XIV HOMENAJE
AL MENCEY BENTOR
Hay hombres
que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay
quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los
imprescindibles.
Esta cita de
Bertolt Brecht, nos viene a la mente al ser testigos de cómo muchos conmatriotas nuestros, a pesar de la enorme y pesada loza
que supone para un pueblo sometido como el nuestro, la imposición cultural
foránea mediante un sistema que domina a su antojo enormes medios de
comunicación social para imponer las materias educativas etnocentristas a la
sociedad sometida, a pesar de ello, insistimos, existen hombres y mujeres
capaces de luchar durante toda sus vidas en pro de
nuestras raíces identitarias, como es el caso de
quienes conforman el colectivo Auchón Guanil y, por eso son imprescindibles.
Para quienes amamos la Naturaleza, no de manera
bucólica para aligerar el stress en que
nos sume esta sociedad consumista y deshumanizada que ha expoliado nuestros
espíritus y nos ha convertido en meros consumidores de bienes efímeros e
intranscendentes, que nos aprisionan como modernas cadenas de esclavitud. No
como un lugar donde refugiarnos un fin de semana, sino con el amor que
profesamos a Nuestra Madre-Tierra donde cada ser tiene su lugar y se encuentra en
relación con otros seres y lugares en ritmos y procesos que deben ser
reconocidos y respetados con sabiduría y conciencia.
Esa relación sabia con el ritmo y el lugar de todos
los seres que hacen la vida es la ley de origen. Violarla o violentarla, es el
mayor crimen contra la Madre-Tierra, por ello nuestros espíritus están
atormentados y se retuercen impotentes ante las profundas e irreparables
heridas que la ambición desmedida de un pueblo invasor guiado por Guayota, está
causando a este trozo de la Naturaleza que nos fue dado habitar.
Para el pueblo guanche, partiendo de nuestra
cosmovisión, el bosque, la montaña, el barranco, los valles, las cuevas, los
nacientes de agua, la mar, son espacios sagrados de vida, donde se ubican los
espíritus vitales de nuestros ancestros, lugares que, día a día, desde hace
siglos, vienen siendo profanados de manera inmisericorde por quienes desprecian
nuestra milenaria cultura.
Ante este loco futuro de desolación que proveemos para
nuestra matria, damos gracias a Chayuga,
Dios de la Naturaleza, por permitir que
la sensibilidad anide en los espíritus de algunos de nuestros hermanos, como es
el caso de los hombres y mujeres que
conforman el Auchón Guanil,
quienes con su empeño sostenido en preservar los bienes de nuestra
Madre-Tierra, así como los elementos que conforman lo más ancestral de nuestra
milenaria cultura guanche, son como refrescantes y esperanzadores oasis
repletos de energías positivas donde encuentran consuelo nuestros fatigados
sentimientos.
Por otra parte, es fecunda la labor de Auchón Guanil en relación a
nuestro folklore, gracias a ellos, la piel de cabra y la madera, se convierten
en sonidos que llaman nuestra ancestral cultura, a la tradición que se aferra a las raíces de
nuestro pueblo aborigen.
Especialmente cuando gracias a ellos la piel de cabra
y la madera, se convierten en sonidos que llaman a la tradición que se aferra a las raíces de
nuestros ancestros.
La supervivencia de
nuestros rituales hoy día, cuál es el sentido de la visión cósmica tradicional
y la espiritualidad del pueblo guanche, la permanencia de las tradiciones y,
especialmente, el conocimiento no sólo hacia el resto de la población, sino,
muy especialmente, de nuestra propia historia, por ello, resulta estremecedor
escuchar cómo el sonido del Tajaraste
a los golpes de tambor y los cánticos
son algo más que una expresión musical; son, una forma de canalizar de manera creativa toda la rabia y
el dolor que siente un pueblo que, estando encadenado, no renuncia a la
consecución de su dignidad y libertad.
Nuestras cumbres y barrancos han sido y son mudos
testigos y admiradores de la destreza con que
las antiquísimas prácticas del astia o salto
del pastor son desarrolladas por los miembros de Auchón
Guanil.
Pero
quizás la faceta más destacada de la infatigable labor cultural de Auchón Guanil sea la del
milenario arte del “juego” del palo canario. Nuestra lucha con palos con más de
tres mil años de historia, mantenida en el transcurso del tiempo a pesar de los
avatares históricos, pasando por la multitud de generaciones de pastores y
campesinos guanches
que nos han precedido, este arte de guerra se ha conservado intacto en
el núcleo de diversos clanes familiares y en diferentes colectivos.
Los colegios y plazas de nuestros pueblos y barrios
han sido beneficiarios del empeño mostrado por los componentes de Auchón Guanil en enseñar el noble
arte del “juego” del palo canario del que han creado escuela, “juego” que si
bien es tolerado por las actuales autoridades coloniales no siempre fue así,
por el contrario, siempre ha sido observado con recelo, pues temen que cuando
este pueblo despierte se reproduzcan los hechos que fueron recogidos por sus cronistas de la invasión y conquista,
tales como las cruentas derrotas que sufrieron los
invasores de mano de nuestros antepasados guanches,
poniendo en evidencia la maestría que poseían -y poseen- estos hombres
esgrimiendo sus palos.
Este temor de los invasores hacía quienes manejan el
palo, quedo de manifiesto desde el primer asentamiento europeo en nuestro
suelo, así tenemos que una de las primeras Ordenanzas emitidas por el Cabildo
colonial fue la de prohibir la entrada a sus poblados a nuestros antepasados guanches portando palo, pues muchos de ellos habían
experimentado en carne propia la habilidad y precisión tremenda con que dejaban fuera de combate a sus adversarios,
aunque tu fueran armados con la mejor espada.
Este temor de los invasores a nuestro palo
indudablemente es atávico, pues más recientemente, durante la dictadura
fascista del franquismo, en esta colonia fue nuevamente prohibido el ejercicio
del palo, quedando su práctica relegada a unas pocas familias.
El
palo también ha servido como sostén de nuestras leyes tradicionales, de hecho
hasta no hace mucho tiempo, en las zonas rurales alejadas de la influencia de
las imposiciones legales foráneas, las diferencias se solventaban mediante el
palo.
Aún
podemos escuchar de boca de algunos ancianos como sus
padres y abuelos se manejaban con palos y se enfrentaban entre ellos, para
decidir la propiedad de los animales y las zonas de pastoreo, restituir el
honor ofendido o bien para bajarle los humos a alguno, retándose en
singulares desafíos.
En fin, tal como recoge el maestro Alfonso Acosta Gil: “Practicar y mantener
viva la tradición del Juego del Palo, no solo nos hace ser más Canarios sino también mejores hombres”. Y
nosotros añadimos, esforcemos en ser mejores hombres, porque la mujer canaria
es inmejorable.
Agradecemos profundamente a los compañeros de Auchón Guanil el que nos permitan
compartir con ellos este 14 homenaje al gran Bentor
último Mencey de Taoro y
penúltimo de la isla Chinech, quien mostró a los
hombres de su tiempo la grandeza de
morir con dignidad antes que vivir esclavizado, siendo admiración de invasores
y pusilánimes conmatriotas, legándonos con su ejemplo
el irrenunciable sentimiento de una Matria en
libertad y justicia social.
Por todo lo expuesto y por mucha razones más que la
brevedad de este acto nos aconseja dejar para otra oportunidad, desde la
Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo,
deseamos rendir un modesto pero merecidísimo homenaje a la Asociación Cultural Auchón Guanil en las personas de
dos de sus miembros; Cho Isidro Cedrés y Cho Juan
Manuel Figuera (Tahorino), a quienes reconocemos como
Achimenceyes de Tigaiga y Taoro respectivamente.
Tigaiga, Chinech, Agategzi Aknaran, 25 n wanmendi n 10º achano n tallit taynay tagwancet.
[Tigaiga, Tenerife, Archipiélago Canario 25 de julio del año
décimo de la nueva era guanche]