Apuntes de nuestra historia

ABONA: LA ÚLTIMA RESISTENCIA GUANCHE A LA ESCLAVITUD

La Maga del Sur *

Al regresar el "adelantado" Alonso Fernández de Lugo de la corte de Castilla, con algunos de los menceyes que hasta allí había llevado, tras la rendición o derrota de los menceyatos de guerra (Tegueste, Tacoronte, Taoro, Icoden y Daute), funda La Laguna como lugar de asentamiento de la población colona, allá por junio o julio de 1496, sobre el 25 de junio, según Espinosa o sobre el 26 según Abreu Galindo, que es el día de San Cristóbal.

A partir de ahí, Lugo ordena a su gente apresar como botín de guerra a toda la población guanche de los bandos que habían sido de guerra, hombres (que eran los que menos quedaban), mujeres y niños. El número, muy difícil de calcular, pero un par de miles con toda probabilidad, asegurando la permanencia en la isla, de otros tantos como mano de obra necesaria para la roturación y desarrollo productivo de la misma.

Muchos fueron los supervivientes del norte que huyeron hacia los bandos de paces del Sur de la isla, como refugio, ya que estos bandos habían firmado paces de no intervención en la conquista, y estaban protegidos en teoría por dichos tratados, contra la expoliación de los invasores.

Esta circunstancia sirvió de excusa al conquistador para ordenar la penetración en el Sur y capturar población a mansalva, con la justificación de que al estar los huidos del Norte en el Sur, permitiéndolo los guanches del Sur, estos, se habían convertido en sus cómplices y por tanto ya no los consideraba como bandos de paces.

Así, que esquilmado el Norte, tras las últimas resistencias en Icoden y Daute; y apurado por las deudas de las campañas militares aun por cubrir, se saltó las prohibiciones reales, enviando expediciones que regresaban con cientos de guanches de paz, capturados con mentiras y engaños, como la ocasión en la que convocó a los aborígenes del Sur, a ser bautizados por el obispo del Rubicón y Canaria D. Diego de Muros, acudiendo a la llamada unos cientos, que fueron capturados y embarcados para su venta en los mercados del Mediterráneo. Lo mismo hicieron en Adeje, con un disfrazado de obispo, apresándolos en un gran corral y embarcándolos después.

Así Los Cristianos, se conoció por ese nombre, por los repetidos embarques de guanches cristianizados que desde allí hicieron aquellos mercenarios sin escrúpulos. Algunos sacerdotes católicos actuales aseguran que fueron los piratas los que secuestraban a los guanches bautizados. (lo escrito en negrita es mío). Fue por Los Cristianos, por donde desembarcó el flamenco-borgoñón Jorge Grimón, (veterano y famoso artillero en la reciente guerra de Granada), con sus espingardas (pequeños cañones), para ayudar a Las Higas y los suyos, que en una de esas razzias esclavistas quedaron sitiados por los guanches alzados del Sur durante varias semanas, a la altura del hoy San Miguel, desfallecidos por el hambre, pudieron escapar hasta la costa, mientras retrocedían los guanches ante el miedo que produjeron aquellos estruendos de pólvora de las armas los hombres de Grimón, nunca antes escuchados en esta parte de la isla (este hecho ocurrió el 29 de Septiembre de 1496, día de San Miguel).

Fueron estas y otras actuaciones ilegales contra los guanches de paces las que impulsaron a algunos a emprender batallas legales contra A. F. de Lugo y los suyos. Desde aborígenes como D. Enrique de Anaga, D. Diego de Adeje, Andrés de Güimar o Juan Manuel, que ayudados por el procurador de los pobres en la corte, el bachiller Sepúlveda, plantearon múltiples juicios que ganaron al adelantado, gracias también a los testimonios de algunos participantes en la conquista como Francisco de Albornoz o Rodrigo de Betanzos, avergonzados e indignados por las tropelías al pueblo vencido.

Fruto de estos juicios fueron las órdenes y comisiones de los Reyes Católicos, para que el nuevo gobernador de Gran ¨Canaria, Lope Sánchez de Valenzuela, ordenara liberar a todos los guanches de paces, protegidos por los tratados reales y que se hallaren esclavos de forma indebida. Se calcula en más de 1.000 del Sur, y en más de 200 los de Anaga.

La cuarta parte de ellos de hallaban en Canarias, principalmente en la propia isla de Tenerife, el resto había sido llevado a la península, para su venta o pago de deudas, como los más de 300 que dio al duque de Medina Sidonia D. Juan de Guzmán, en pago por su ayuda en la conquista, y que este tenía escondidos y trabajando en sus tierras de Andalucía. También parte de estos, se beneficiaron de las órdenes reales de liberación y volver a la isla, otros sin embargo, se quedaron por falta de recursos, por que nunca les llegó la noticia, o porque no pudieron demostrar que eran de los bandos de paces.

Desde Julio de 1498, los guanches de los 4 bandos de paces (Anaga, Güimar, Abona y Adeje), pudieron vivir en Tenerife, sin temor a ser esclavizados, sin embargo no se resistía Lugo a seguir sacando beneficios de la venta de esclavos, ofreciendo en carta dirigida al Cabildo de la isla, con fecha de 27 de Julio de 1499, 1.000 maravedíes por cada guanche alzado que apresaran las cuadrillas, ya que estos además, robaban sus ganados y quemaban sus cosechas.

Esta situación, refleja un poco el como quedó el pueblo guanche después de la conquista, con un Norte, más fértil, con una población esquilmada y reducida a las necesidades de producción de los colonos que allí se establecieron desde un primer momento, mientras que en el Sur, más árido y seco, alejado de los centros de población colonos, con mucha población aborigen dolida y enemistada por los apresamientos ilegales y traiciones de los conquistadores; los guanches alzados en sus montes, que perduraron en activo varias décadas más contra los intereses de los que intentaron colonizar esas tierras, se mantuvo más aislado, permitiendo el asentamiento de europeos, solo pasados 50 años de la conquista de la isla, al menos en el antiguo menceyato de Abona.

Texto rescatado del períodico Ocio&Negocio de junio 2004, escrito por Sergio Afonso Díaz.