Se
conmemora los cien años de volcán Chinyero, la última erupción en Tenerife
Chinyero:
temor y curiosidad
Tenerife vivió hace hoy un siglo su última erupción volcánica. El
fenómeno aterrorizó al principio para luego convertirse en una atracción casi
turística.
Hoy se cumplen 100 años
de la erupción del volcán Chinyero, situado en la linde de los municipios de
El Tanque y Santiago del Teide. Tenerife no ha vuelto a ver surgir la lava de
sus entrañas desde aquel 18 de noviembre de 1909, una jornada en la que ese
"parto de la tierra" atemorizó a la población tinerfeña para, con
el paso de los días, convertirse en un espectáculo natural y una atracción
casi turística que convocó a centenares de excursionistas y curiosos.
La erupción del
Chinyero se vivió al principio con mucho temor, sobre todo en las poblaciones más
cercanas, como Santiago del Teide (antiguo Valle Santiago), El Tanque,
Garachico, Icod, Los Silos, Buenavista, Guía de Isora o Vilaflor. Muchos caseríos
de la zona, aislados y sólo comunicados por caminos para bestias, fueron
abandonados tras las primeras horas de la erupción.
Con el paso de los días,
y tras comprobarse que los brazos de lava no suponían una grave amenaza, se
inició un notorio peregrinar de curiosos e interesados en el fenómeno. Para
cuando el grueso de la población rural de la zona recuperó la calma,
centenares, si no miles, de personas habían acudido ya a la llamada de un
espectáculo que el periodista Leoncio Rodríguez, fundador de La Prensa, definió
como "la mejor atracción que podía imaginarse para fomentar el tourismo
y dar a la isla renombre universal".
A continuación se
narran testimonios, anécdotas e informaciones de aquellos días de noviembre de
1909 que ayudan a imaginar cómo vivieron los tinerfeños esta erupción que duró
diez días. El 22 de noviembre, en mitad del fenómeno, el corresponsal de El
Progreso ya anunciaba su hermosa inocuidad: "La supuesta hecatombe ha
quedado reducida a un fenómeno maravilloso de una grandiosidad que
espanta".
"¡Una montaña
reventada!".- Antonio de Ponte y Cólogan fue destacado colaborador
del gobernador civil en funciones durante la gestión de la crisis de la erupción,
Manuel Luengo, y autor de una memoria histórico-descriptiva sobre el fenómeno,
reeditada este mismo año por el Ayuntamiento de Santiago del Teide. De Ponte
inicia su trabajo narrando el testimonio de Antonio Cabrera, de La Culata
(Garachico), que el día de la erupción se encontraba sembrando trigo en compañía
de varios peones "cuando sintió de pronto un ruido estrepitoso con
violentos movimientos del terreno, que sobrecogió grandemente a los
presentes". No se dieron cuenta de lo ocurrido hasta que alguien, situado
en una zona más alta, gritó: "¡Una montaña reventada arrojando
fuego!". Esto fue bastante para que "todos pusieran pies en polvorosa
sin aguardar a más y tomando distintas direcciones".
"Un bando de
palomas".- El estudio científico de Lucas Fernández Navarro también
detalla la experiencia del testigo más cercano que se conoce: el agricultor de
San José de los Llanos José Hernández, quien, acompañado de su hijo Miguel y
un burro, se hallaba a un centenar de metros del Chinyero. Sus palabras las
reflejó el Colectivo Arguayo en el primer número de la Revista Chinyero, en
1986. Este hombre de campo relataba que sintió temblar la tierra y escuchó
"un hurrido que miré al cielo creyendo que pasaba algún gran bando
de palomas... al mismo tiempo el hacha comenzó a repicar sola contra el trillo,
entonces vinieron unos pastores de Las Manchas que dijeron vámonos que de
esto tiene que dimanar algo malo. En ese momento reventó el volcán".
Y atrás dejaron el burro.
"Salimos
corriendo".- Este agricultor tanquero continuaba su relato indicando
que la montaña "dio un gran berrido y los escobones saltaron al aire,
subiendo a una altura como de tres pinos grandes, dando vueltas, revueltos con
el humo y la tierra negra y colorada. También salían piedras grandes, pero no
se veía fuego. Todo al llegar arriba se distendía, y empezaron a caernos
arenillas calientes que no se aguantaban en la mano. Y ya no vimos más porque
echamos a correr". El alcalde de Icod en esos días envió un telegrama al
gobernador a las 20:00 horas del día 18, que fue reproducido en periódicos de
la época, donde confirmaba que Valle Santiago había sido abandonado por el
vecindario. Según señala el colectivo Arguayo en su revista, "la huida
fue precipitada, ya que no se cerraron puertas y los animales quedaron
abandonados". Agustín Eduvigis Soto, de Santiago del Teide, narraba a EL DÍA
en 1981 cómo vivió la huida del volcán, con sólo 11 años de edad: "Decían
que había reventado el Teide. Se oyó un estallido potente y salimos con toda
la gente hacia el Lomo de Hijada (...). De allí nos fuimos al Cherfe, donde
vivimos ocho días". Atemorizados por el rojo resplandor del volcán, el
humo y la ceniza.
Pánico popular.-
Leoncio Rodríguez, testigo y cronista de la erupción, señalaba que las gentes
de la zona "denotaban en sus semblantes una amargura y una zozobra
inmensas... El pánico se había enseñoreado de sus almas sencillas". Temían
perderlo todo. De Ponte cuenta en su memoria cómo los vecinos de "La
Culata se reunieron en un lomo de lava de una antigua erupción, convencidos de
que volcán no corre sobre volcán". Sobre el miedo entre los
pobladores, De Ponte escribe: "Triste era el cuadro que se ofrecía. Allí
había enfermos que fueron transportados a hombros; mujeres que sollozaban; niños
y ancianos que gemían dolorosamente; sus ganados en revuelta confusión; los
muebles de sus pobres viviendas amontonados (...) Y allá entre las sombras del
crepúsculo oían los bramidos del monstruo".
"El fin del
mundo".- EL DÍA publicó en febrero de 1957 una entrevista con un
anciano de Masca testigo de la erupción -citada por Marcos Brito en su obra
"Erupción del Chinyero a través de la prensa"-, quien afirmaba que
muchos creyeron entonces que "había llegado el fin del mundo". Por
eso, narra que "corrimos por esas lomas y riscos como si los persiguiera el
demonio". El miedo de la gente queda claro en un telegrama enviado el
primer día de la erupción por el alcalde de Icod al gobernador: "Pueblo
tiene ya miedo (...) Noche infunde pavor grande". El día 20, La Opinión
publicaba otro telegrama: "Icod desierto. Campesinos tirados en las
carreteras". El mismo día, El Progreso informaba de que "los vecinos
de El Tanque han abandonado sus hogares. Algunos se han resistido porque su
extrema pobreza les impide residir en otra parte".
"Cañones
invisibles".- Leoncio Rodríguez definió así la erupción:
"Nuestra mirada se cegaba ante el fulgor infernal de aquellas lenguas de
fuego que parecían arrancar con horrible estrépito de las entrañas más
hondas de la tierra (...) Cañones invisibles atronaban el espacio y enormes
proyectiles cruzaban los aires, dibujando caprichosas figuras que se deshacían
en miles de fragmentos (...) Grandes borbotones de fuego bajaban por la montaña
como masas de lacre derretido". El fundador de La Prensa se refiere al
Chinyero como una "terrible fragua". El cronista Felipe P. Ravina
habla en el artículo "Junto al volcán", del Diario de Tenerife de 24
de noviembre de 1909, del "monstruo" y de "una fragua
colosal". De Ponte añade: "Imposible expresar con la palabra la
potencia colosal de aquellas invisibles catapultas que lanzaban peñascos
enormes a una altura prodigiosa". Respecto al olor, este último cronista
lo califica como "el propio de la fragua".
Velocidad moderada.-
Informaciones de diferentes periódicos de la Isla señalan que la lava se
desplazaba a una velocidad de "unos seis metros por hora". De Ponte la
elevaba, al menos el primer día, a
"No sin mi
cerdo".- El periódico La Opinión publicó el 26 de noviembre un
breve donde informaba del regreso de Valle Santiago de una ambulancia con dos
ancianas enfermas: "Una de ellas, que vivía en los altos de Tamaimo, no
quería abandonar su choza ni un cerdo que era su única propiedad, hasta que la
lava fue casi cercándola. En esos momentos de peligro, los ambulantes salvaron,
con gran exposición de sus vidas, la de la obcecada e infeliz anciana".
Cigarros en la lava.-
Antonio de Ponte asegura en su memoria que desde el primer día de la erupción
"había tan poco peligro en aproximarnos a la lava que podíamos encender
los cigarrillos en las mismas piedras que recogíamos". Sin embargo, sí
reconoce el riesgo de las piedras incandescentes lanzadas a gran altura o la
lluvia de cenizas encendidas que les impedía acercarse a alguna de las bocas
del volcán. Felipe P. Ravina aseguraba en el artículo citado que la lluvia de
escorias "causaba pequeñas erosiones en la piel en un radio de tres kilómetros
alrededor del volcán".
Los touristas.-
Desde el segundo día de la erupción, Antonio de Ponte ya cita a los muchos
turistas "de ambos sexos" que acuden al Chinyero. Incluso nombra al
alcalde de la Orotava y otros tinerfeños de renombre que llegan a la zona,
"acompañados de sus señoras". La prensa publica anuncios de
"excursiones al volcán". El investigador Marcos Brito cita que
"muchas personas transitan la zona como si fueran de parranda, tocando la
guitarra y cantando". La Opinión informaba el 27 de noviembre de que el 25
de madrugada "partieron para el lugar de la erupción distinguidos miembros
de la colonia inglesa de La Orotava (...) Incluidas distinguidas señoras y señoritas
extranjeras que residen temporalmente en el Puerto de la Cruz". En esa
edición, Emeterio Gutiérrez informaba desde Icod: "Llegan diariamente
infinidad de viajeros a visitar los lugares de la erupción. Verdaderas
caravanas de touristas asaltan los pocos hoteles de la población y
escasean las caballerías para transportar tanto viajero".
Dos mil personas.-
El Progreso informaba el día 22: "Por todas partes hemos encontrado
excursionistas, formándose una romería pintoresca. Calculamos que ya han ido a
presenciar el espectáculo más de dos mil personas".
El bulo del dique.-
De Ponte narra su encuentro con vecinos de San José de los Llanos y El Tanque,
"armados con palos y en actitud hostil", convencidos de que el Marqués
de San Andrés, dueño de la mejor finca de Valle Santiago, trataba de construir
una pared o dique para desviar la lava hacia El Tanque. De Ponte asegura que
convenció a los exaltados de la falsedad de esta "habladuría", pues
"no hay fuerza humana capaz de contrarrestar este tremendo elemento".
El secretario de Cruz Roja ratificaba la impresión de De Ponte el día 23 en un
telegrama enviado al gobernador donde decía que "dadas las enormes
dimensiones de la lava, comprenderá usted la inutilidad de presentarle obstáculos
artificiales para desviar su curso".
"Consulten
ingeniero".- La idea de orientar la lava ya se le había pasado por
la cabeza al alcalde, el juez y el cura párroco de Valle Santiago, que el día
20 escribían al gobernador pidiendo que "consulten a un ingeniero si
obstaculizando con piedras podría desviarse la lava de este pueblo".
Procesiones.- De
Ponte señala que varios núcleos llevaron en procesión hacia los brazos de
lava a sus imágenes más veneradas: el Cristo de Valle Santiago, el San José
de Los Llanos o la Virgen de Guía de Isora. "Todos reclamaban luego para
su patrón la honra del milagro. Sobre todo los de Erjos y Los Llanos, para
quienes su San José apagó dos veces la boca del poniente del volcán". El
Colectivo Arguayo cita también en "Chinyero" las procesiones de Santa
Ana, San Joaquín y la Virgen de la Paz desde Tamaimo. Aún se mantiene la
tradición de llevar al Cristo hasta el calvario construido en el frente de la
lengua de lava que avanzaba hacia Valle Santiago, donde la tradición religiosa
indica que la imagen detuvo la lava. El día 24 de noviembre, el periódico La
Opinión publicaba un telegrama dirigido al gobernador donde el secretario de
Cruz Roja señalaba que "hoy han salido en peregrinación los habitantes de
la comarca llevando los santos por donde avanza la lava, en un espectáculo
conmovedor".
Sin telegrafistas.-
Los telegramas fueron el principal medio de comunicación de las novedades de la
erupción, quizá eso explique la noticia del día 27, donde se aseguraba que
"a causa del exceso de trabajo han caído enfermos los dos oficiales de telégrafos
de Icod".
El niño huido.-
El Progreso se hacía eco el día 29 de una noticia de un periódico de Las
Palmas sobre un niño de diez años de edad, vecino de Güímar, que huyó
atemorizado el día de la erupción, mientras cuidaba cabras y ovejas. Terminó
escondido en un barco en Santa Cruz que lo llevó hasta Gran Canaria.
Muy pocos daños.-
El volcán apenas provocó daños más allá del temor y las molestias causadas
a una población empobrecida y aislada, y la inutilización de "un terreno
poco productivo perteneciente al Estado donde sembraban centeno los vecinos del
Valle y Las Manchas", según De Ponte. Esta inocuidad se explica gracias a
su lejanía respecto a los núcleos de población, la corta duración de la
erupción y la bifurcación de los ríos de lava. La fecha del final de la
erupción no está clara, aunque De Ponte la da por terminada el 28 y señala
que el 2 de diciembre los cráteres están "completamente apagados".
Santiago
del Teide
Los
vecinos del municipio tinerfeño de Santiago del Teide conmemoraron este fin de
semana el centenario de la erupción del volcán Chinyero, última registrada en
la isla de Tenerife y cuya lava bordeó varios núcleos poblacionales del valle
de esta zona.
En peregrinación, los vecinos acompañaron a la imagen de Santa Ana desde la
iglesia de Tamaimo hasta El Calvario, en Las Manchas, como hicieron las gentes
del lugar hace cien años.
En un punto del camino se escenificó la recreación del "milagro" que
hizo desviar la lava del pueblo con la presencia de la Virgen, según cuenta la
leyenda.
Esta manifestación religiosa se ha mantenido, año tras año, desde 1909.
Las palomas mensajeras y el telégrafo ubicado en Guía de Isora, a pocos kilómetros,
fueron los medios de transmisión de este suceso.
Precisamente en Guía de Isora se celebró igualmente este fin de semana
"la fiesta del volcán", la única en que se rinde tributo a una montaña
volcánica.
En este pueblo, hace un siglo, también se sacó la Virgen de la Luz a la calle
y se le ofrecieron joyas para que paralizase el avance de la lava, cuentan los
vecinos.
En ese entonces, en los primeros momentos de la erupción, "nadie sabía lo
que pasaba", añaden.
--
--
-

18
octubre 2009