Cada día, los guanches
Francisco
Mesa
Luis
Cada
día paso con un grupo de turistas por un camino real, muchos de los cuales
fueron hechos aprovechando los antiguos "caminos" de los guanches.
La
nostalgia me invade, siento los ruidos de las cabras y ovejas, y a los guanches
dirigiéndolas hacia la cumbre.
Han
pasado algo más de 500 años, pero yo los veo todos los
días.
Quizás no se han ido; los
veo sobre las lavas saltando con su lanza, la melena al viento, el cuerpo
erguido, la mirada perdida y el bucio sonando y devolviéndolos a la vida.
Los
veo sentados en la cueva,
están la leche y el gofio. El
viento también acude, a un escenario nada ajeno.
Veo
unos hombres y mujeres dueños de sus vidas, libres pero sobre todo felices de
vivir en paz. Nos han dejado el mayor legado que se
podría dejar, al que no podemos renunciar,
el
que corre por nuestras venas, y que cada día nos da la fuerza para continuar.
Cada
día soy más guanche, de sangre, de corazón, de espíritu y con ansias de
sentir su libertad.