Año
1991 CORTES GENERALES (España) IV Legislatura Comisiones.
Núm. 104
DIARIO
DE SESIONES DEL S E N A D O
COMlSlÓN DE PRESIDENCIA DEL GOBIERNO E INTERIOR
PRESIDENCIA
DE DON JUAN ANTONIO AREVALO SANTIAGO
Sesión
Informativa celebrada el lunes 28 de octubre de 1991
Orden
del día:
- Comparecencia
del señor Ministro del Interior, don José Luis Corcuera Cuesta, a petición del
Grupo Parlamentario Mixto, para informar sobre los hechos ocurridos el 28 de
mayo de 1991 en la Montaña de Muda, Isla de Fuerteventura (Las Palmas). (Núm.
Exp. 71 1/000027.)
Se
abre la sesión a las diecisiete horas y diez minutos.
El señor
PRESIDENTE: Se abre la sesión.
El señor
Letrado dará lectura a los nombres de los componentes de la Comisión para
conocer la asistencia y sustituciones, en su caso.
Por el señor Letrado se procede a la comprobación de
los señores Senadores presentes y representados.
El señor
PRESIDENTE: Les ruego se abstengan de fumar para cumplir con las normas de la
Mesa.
Vamos a
iniciar la comparecencia del señor Ministro del Interior, a petición del Grupo
Mixto, para informar sobre los hechos ocurridos el 28 de mayo de 1991 en
la Montaña de Muda, isla de Fuerteventura (Las Palmas).
Tiene la
palabra para intervenir y exponer la petición de comparecencia don Gerardo Mesa
Noda.
El señor MESA
NODA:
Gracias, señor Presidente.
Buenas
tardes, señor Ministro. Después de tanto tiempo de haber solicitado la
comparecencia, parece que ha perdido un poco de actualidad el asunto.
Creo que la comparecencia que solicitaron mis compañeros
era para que se explicaran los hechos que ocurrieron en la Montaña
En
principio tengo que decir que se trata de una isla, un territorio discontinuo y
escaso, con una población también escasa, de unos
Como
comprenderán, 3.500 personas uniformadas en un contexto de tan poca población
distorsiona totalmente la población aunque fueran monjas, y no eran
precisamente eso.
Empezaron
a ocurrir los lamentables hechos de que se queja la mayoría de la población de
Fuerteventura, como son el asesinato de un alcalde pedáneo en el pueblo de Guisguey; el asesinato de tres turistas; la muerte del
Presidente del Cabildo en un coche casi robado por un legionario; el secuestro
de un avión de Iberia en el año 1979; el intento de secuestro de otro avión en
el año 1986, si mal no recuerdo, cuando este Tercio era el encargado de vigilar
el aeropuerto, y a pesar de las quejas del jefe del aeropuerto, que decía que
si habían secuestrado anteriormente un avión cómo era que los ponían a vigilar
y a cuidar el aeropuerto un centinela fue el que intentó un segundo secuestro;
un tercer secuestro de hace unos meses; robo de embarcaciones; robo en la
población.
También
había que decir que en la isla de Fuerteventura, una isla donde si hay algo
escaso
Además
del campo de tiro se han constatado ejercicios de tiro en la Isla de Lobos, en
el Matorral; unos ornitólogos ingleses presentaron una queja ante el Ministro
por haber sido sorprendidos por ejercicios de tiro en una zona donde no había
ninguna indicación de que aquello fuera un campo de tiro. No solamente en el
campo de tiro hay maniobras, sino en toda la isla, estropeando, quemando, asaltando
casas de labor y sembrados, haciendo ejercicios y acampada incluso en
cementerios alegando que eran puntos estratégicos, haciendo ejercicios de
luchas callejeras en la zona del Castillo y en la zona de Ampuyenta
con balas de fogueo e incluso con helicópteros persiguiendo a los soldados
entre las casas; desembarcos de la Armada en las playas de Tarajalejo
y en Costa de Calma, donde están los turistas, lanzando cargas de profundidad en
zonas de pescas estacionales como
Todos
éstos son los hechos que la población esta 'constatando en la isla de Fuerteventura,
y esto de la estación en la Montaña la Muda no es un hecho aislado, sino que hay
que verlo dentro del contexto de la continua militarización a que está sometida
la isla de Fuerteventura.
Pues
bien, en este contexto, mientras que en la isla de Hierro se intenta establecer
una estación para el tráfico aéreo civil y otra militar, y la población de
Hierro se opone a la instalación militar, que no a la civil, en la isla de
Fuerteventura se está construyendo una estación cívicomilitar
no sé si para que no se pueda decir que no a una sin decir que no a
Efectivamente,
la gente del pueblo de La Matilla y yo también nos pusimos ante las máquinas
para evitar que aquella montaña fuera destrozada, ya que también hay unos
yacimientos arqueológicos en la zona, pero no es solamente por los yacimientos
arqueológicos, sino porque el pueblo y nosotros no sabemos hasta dónde va a llegar
la militarización de la isla de Fuerteventura.
Estando
en esta manifestación o en este bloqueo, si se quiere llamar así, de la
construcción de esta base para antenas militares y civiles que dicen que se van
a establecer allí, el capitán de
Entonces
me cogieron en volandas, y mientras me llevaban, uno de los guardias civiles me
dijo: «Camina, cabrón», y me dio con una porra en el pie derecho, dejándome cojo
durante tres días. Fui al hospital y tengo un parte médico donde se explica la
agresión sufrida. Pero no sólo fue un insulto y una agresión que a cualquier
ciudadano me imagino que afectaría y que no habría ninguna forma de defender,
sino que me transportaron a una zona pública, una pista, y cuando me dejaron
allí el capitán me dijo:
«Fuera de
aquí.» Yo le dije: «Estoy en un lugar público y
no hay nadie que me pueda decir que me vaya de un lugar de libre
circulación.» El me dijo: «Si quiere presentar una demanda, preséntela), y
entre cuatro guardias civiles me cogieron como un saco y me lanzaron dentro de
un «jeep», me sacaron de la zona y me dejaron libre.
Estos son
los hechos. Me extraña que haya pasado tanto tiempo después de esto, no digo
por mi condición de Senador, sino el simple hecho de cualquier
ciudadano, y que no haya habido ninguna respuesta por parte del Ministerio del
Interior.
Estos son
sencillamente los hechos.
El señor
PRESIDENTE: Muchas gracias, Senador Mesa,
Tiene la
palabra el señor Ministro del Interior.
El señor
MINISTRO DEL INTERIOR (Corchera Cuesta): Gracias, señor Presidente.
Señorías,
la verdad es que probablemente el tiempo transcurrido y la tardanza, ajena
totalmente a mi voluntad, porque es mi deseo comparecer cuando sus señorías lo
entiendan conveniente, nos ha permitido hacer un repaso de las cosas que
aparentemente han ocurrido en la isla desde el año 1979. Su Señoría dice que en
1979 hubo un intento de secuestro, nos ha hablado de
Dicho
esto, señor Presidente, señoras y señores Senadores, quisiera manifestar ante
todo -y espero que no quede de ello duda alguna- mi máximo respeto por quienes ostentan
la representación del pueblo y por las actuaciones que llevan a cabo en el
ejercicio de esa función representativa, el mío y estoy seguro que el de todos
los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Comenzaré
mi intervención haciendo una somera exposición de cómo se desarrollaron los
incidentes ocurridos el día 28 de mayo -por cierto, poco antes de las elecciones
municipales- en la isla de Fuerteventura, según la información que obra en mi
poder, exponiendo, a continuación, mis conclusiones derivadas del análisis de esos
hechos.
La
oposición activa a las obras que el Ministerio de Defensa pensaba realizar en
la isla de Fuerteventura comenzó ya en el mes de julio de 1990. El Ministerio
de Defensa decidió construir en la montaña denominada Hija de
Una
demora en la realización de las citadas obras suponía, como puede deducirse
claramente, un perjuicio, no sólo para la defensa aérea de Canarias, sino
también para el control y orientación del abundante tráfico aéreo civil del
archipiélago.
Planteada
así la necesidad de llevar a cabo esas obras y ante los primeros intentos de
impedirlas, a finales de agosto de 1990 el abogado del Estado presentó denuncia
ante el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número dos del Puerto del
Rosario, por coacciones de un vecino de Matilla, dado que éste había bloqueado
con un cable de acero y un muro de mampostería el acceso que conduce desde el
pueblo a la cima de la montaña, impidiendo el inicio de los trabajos.
Dicho
Juzgado, con fecha 14 de noviembre de 1990, dictó un auto mediante el cual
requería al denunciado a que facilitase el paso a
Este
auto, recurrido en reposición por el denunciado, fue desestimado con fecha 14
de enero de 1991.
A finales
del mes de abril del presente año, al disponer
El 3 de
mayo de 1991, un grupo de personas pertenecientes a un colectivo denominado
Plataforma por la Paz en Fuerteventura, a los que acompañaba su señoría,
visitaron al Delegado insular del Gobierno en la isla para que intercediera
ante los organismos oficiales con el fin de impedir la realización de las
obras. Ante la respuesta de que tales obras, además de necesarias, contaban con
todos los requisitos legales y que, por tanto, él no era quién para
intervenir y mucho menos interferir su desarrollo, le advirtieron que ellos
tratarían de impedirlas por todos los medios.
Los días
6, 7 y 8 de mayo tuvieron lugar los primeros incidentes al iniciarse las obras,
oponiéndose a ello un grupo de personas -en la información de que dispongo encabezadas
por el señor Senador Mesa Noda.
Los trabajos
volvieron a iniciarse el día 27 de mayo, y de nuevo un grupo de unas 30
personas, entre las que se encontraba el señor Senador, impidieron que las
máquinas excavadoras pudieran realizar su trabajo. Ese día fueron detenidas 12
personas, puestas a disposición judicial y dejadas en libertad tras prestar
declaración.
El señor
Mesa permaneció todo el tiempo -según me informan los miembros de
Finalmente, el día 28 de mayo otro grupo de personas
nuevamente encabezadas por el señor Senador, subieron a la montaña desde
primeras horas de la mañana, se colocaron sentados en
el suelo delante de las máquinas e impidieron el inicio de los trabajos. Ante
tal actitud, el capitán que mandaba la fuerza intentó dialogar con los concentrados
para que voluntariamente se retirasen del lugar y dejasen trabajar a los
obreros, a lo que el señor Mesa Noda se negó
verbalmente.
La
valoración que les puedo hacer de los hechos me obliga a estimar que el señor
Senador por Fuerteventura en ningún momento fue objeto de agresión física por
parte de
Sin
embargo, sé que su señoría alega haber sido herido con una porra en una pierna
por uno de los guardias civiles. Estos extremos no han sido reconocidos por los
agentes que le transportaban, ni tampoco fueron apreciados por el capitán que
caminaba al lado del Senador. Sin embargo, puede haber ocurrido y, sin duda, tuvo
que haber ocurrido, dadas las irregularidades del terreno e incluso el forcejeo
que se pudo haber producido, que, o bien por esas irregularidades del terreno o
bien cualquier roce con los propios miembros de las Fuerzas de Seguridad del
Estado, originara lo que el señor Senador ha relatado hace un momento.
También
quiero manifestar, señorías, que considero que la actuación de
No parece
que impedir la realización de unas obras totalmente legales y legítimas y que,
además, redundan en el beneficio de la defensa y del tráfico aéreo del
archipiélago canario sea precisamente una actividad desarrollada en
cumplimiento de su función como parlamentario.
El señor Senador en ningún momento resultó detenido, sino
simplemente apartado del lugar donde se encontraba, impidiendo el inicio de las
obras, por lo que no considero que se haya violado la inmunidad parlamentaria
reconocida en el artículo 7 1 de
Los
miembros de
La
actitud no hizo posible esa voluntad.
No me
cabe ninguna duda de que fue una situación desagradable para su señoría, pero
también lo fue, y así me consta, para los miembros de
Considero,
por último, señorías, que
Muchas
gracias.
El señor
PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Ministro.
Para
réplica, tiene la palabra el Senador Mesa Noda.
El señor MESA NODA: Gracias, señor Presidente.
Señor
Ministro, cuando hablo de todos los antecedentes desde el año 1975 -no 1979- es
simplemente para que usted y los miembros de esta Comisión comprendan por qué
el pueblo de La Matilla se opone a la realización de estas obras.
Ya sé que
son obras legales, pero es que en Fuerteventura legalmente se estableció la
Legión, que ha asesinado a las personas de que hablaba antes -sí, asesinado-,
que ha secuestrado al alcalde pedáneo, aunque usted diga que no, de un barrio
de allí; que ha asesinado a dos turistas, a otro más que tiró dentro de un
pozo, a un presidente de un cabildo, a un oficial, al que ametrallaron, y así
podría seguir con un largo rosario de problemas que ha causado la Legión en
Fuerteventura.
Con toda
legalidad se estableció un campo de tiro de 47 millones de metros cuadrados
allí; con toda legalidad, al parecer, se están haciendo ejercicios de tiro
fuera del campo de tiro, sin que haya ninguna valla ni nada que indique que
están realizando tiros; con toda legalidad, al parecer, están pasando las
tanquetas y los convoyes por encima de los sembrados y aunque el
Ministro de Defensa diga que en las reuniones de la UEO se habla de molestar lo
menos posible a la población haciendo los menos ejercicios posibles en el
campo, ya que hay modelos en ordenador para estudiar el movimiento de las
tropas, allí, a pesar de haber ese campo de tiro y maniobras, se están haciendo
también por toda la isla, y con toda legalidad estamos sufriendo continuas
agresiones y continuas militarizaciones de la isla de Fuerteventura.
Entonces,
el pueblo de La Matilla y mucha gente de Fuerteventura, cansado de todas estas
legalidades, se oponen a la siguiente legalidad, que es la instalación de estos
radares militares en la montaña de La Muda.
Y quiero decirles que en julio del año
anterior no estuve en ninguna de esas manifestaciones y las oposiciones que
allí se produjeron a la realización de las obras los días 6, 7
y 8 empezaron antes de que yo llegara; a mí me llamaron después para que me
uniera a ellas. Y cuando detuvieron
a esos doce, tampoco estaba yo presente; si no, a lo mejor me hubieran detenido
a mí.
Respecto
a lo de los «jeeps», estoy diciendo lo que ocurrió allí: nadie esperaba que no
fueran con «jeeps», pero es la primera vez que en Fuerteventura aparecen guardias
civiles con cascos y con toda esta parafernalia para disolver manifestaciones.
Allí nunca ha hecho falta, ni tampoco en ese momento hizo falta. Se veía que era para
amedrentar a la población.
Y en ningún momento me he quejado de que nos hubiesen cogido
en volandas a mí y a otros y que nos hubieran quitado de aquel sitio. Era la
manera que tenía el pueblo -y yo, acompañándole- de protestar por tanta militarización
de
Después
me evacuaron del camino que usted dice que abrió el cabildo, que es un camino
público, y allí fue cuando el capitán me ordenó que me retirara. Yo le contesté que estaba en una
zona de libre circulación, en una zona pública. Entonces me metieron entre dos
o cuatro guardias civiles en un «jeep», y las personas que entraron en él lo
hicieron voluntariamente para acompañarme en la evacuación, porque tenían miedo
de que me agredieran dentro.
De todo
esto hay testigos, señor Ministro.
Yo no me quejo de que me hayan sacado de aquella zona; entiendo que
es legal. La legalidad a veces también causa problemas a la población, como
estoy explicando.
Insisto,
no me quejo de que me hayan evacuado, sino de que me hayan agredido y me hayan
sacado de una zona de libre circulación. Por eso se le pidió que compareciera a
los pocos días del suceso, y podría usted haber llamado y preguntado. No es que
pida prerrogativas por ser Senador, ni mucho menos, pero lo que me hicieron no
se debe hacer a ninguna persona. Y tampoco se lo hicieron a ninguna otra, sino
que fueron a por mí; está claro.
El señor
PRESIDENTE: Muchas gracias, Senador Mesa.
Tiene la
palabra el señor Ministro del Interior.
El señor
MINISTRO DEL INTERIOR (Corcuera Cuesta): Muchas gracias, señor Presidente.
La
verdad, señoría, es que creo haber dejado claro cómo se tenían que haber
producido los hechos, es decir, cómo las fuerzas actuantes se tenían que haber
puesto a sus órdenes para que usted les ayudara a solucionar ese problema. Esto
no pudo ser así por la sencilla razón de que usted no estaba por la labor, sino
que estaba justamente por la labor de impedir a las Fuerzas de Seguridad que
cumplieran con su obligación.
He de
decirle, si me lo permite, que en su intervención vuelve a hablar en términos
históricos, pero generalizando.
Usted
habla de
De todas
formas, en este punto estoy dispuesto a rectificar si la Cámara lo considera
necesario y conveniente.
Lo mismo
ocurrió los días 27 y 28, y ya en el año anterior. ¿Cómo se puede desprender,
pues, que esa actuación policial haya sido incorrecta, cuando se ha aguantado
en más de cinco ocasiones la interrupción de unas obras que tienen toda la
cobertura legal?
Y vuelve su señoría a confundir los términos; tiene que ser,
necesariamente, porque su intención es ésa, ya que mezcla la militarización con
una torre de comunicación que en gran parte está enterrada, por lo que desde
todos los puntos de vista molestará menos al medio ambiente que otras antenas
de comunicación privadas que se han autorizado y que su señoría conoce
perfectamente -porque, si mal no recuerdo, o si no estoy mal informado, es posible
que las haya autorizado, por lo menos alguna, cuando estaba ocupando puestos de
responsabilidad-, y que no tiene por función aspectos militares.
Por
cierto, señoría, en algún lugar habrá que instalar un medio de comunicación
para la defensa del espacio aéreo. Pero, además, en estas circunstancias se da
la paradoja de que esa torre tiene una función mixta: civil y militar.
No hubo
agresión, señoría, o por lo menos no es ésa la información de que yo dispongo.
Es cierto
que se pusieron impedimentos a las Fuerzas de Seguridad del Estado para que
cumplieran con su función, y creo que usted estaba en la obligación de
colaborar con ellas como representante legítimo del pueblo y de esta Cámara. No
es normal que se interrumpan unas obras, sentándose en el suelo con otros, para
obligar a las Fuerzas de Seguridad a actuar, cosa que no hicieron antes, y que
no querrían haber hecho. Por eso le he dicho que me hubiera gustado que el
Capitán se hubiera puesto a sus órdenes para que su señoría le hubiera ayudado
a resolver algo que no tenía que haber ocurrido: coger a su señoría y a otros,
y levantarles en volandas -lo cual quiere decir que estaba usted sentado, y no
de pie- para llevarles a un «jeep» y alejarles del lugar. Y no pongo en duda que
tuviera un hematoma en su pierna, pero por la irregularidad del terreno, o
incluso puede que involuntariamente, se pudo producir el hecho que le originó
esa molestias, que soy el primero en lamentar, señoría, pero siempre que nos
pongamos de acuerdo.
Si su señoría no acepta que no
estaba allí con funciones de parlamentario, y que en ocasiones la función de la
policía es restituir la legalidad, y que cuando tiene que hacerlo, primero lo
hace por métodos no violentos, pero también la sociedad ha creado instrumentos
para ejercer la represión, si no acepta eso, insisto, es difícil que podamos avanzar.
Créame,
señoría, yo no me sentiría muy orgulloso de esa actuación si en vez de ser
usted, hubiera sido yo. No me sentiría nada orgullo interrumpiendo durante
cinco días la ejecución de unas obras que tienen todas las atribuciones
legales: desde las del municipio, por cierto, hasta las del Gobierno autónomo,
e incluso informes respecto de si allí había restos arqueológicos; es decir,
todas las bendiciones. Y habiéndose
puesto otras antenas de carácter privado con anterioridad, uno tiene que llegar
a la conclusión de que a veces las cosas no son como parecen, señoría. Y pregunto, ¿no tendría
eso algo que ver con una campaña electoral tan próxima en el tiempo? ¿No
tendría que ver una cosa con la otra? Algunos medios de comunicación, así se lo
recordaron pero, en ese aspecto no voy a hacer juicios de valor, aunque insisto
en que es posible que algo tuviera que ver.
Muchas
gracias, señor Presidente.
El señor
PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Ministro.
¿Desea
intervenir algún portavoz sobre este asunto?
Por el
Grupo Mixto, tiene la palabra su portavoz,
señor Cuevas.
(Pausa.)
El señor
CUEVAS GONZÁLEZ: Gracias, señor Presidente.
Señor
Ministro, voy a reiterar las palabras de mi compañero de Grupo, en el sentido
de que lamentamos la tardanza de su comparecencia.
Aunque
nos haya dicho que se debe a cuestiones ajenas a su deseo, no nos ha explicado
el motivo por el que ha tardado cinco meses en comparecer, Entiendo que su
señoría y su gabinete técnico estén muy ocupados en la redacción de varias
leyes, una de las cuales parece que va a tener como punto de partida
actuaciones como la que hoy estamos debatiendo y sobre la que pedimos
explicaciones.
Creo que
el señor Ministro quiere desviar el tema, ya que no se trata de una agresión a
un Senador, sino a un ciudadano. Con todos los respetos, señor Ministro, tengo que
decirle que cuando escuchaba el informe que usted acaba de leer me parecía
estar oyendo otro parecido olvidado ya hace bastante tiempo-, en el que se
incluían la manifestación de UGT y un informe de la policía o de
Y usted sí que hace juicios de intenciones,
porque habla de la campaña electoral como si el Senador Mesa estuviera incluido
como candidato en alguna lista electoral.
Creo que
no puede hacer juicios de intenciones; los hechos son como son: el Senador Mesa
fue agredido por
Entiendo
que hay que respetar la legalidad, pero también la voluntad popular, y la de
aquel pueblo es que no se militarice más aquella zona. Eso es así.
Usted no
puede hacer juicio de intenciones cuando dice: el Senador Mesa no fue agredido,
y se limita usted a un
informe que le ha dado
Yo le pediría a usted que se dirigiera al hospital de Fuerteventura,
al doctor Del Toro, para que le remitiera el parte médico que él emitió el 28 de mayo de 1991 sobre las
condiciones en que entró y lo que le había pasado al Senador. No me diga usted
que pudieron ser causadas por irregularidades del terreno; no, fueron causadas
por porras, porras como las que se han utilizado en Málaga para reprimir a los
trabajadores de Interhorce o el otro día en Manilva
para frenar el proceso de protesta en una cantera.
Y no quiero hacer una parodia de los guardias civiles o
Lo que le
quiero decir, señor Ministro, es que usted no puede hacer valoraciones en
función de lo que diga
Nada más y muchas gracias.
El señor
PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Cuevas.
Tiene la
palabra el Senador Bajo Fanlo, portavoz del Grupo de
Senadores Nacionalistas Vascos.
El señor BAJO
FANLO: Muchas gracias, señor Presidente.
Muy
brevemente, señor Ministro. Yo no quiero entrar a enjuiciar los hechos,
porque creo que los hechos están ahí y los enjuiciará quien le corresponda.
Únicamente quiero hacer constar algunas de las manifestaciones que ha hecho el
señor Ministro.
Dice el
señor Ministro que en ningún momento el señor Mesa fue objeto de agresión por
parte de las Fuerzas del Orden, porque ellos no lo reconocen. Me da la
impresión, por lo menos a mí me lo parece, de que al señor Ministro le merecen
más crédito las manifestaciones de los miembros de
Ha hecho
una manifestación que me parece que no era adecuada. Ha dicho que la intención
del señor Senador era la de confundir. Mire, no era mi intención el haber
intervenido, pero, francamente, desde mi condición de Senador le ruego al señor
Ministro que considere si efectivamente se ha obrado adecuadamente o si se
debía haber hecho una investigación de forma que los hechos hubieran podido ser
más claros.
Para mí,
señor Ministro, el señor Senador sigue teniendo más crédito que los miembros de
Muchas
gracias.
El señor
PRESIDENTE: Muchas gracias, Senador Bajo Fanlo.
Tiene la
palabra el señor Ministro del Interior.
El señor
MINISTRO DEL INTERIOR (Corchera Cuesta): Gracias, señor Presidente.
Señor
Senador, yo no mando a ningún guardia civil ni a nadie a ningún psiquiátrico, a
nadie. Ni hablo de «rojos». Yo formo
y establezco mis conclusiones como creo conveniente, exactamente igual que
usted. Yo no le digo a
usted cómo tiene que llegar a establecer su conclusión.
Le ruego
que el mismo respeto que yo le tengo a usted me lo tenga a mí. Llego a las
conclusiones que llego por los métodos que creo más razonables. Yo no he dicho que me merezca
más respeto ni una cosa ni
No parece
que esos antecedentes sean el mejor argumento para dar crédito por encima de
las demás personas; no pongo más crédito en uno que en otro. Me he limitado a
relatar unos hechos, señoría. Y pudiera ocurrir, cosa normal
en cualquier lugar, que para desalojar, después de muchos requerimientos para
que se abandone una actitud ilegal, la policía hasta pegara algún porrazo, señoría,
como a cualquier ciudadano. ¿O es que esas cosas sólo ocurren, si es que
ocurren, en España?
Por
tanto, como lo que se está pidiendo es responsabilidad política, señoría, si
hay una agresión sin fundamento están los tribunales. Lo que se está pidiendo
aquí es responsabilidad política por lo que se dice que es una actuación incorrecta
de las Fuerzas de Seguridad. Y yo digo que fue una
actuación correcta basándome en la información de que dispongo, y ya no diría
tanto de quien tiene que ser tratado con todo respeto, como todos los
ciudadanos, en este caso más porque ostenta la representación del pueblo, ya no
diría tanto que tuvo un comportamiento acorde con su función parlamentaria. A
mí me parece que eso es bastante claro, porque probablemente si estuviéramos
en presencia de cualquier otro ciudadano al que le ocurriera eso que aquí se
llama agresión y que ha recibido un empujón de las Fuerzas de Seguridad en una manifestación
o en el desalojo de un lugar, probablemente no estaríamos aquí, probablemente
yo no estaría dando cuenta a sus señorías de esa actuación de las
Fuerzas de Seguridad. Estoy aquí porque, al parecer pretendidamente, se trató
indebidamente a un Senador en relación con su dignidad de parlamentario,
entiendo que en el ejercicio de su función, y, que yo sepa, el ejercicio de la función
del Senador no es sentarse delante de las máquinas para impedir el trabajo. Eso
es lo que he querido decir, señoría, y créame que pienso que eso es así. Pero no
una vez, más veces.
Por
tanto, no hago juicios de valor, señoría. Me he limitado a decir que las
elecciones estaban cerca y que yo en política creo pocas veces en casualidades.
Nada más.
Pero,
juicio de valor por juicio de valor, su señoría ha hecho unos cuantos. Su
señoría, que me dice a mí que tengo dificultades para hacer dos discursos,
tiene unas enormes dificultades para hacer tres, que es más o menos los que ha
hecho, y eso que no he tomado notas hasta el final, porque probablemente
salieran cuatro.
No
confundo, señoría. Fue algo tan normal como coger, con todo el respeto, a los
ciudadanos que están sentados delante de unas máquinas que deben hacer unas
obras, llevarles en volandas, introducirles en un «jeep» y alejarles del lugar,
no sólo al señor Senador, sino a más personas, y retirarlos de allí, y en el
transcurso sí parece, porque conozco lo que su señoría ha dicho, que aparece un
hematoma en la pierna del señor Senador.
Ustedes,
señorías, saben que en supuestos de delitos flagrantes se puede detener a un
miembro de la Cámara.
No se
produjo detención alguna. Y, además, creo que lo hicieron bien las Fuerzas de
Seguridad. Pero si lo que sus señorías me piden, como responsable político, es
que políticamente acepte que
Porque
vuelvo a decirlo, si
Señoría,
he dicho «encabezados», porque así me consta que ocurría, Sin ningún elemento
peyorativo, que es lo que usted dice. ¿Qué dice usted de «rojos»? Yo he corrido un poquito
delante de la policía y le puedo asegurar que me quejaba menos, ¿Qué me quiere usted decir con eso de que hago el informe
como en aquellos tiempos en que se decía. «rojos»? Yo no
he dicho «rojos», señoría. Además, yo tengo un concepto bastante claro de lo
que es progresista o conservador. Y hay muchos colores aparentemente rojos que
la verdad es que se pueden confundir con otros más tenues.
Eso es lo
que ocurrió, según la información de que dispongo, señoría. No hago juicios de
valor. Puede ocurrir.
Si
hubiera algo que no fuera político o de exigencia de responsabilidad política,
habría que haber ido al juez.
Es
posible que hubiera que haber ido al juez, pero es probable que nos hubiéramos
encontrado en presencia de una agresión de una autoridad del Estado a un
servidor del Estado. Hay formas de agredir. Que desde una autoridad del Estado,
como es un representante del pueblo se impida a un servidor del Estado cumplir
con su deber. (Rumores.) Esa es otra forma de agredir. Es otra.
Es
probable que bastante de eso ocurriera, señoría. Usted estuvo el día 6, el
día 7, el día 8, el día 27 y el día 28.
Cinco días. Antes usted fue al Delegado insular con unos ciudadanos
que le hicieron saber que iban a tratar de impedir aquellas obras a toda costa.
Eso tenía antecedentes.
Unas
obras que ya se paralizaron el año anterior.
Y hay una decisión del juez diciendo que
las obras son legales. Hay intervención del juez, hay intervención de la Administración
municipal, del Gobierno autónomo. Son unas obras, por tanto, totalmente
legales. Y un mandato del juez en el auto diciendo y mandatando
a las Fuerzas de Seguridad que aseguren la celebración de esas obras.
Eso es lo
que ha ocurrido.
Nunca
tendré seguridad plena, señoría, de todas las cosas, porque no hay verdad
única, blancos o negros: hay grises.
Los
antecedentes que aquí se han producido, créame su señoría, me llevan, aun a
costa de que pueda cometer algún error que pueda equivocarme, a pensar que ha habido
una actitud sostenida de impedir el desarrollo de una función legal y del
ejercicio de un servidor del Estado, de un miembro o miembros de
Usted no
tenía que haber impedido la celebración de esas obras, usted. A no ser que
usted tenga más derechos que los demás.
Y yo
creo que no. Usted no puede ir cinco días a impedir el ejercicio de una obra
que el juez ha mandatado que se haga. El juez, y que ha dicho a las Fuerzas de Seguridad
que hagan lo necesario para cumplir ese mandato.
Usted no
puede ir allí y usted no puede estar en esa actitud.
Antes le
he dicho que yo en su lugar
no me sentiría muy satisfecho. Políticamente, puedo decirlo, añadiendo, a continuación, que lo siento y que
los primeros en sentirlo son los miembros de
Nada más,
señor Presidente.
El señor
PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Ministro.
Concluido
el informe y debate sobre los hechos ocurridos en el mes de mayo de 1991 en la
Montaña de Muda, isla de Fuerteventura (Las Palmas) y concluido el orden del
día, señores Senadores, se levanta la sesión.
Eran
las dieciocho horas y diez minutos