El Día, 28-11-04

Actualidad

Una marea de protestas

La movilización contra el puerto de Granadilla estuvo acompañada del rechazo a la vía exterior, el Plan General, la segunda pista del Reina Sofía, la urbanización de las Teresitas y un largo etcétera.

Al mediodía de ayer, la santacrucera plaza de La Paz concentraba los ánimos de una marea humana que rompía en protestas contra la construcción del puerto de Granadilla, el desarrollo de la vía exterior, el Plan General de Ordenación Urbana de Santa Cruz, la segunda pista del aeropuerto Reina Sofía la ampliación de Los Rodeos, la urbanización de Las Teresitas, la proyección de un puerto deportivo en la playa de Valleseco, y un largo etcétera de reivindicaciones.

El alcance y el eco de la convocatoria eran, por entonces, una incógnita hasta para los propios organizadores que, a poco de iniciar la marcha, caminaban la rambla Pulido arriba y abajo, barajando con cierto desconcierto las magnitudes de la manifestación.

La propia dispersión "ideológica" de los asistentes amenazaba con disgregar el sentido de la convocatoria, aunque bien es cierto que bajo el denominador común del "no" al puerto de Granadilla y el lema unánime de "Ya está bien", aquella suma de protestas individualizadas terminó canalizándose hacia la critica a un modelo y un modo de hacer política calificados de especuladores con el territorio y las personas.

Entre la estridencia de los pitos, el ondear de las banderas y un ambiente festivo al ritmo de batucadas -una auténtica cabalgata-, las consignas se repetían: "La lucha está en la calle, no en el Parlamento" o "La democracia está secuestrada".

De esta manera, todo un cortejo de asociaciones vecinales, organizaciones sindicales y de partido, grupos juveniles, colectivos ecologistas, representantes políticos, personajes del mundo de la cultura, profesores y alumnos de la Universidad de La Laguna, miembros de cofradías de pescadores, gruposde montañeros, de músicos, niños y ciudadanos venidos de otras islas convertían las calles de la ciudad en un clamor popular.

A medida que la marcha iba cubriendo su recorrido, la gente hacía cábalas sobre el número de manifestantes -dicen que estaba presente el "espíritu de Vilaflor"-, mientras, de fondo, el original sonido de los bucios, acompañando el compás de las chácaras y el tambor, ponían melodías en tono de polka contra el puerto.

La manifestación era todo un ejercicio de "sostenibilidad" y "equilibrio". Ni un solo incidente.

Pasadas las dos de la tarde, y de camino hacia la sede de Presidencia del Gobierno, el punto y final de la manifestación, los organizadores ya se consideraban ganadores, al menos en conciencia.

A medida qué la riada se iba congregando en el lugar, los discursos encendidos ante el edificio gubernativo clausuraban una jornada llena de incertidumbres que, para muchos, representaba sólo el principio de la lucha.

Mientras tanto, Santa Cruz, poquito a poco, recuperaba su pulso de pequeña ciudad. El tráfico volvía a ser un problema y la marea se retiraba entre el éxito del cansancio y algunas dudas.