en Canaria y Tenerife.
¿Todo lo adoptó su arbitrariedad? No, no,
sus esperanzas prometidas las supisteis desvanecer; os acordasteis
erais libres y, conociendo el derecho de
gentes, no debíais ver con paciencia ese abuso por un poder colosal que no conocía más Ley que su capricho. Igual motivo es
el germen de la insurrección de las Américas; y los tres Países que hasta esta
fecha se mantienen pacíficos sólo parece una mera política, y las
contribuciones exhorbitantes que los van a aniquilar parece empiezan a
fermentarlos.
Amados Compatriotas:
Vosotros que empeñáis este para mí más que dulce nombre, no puedo por más
tiempo sellar mis labios, ahogando estos sentimientos,
máxime cuando un acontecimiento inesperado me ofrece la suficiente
materia que demuestra el documento original^ y que la Ilustre Corporación creo hará insertar.
El Cuerpo Patriótico de la
Ciudad de La Laguna, a quien dedico esta Carta que contiene las efusiones de mi corazón: sí, del de un infeliz
distante de vosotros mil veinte y cuatro leguas de piélago
fluctuante: sufre expatriado, a causa de cuanto le ha preparado un Despótico
Europeo, y lo que me hubiese con tiempo
redimido, si hubiese tenido a mano 200 ducados que exhibir: igual porción exigía don Juan Ramírez Cárdenas de don
Pedro Lorenti, cuando a título de..., ¿qué diré?, de nada,
querían oprimirle éste resistía, y
en fin consiguió su libertad. Esos sátrapas velan sobre vuestros intereses:
Observad su conducta y dad testimonio de vuestro honor a los Pueblos que os contemplan; lanzad, como siempre
esos Monopolistas; y pensad que sois
una misma familia.
Si esa Provincia la componen 567
Poblaciones, porción que excede a la de que se componen muchas de la de
América, especialmente la de Venezuela que
se señaló como la primera que, levantando el Pendón de su Independencia, resonó su voz en los más remotos
Países del Globo, así como el mortero
al tiempo de la explosión anuncia su sonoro estrépito a la bóveda Celeste. Si reina entre vosotros esa discordia que
devora los pueblos y separa las familias, imitad a los habitantes de las 17
Provincias de los Estados bajos del Norte:
no conocen más, ni se glorían de otro epíteto que este: "Uno e indivisible", "la
Unión hace la fuerza".
La fuerza física no puede
por sí sola subsistir, sin consolidarse con la moral: Cesen esa rivalidad con
que os miráis los habitantes de Canaria con los de las demás: pues bien sabéis que es la fuente inagotable de la
disensión. Vuestro honor, vuestras conciencias y
vuestros intereses están sellados bajo estos
sólidos principios: la anarquía es tan perjudicial que llega a ser más
gravosa que la dominación del mayor de los tiranos, y ésta suele ser introducida por una mano extraña para el logro de
sus proyectos; hace derramar la sangre inspirando la desconfianza del
gobierno que obtienen los del País, cuando
ellos son los susceptibles de este recelo.
Sumisos y obedientes a las
autoridades creadas en nuestra Patria, como que en estas Corporaciones está representado el Pueblo Isleño, y
los que jamás deben mereceros desconfianza, como
nacidos en un mismo suelo, y las demás
circunstancias características por los que hayan merecido otra elección. En ellos no debe suponerse el menor
indicio y menos escrutables sus
disposiciones. Una experiencia acreditada, como experto físico, nos hace ver lo indispensable en las actuales
circunstancias, inquirir los arcanos de todo gobierno que reside en
magistrados que no los unen ningunos vínculos con el País de su mando.
Omito algo más porque
parecerá ridículo a los fanáticos: Vosotros mismos sois testigos oculares de los sucesos, en que mediando estas
circunstancias que en esa no menos que en otro
País han tenido concurrencia. Bien conozco
echarán mano algunos ahora de su política, para manifestar aquello que les sugiere su egoísmo, pero no es
bastante remero que detendrá mi tosco cálamo;
hágalo el tropel de hijos ingratos que miran su Patria con la total indiferencia, y cuyos procedimientos la
ultrajan.
Si por un acaso llegare el
momento [en que] acepte decisivamente lo propuesto no, no será compatriotas para usar de la negra ingratitud,
no podrán ninguna de las miserables familias de
nuestros hermanos, despojos lamentables, de la inhumanidad de los Españoles en
Costa Firme; será para mitigar las
reliquias del resentimiento republicano, y enseguida todos cuantos sean procedentes de ahí lo verificarán, como
en la actualidad, para vengar estos y otros ultrajes.
¿A quién no indignará ver
una pandilla de Españoles entrar en aquellos pobres albergues de la indigencia (a cuyo
estado reduce la falta del difunto esposo o
amoroso padre), saquearles sus alhajas pobres y violar lo más
sagrado de este sexo? Compatriotas una llama que forma el fuego volcánico de sus pechos, aumenta los Ejércitos. La
Religión y la humanidad exclaman en auxilio de unas pobres familias que
han perdido los autores de sus días por
defender la causa de España, y ahora son el juguete de los mandatarios que indirectamente las oprimen por
medio de sus subditos, disolutos como inmorales.
Suspended vuestra venida a
la América, que ha degenerado en una emigración clandestina; cerrad los oídos al Gobierno que os llame con
falsas ofertas. Tratan [de] ver si
vosotros, en el caso indudable formáis la trinchera que formó Pirro con los
elefantes. ¿Por qué nuestros compatriotas han de derramar la sangre para
asegurar los intereses que han adquirido los Gobiernos por medio del Monopolismo?
La desgracia a que ha
reducido a muchos de esas Islas las que hizo el Gobernador e intendente de
Puerto Rico ya por sus particulares cartas lo sabréis.
Deseo no lleguéis a expatriaros; mi corazón, sensible a este cúmulo de males que os prepara un Gobierno
indolente, no puede prescindirse de inspiraros los resortes de su impía
política.
Compatriotas, purgad la
Patria de esta perniciosa semilla y, viviendo en la sociedad a que el Cielo destina al hombre, os llamaremos los
Defensores de su Patria.
Sn. Thornas Marzo 4 de 1817 Agustín
Peraza Betancourt.
AMAR Y CONOCER
Notas:
El Duque del Parque, don Vicente Cañas
Porto-Carrcro, que abusando del dócil carácter de los habitantes de la Gran Canaria,
prostituyendo la Justicia, sostenía el espionaje de que eran sus instrumentos
algunos aduladores [Nota de V.P.B.]. V. el capítulo I de
esta obra.
1. Don
Fernando de la Vega, Marqués de Casa-Cagigal; quien fue depuesto del mando de la
Provincia, por el Populacho; y Juzgado por la Suprema Junta, que se instaló en la M. N. Ciudad de San
Cristóbal de La Laguna, cuya legítima
autoridad le remitió a Cádiz bajo partida de registro, donde se le exhoneró de todo
cargo, arrestando al
oficial y piquete
de su custodia,
cuyo procedimiento debió
graduarse agravio indirecto a la Suprema Corporación de nuestro suelo [Nota de A.P.B.].
B. Bormet y Reverón: La Junta Suprema de Canarias, introducción
de Antonio Ruméu de Armas. La Laguna, 1948, hay reedición
reciente: Sebastián Padrón Acosta: "El General Cagigal. La Tarde. Sarita
Gruz de Tenerife,
4 de octubre de 1948: A. Millares Cantero: "1810: ¿Conspiración
separatista en Las Palmas? Propuesta de reinterpretación sobre el trienio de
tonante del pleito insular decimonónico", Revista de Historia Canaria, Universidad de La Laguna, 1984-1986, 174, pp.
255-375.
4. Alude
al asesinato hecho en el Intendente que, oprimiendo a los habitantes de Canarias, había acopiado considerables sumas; se
suspendió la Plaza de este Ministro, y recayó la administración del Erario, o
inspección en el Gobernador y Capitán
General de la Provincia. El Párrafo de sucesión alude a que esta clase de sátrapas enviados de España al
desempeño de sus destinos, siempre sus procedimientos
abusivos tienen trascendencia, a los que le suceden [Nota de A.P.B].
Se refiere
a la muerte en 1720 del Intendente losé Antonio de CevaJlos
en Santa Cruz de Tenerife, como resultado de un
levantamiento popular (Vid. O. Brito González: Conflictos
jurisdiccionales en Canarias durante el siglo XVHl
(Aproximación a su estudio). CCPC, ''Taller de Historia", Santa Cruz de Tenerife, 1990). La formal resistencia que se hizo al Papel Sellado, medio que se
adoptó para tonante del pleito insular decimonónico",
Revista de Historia Canaria, Universidad de La Laguna, 1984-1986, 174, pp. 255-375.
Extenuar a
los Pueblos: dos Países hasta ahora bajo el Gobierno Español, en la América, sufren esta pesada carga; es uno de los
motivos primarios [de que] lleguen a
insurreccionarse. En uno que es la Isla de Sari Juan Bautista de Puerto Rico,
bendicen a las Islas Canarias por esta resistencia, y a la par de esto las Colonias de otras Naciones las
contemplan, capaz de medio millón de
combatientes, y de un Carácter Nacional cuyo entusiasmo es la defensa de sus hogares [Nota de A.P.B.].
La Isla de Lanzarote no
podía sufrir el Monopolismo de don Bartolomé José de
Guerra, su Gobernador de Armas; por la primera hacia de su Cabildo general, se depuso a éste, y se posesionó en él al
Sargento Mayor de su Regimiento Provincial
don José Feo de Armas [Nota de A.P.B.].
* Extraído del libro: Amados Compatriotas: Acerca del impacto de la
emancipación americana en Canarias.
Manuel de Paz-Sánchez
Edición. Ayuntamiento de La Laguna
Centro de la Cultura Popular Canaria
La Laguna 1994.
Redacción
El Guanche