La actualidad del agua

Juan Jesús Ayala

El agua continua siendo actualidad y prácticamente desde la Cumbre de la Tierra en Johannesburgo, al Foro Mundial del Agua en Kyoto y al G-8 en Evian (mayo del 2003) la cuestión del agua se ha convertido en uno de los principales temas de debate, sobre todo, por el porvenir incierto que le espera a las condiciones de vida de la humanidad. Y es que la cantidad de agua que está en las entrañas de la tierra o que la riegan es finita. EL agua es un bien escaso por el que los poderosos han intentado desde siempre atesorar para distribuirlo según sus políticas y a unos precios, que una vez pase a sus manos y se privaticen, son de escandalosos para arriba.

Se dijo en su momento y en el Foro Mundial del Agua en La Haya que las guerras de este siglo, el XXI, serían por la posesión del agua. Y ha sido así. Los conflictos para el control y negocio del agua se han recrudecido en los cinco continentes como los de Turquía y Siria, Palestina e Israel, Senegal y Mauritania o entre estados federados, concretamente en los EEUU de América, por citar algunos ejemplos.

El agua es un referente que pone y ha puesto en el disparadero a la humanidad. Y la crisis por su carencia, según los estudiosos, está en el horizonte más cercano; dicen que para el año 2025 las dos terceras partes de la población mundial vivirá en regiones donde existirá penuria de agua. Ya en Ní-ger, por citar algún país referencial, tres millones de personas sufren los rigores del hambre bajo los efectos de la sequía y los horrores de un desierto que se amplia amenazante.

De ahí que el agua sea un bien muy codiciado por el mercado y se intente de alguna manera por parte de los grandes negociantes-capitalistas y con la aquiescencia del poder político merodeen con insistencia alrededor del negocio del agua para tenerlo bajo sus tentáculos. Y hasta las guerras que se pensaba, sobre todo estas últimas, que concretamente eran sólo por el petróleo, según un magnífico artículo de Eduardo Galeano nos viene a descubrir que Irak no sólo es digno de aniquilación por parte de los americanos debido a su fabulosa riqueza petrolera, sino que este país surcado por el Tigris y el Eufrates es la más rica fuente con la que se puede regar todo el Próximo Oriente.

Y esta tierra nuestra, como no puede ser menos, no se escapa de los negociantes del agua, de todos aquellos que han perforado sus entrañas y que sus viejos trabajos han ido a parar a las manos de empresas foráneas disfrazadas de camaristas que son las que controlan y dirigen el negocio del agua. Agua, por otro lado, cara, una de las más caras del estado. Agua, muchas veces escasa por la que hay islas que han pasado las mil y una furnias para subsistir. Por eso se hace muy difícil entender como este bien escaso que se ha convertido en una cuestión política, que todos los estados están empeñados en controlar y arrebatarlo de manos de la privacidad, y que se han hecho y se seguirán haciendo foros para poner las cosas en su sitio ¿cómo algunas instituciones de las islas, llámense determinados ayuntamientos, no se les cae la cara de vergüenza cuando pretenden dejar su control de bien público para que vayan hacia el camino de manos privadas?

Las preguntas, ante esto pueden ser varias, ¿hay negocios oscuros en este tránsito de lo publico a lo privado? Casi siempre, sí. ¿Existe una crisis de agua para que los precios estén por encima de la media estatal? No hay crisis de suministro de agua. Lo que existe es crisis en la gestión y en aquellos que haciendo dejación de sus obligaciones como mandatarios públicos se escudan en veleidades oscuras para que los asuntos del agua no estén como deben estar: claros como ella misma.

La guerra por el agua es pues una constante en la historia de la humanidad y las tres religiones monoteístas, la de Moisés, la de Mahoma y la de Jesucristo realizan sus prodigios vinculándolos con el agua; es este un elemento que siempre ha fascinado a los hombres, producirlo, transformarlo y atravesarlo ha sido sobrenatural. De ahí que el negocio del agua sea tan viejo como el hombre y por mucho que se quiera ir en su contra y por mucho que se afanen los pueblos en negar la privacidad, al final los que decidirán que hacer serán los que detentan el poder porque conocen perfectamente todos los vericuetos del desaguisado para que éste llegue al puerto del gran negocio. Eso sí, aunque sea transitando por unas aguas enfangadas, muy enfangadas.