LA
FIRMA DEL RESTAURADOR DE YACIMIENTOS,
QUE
NO APAREZCA POR NINGÚN LADO
Fernando
Báez *
En un yacimiento restaurado -al modo y semejanza de lo que decíamos en
anteriores comentarios- no debe quedar ni la menor huella de su restaurador,
sino dejarlo como estaba (ya que los autores, fueron los guanches, y no el
restaurador de turno; que no se trata de su obra, sino de la obra de otros). Por
tanto, el restaurador, no debe dejar señas de su acción -no debe, ni tocarlo,
y respetarlo cual si cosa sagrada fuera-.
Toda restauración debe velar porque lo restaurado, conserve su forma
original, de lo contrario, ya se transforma de yacimiento a obra
nueva y distinta, una construcción de nuevo cuño, en base a algo antiguo,
pero que ya no es lo que era, ni es lo mismo. De ahí, que insista en que un
restaurador no debe dejar nunca nada propio (en todo caso, en un lugar muy
discreto, casi invisible, lo más que puede es dejar un placa (mejor una
plaquita) con su nombre, equipo y fecha, pero sin más. Por tanto, y a riesgo de
resultar pesado o reiterativo, permítaseme volver a decir que: el restaurador
-sea cual sea su titulación (si es que la tiene [y si no, no debe hacer
absolutamente nada, sino abandonar la empresa])- no debe dejar en el yacimiento
ninguna señal de su actuación. Debe dejar todo como estaba, sin cambiar, sin añadir,
sin quitar, sin modificar nada de nada. Y de esto, debe ocuparse el
cabildo, el patrimonio, la cultura, etc. Repito: no dejar huella alguna.
Restaurar un yacimiento es dejarlo en el estado en el que
estaba, como estaba, y no que alguien (arquitecto, restaurador, aficionado,
advenedizo, compañía, grupo, especialistas, empresa, profano, etc., etc.),
deje estampada allí su obra en base a otra obra o sobre otra, que hicieron
otros: superpuesta, recreada, imaginada, etc. Todo lo que se le permitiría,
es dejar -vuelvo a decirlo- sea una minúscula placa -escondida- con su
nombre y fecha, y sobretodo: que dejen
intervenir a los historiadores (y sea la mínima
placa, el único objeto metálico en el yacimiento, y no las planchas de hierro
que ponen en todo lo "restaurado" o destrozado).
El Padre Báez (u otros Lcdos.), que pertenece al gremio de los historiadores y
nunca fue consultado al respecto, como es preceptivo, al tener que decir, por
profesionalidad, la primera y la última palabra sobre el tema.
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