Declaración de
"Protagonismo popular, construyendo soberanía."
Nosotras y nosotros, organizaciones sociales y
políticas de diferentes países y continentes, y pueblos originarios, nos
reunimos en la ciudad de Asunción los días 23 y 24 de julio de 2009, en
Nos plantean desde los poderes estatales, financieros
y mediáticos que la crisis que atravesamos es una crisis financiera que puede
ser resuelta con la inyección de fondos al Fondo Monetario Internacional y el
Banco Mundial. Nunca en la historia del capitalismo se había otorgado tal
cantidad de dinero para el salvataje de las empresas privadas. Así se
benefician unos pocos que no casualmente son quienes causaron la crisis en un
primer lugar. El objetivo del salvataje es entonces que el casino financiero
siga funcionando, mientras millones de personas permanecen en la indigencia.
A la par, también promueven la idea de que estamos atravesando una crisis
alimentaria diciendo que es a causa de que países como India y China están hoy
aumentando su consumo diario de alimento. Pero esta argumentación no muestra
que hay un nuevo patrón de producción basado en biotecnologías de avanzada que
provocan la destrucción de la agricultura familiar-campesina, y las costumbres
campesinas e indígenas.
Este modelo productivo basado en la agricultura mecanizada, extensiva e
intensiva, con el uso masivo de transgénicos y agrotóxicos, impacta
directamente sobre el medio ambiente, destruyendo y afectando muy fuertemente
el clima del planeta. Es por esto que el segundo acuífero mas grande del mundo,
el Acuífero Guaraní, está en grave peligro de contaminación por la
implementación de este modelo extractivo de desarrollo que está ubicado
justamente en las zonas de recarga de dicho acuífero.
Esto viene de la mano de la idea de que estamos viviendo una crisis energética,
lo cual coincidió con una campaña mundial impulsada por países como EEUU y Brasil, donde se plantea la necesidad de aumentar la
escala del monocultivo de soja, maíz y caña de azúcar para la producción de
etanol y biocombustibles.
Frente a esto, nuestra conclusión es que se trata de una crisis integral del
capitalismo, que no es momentánea y que no se va a solucionar con la inyección
masiva de capitales. Esta crisis integral pone al desnudo el modelo de
desarrollo imperante. La respuesta a esta crisis integral debe ser también
integral. Hay que transformar el modelo de desarrollo para salir de la crisis.
Esto quiere decir que tenemos que construir un proyecto propio desde los
pueblos de América Latina.
Por ello hoy estamos en el proceso de construcción y reivindicación de la
soberanía alimentaria desde y para los pueblos. Creemos en la necesidad de una
producción autónoma, autogestionada y comunitaria, así como la distribución
popular e igualitaria. Defendemos el derecho a alimentarnos sanamente, y por
ello resistimos desde la defensa de las semillas y la producción agroecológica.
Es imprescindible rescatar la memoria y el patrimonio para el saber
identitario, desde la pluriculturalidad y desde la
puesta en el centro del territorio como base de la identidad cultural.
Asimismo, exigimos el diseño de políticas públicas que garanticen la soberanía
alimentaria.
Creemos que en el proceso de devastación de nuestros recursos continentales,
los pueblos originarios son los principales afectados. En ese sentido, exigimos
políticas claras que vayan en el camino de la autodeterminación y soberanía de
los pueblos originarios. Una de estas políticas es la generación de espacios
nacionales de negociación colectiva en el marco del Convenio 169 de
Reivindicamos la necesidad de construcción de una soberanía energética donde
los pueblos podamos disponer libremente de nuestras fuentes de energía así como
buscar los modos más convenientes para lograrlo. Vemos esta necesidad
particularmente hoy en el caso paraguayo, donde se ha convertido en una causa
nacional la recuperación de la soberanía energética sobre las represas de Ytaypu con Brasil y de Yacyreta
con Argentina. Aquí reclamamos la revisión de las deudas binacionales y la
posibilidad de que el pueblo paraguayo goce de libre disponibilidad y obtenga
el precio justo sobre el 50% de la energía allí generada.
A su vez, impulsamos la creación del movimiento de víctimas de cambio climático
y la instalación de los tribunales de
los pueblos sobre justicia climática. Es central lograr el fortalecimiento
de las legislaciones, pero fundamentalmente garantizar el funcionamiento de la
justicia hacia las comunidades y territorios más vulnerables como afectados por
el cambio climático y la deuda ecológicas. En el mismo sentido, exigimos la
incorporación de políticas climáticas en las políticas públicas. Exigimos a los
gobiernos del Mercosur que reclamen a los
responsables del Norte el reconocimiento y pago de la deuda ecológica en todas
las negociaciones internacionales. Y hacemos un llamado a la movilización
global por la justicia climática en el marco de la reunión cumbre de Naciones
Unidas sobre cambio climático en Copenhague.
También sabemos de la necesidad de construir soberanía financiera desde
nuestros países, donde nos paremos en contra del pago de las deudas ilegítimas
adquiridas a espaldas de nuestros pueblos. Tomamos el compromiso desde nuestros
movimientos y organizaciones de realizar una Auditoría integral ciudadana de
las deudas financieras, sociales y ecológicas generadas por la construcción y
funcionamiento de Itaypú y Yacyretá,
y el reclamo a los gobiernos involucrados (Paraguay-Brasil-Argentina) de hacer
lo mismo. Exigimos la restitución y reparación de las deudas ecológicas,
sociales, económicas, etc.
Asimismo, ahora más que nunca precisamos avanzar en la construcción de
alternativas de soberanía financiera que respondan a las necesidades y los
derechos de nuestros pueblos y la madre tierra. Al respecto, denunciamos la
lentitud, la falta de diálogo y las trabas que siguen obstaculizando la
creación del Banco del Sur. Reclamamos su inmediata puesta en funcionamiento, resguardando el principio de “un país-un
voto” en todas sus instancias y niveles de decisión, y la necesidad de que
esté al servicio de una integración desde los pueblos y para la transformación
del modelo productivo vigente.
Exigimos que además se abran espacios y mecanismos formales de información y
participación de la sociedad en la creación y funcionamiento del Banco del Sur.
Llamamos a los movimientos y organizaciones sociales a multiplicar las acciones
de sensibilización, debate y movilización acerca de la creación de este y otros
instrumentos de una nueva arquitectura regional, como podrían ser una unidad de
cuenta sudamericana, como el sucre, y un sistema regional de reservas.
Apoyamos la decisión de los gobiernos de Bolivia y recientemente de Ecuador de
salir del CIADI, mecanismo de solución de
controversias sobre inversiones dependiente del Banco Mundial. Demandamos que
los países de la región asuman igual compromiso, así como avancen en el rechazo
de los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI).
Rechazamos cualquier forma de tratado comercial que violente la soberanía de
los pueblos.
A su vez, repudiamos la represión constante y la criminalización de las luchas
de campesinos y campesinas por obtener un pedazo de tierra. Esto sucede en todo
el continente, pero se ve hoy con mayor crudeza en Paraguay. Estas represiones
se volvieron sistemáticas y se realizan bajo el amparo de fiscales y jueces,
que las hacen parecer legales. Exigimos
el cese de las políticas de criminalización de la pobreza y de judicialización
de la lucha social, así como la derogación de las llamadas leyes
antiterroristas. Asimismo reclamamos el desprocesamiento
de todos los luchadores y luchadoras sociales en toda América Latina.
Del mismo modo, rechazamos la militarización creciente del continente promovida
por los Estados Unidos y sus aliados en la región y exigimos el retiro de
También expresamos nuestro rechazo al golpe de estado perpetrado recientemente
en Honduras y exigimos la inmediata restitución de Manuel Zelaya, legítimo
presidente electo por este pueblo hermano. Apoyamos la lucha del pueblo
hondureño por la institucionalidad democrática y el derecho a sostener al
presidente que ellos mismos se han puesto. De la misma manera, repudiamos
firmemente la violencia militar y policial ejercida contra este pueblo.
Alentamos la iniciativa del grupo del ALBA en convocar a sus asociados y hacer
declaraciones de apoyo al gobierno de Zelaya. De la misma forma, los pueblos
debemos esforzarnos de profundizar las diferentes alternativas de integración
regionales que buscan enfrentar al sistema capitalista desde otro modelo. Del
mismo modo, creemos que sería importante que los presidentes del Mercosur avancen en el mismo camino.
Es por todo esto que nosotros y nosotras hoy seguimos en el camino de la
construcción de una integración latinoamericana desde los pueblos,
fortaleciendo nuestra identidad regional. Sabemos que para ello debemos seguir
en este proceso de lucha de nuestros pueblos para construir un nuevo sujeto que
sea el protagonista de su historia y de su cultura.
Asunción, 23 y 24 de julio de 2009
Fuente:
ecaminos.org