Nuestra actual Venezuela

 

Carlos Sánchez

 

Seguimos con la "resaca" postelectoral y muchos son los comentarios que se tejen sobre lo acontecido. Debo admitir, y eso sin ser "rojo, rojito", que me esperaba la victoria del presidente Chávez, no en términos tan apabullantes como lo muestra el resultado final, y que merecen un estudio final y de veracidad. Llevo diciendo desde hace algunos años que mientras no entendamos definitivamente que Venezuela ha cambiado, que no es la misma Venezuela que dejamos años atrás y que las cosas ya no son iguales, seguiremos tropezando con la misma piedra. Lo primero es reconocer el o los problemas, para entonces intentar llegar a una solución, y empiezo a enumerar, según mi punto de vista, cuáles creo que son:

En primer lugar, debemos reconocer sin ningún tipo de objeción que la victoria de Hugo Chávez no deja lugar a ninguna duda. Dejemos de estar buscando excusas para intentar justificar lo injustificable: que si las papeletas en blanco, que el ventajismo, que la coacción, en fin, todo lo que se viene diciendo, incluyendo además el absurdo y ridículo rumor de que el candidato Rosales negoció su derrota.

Señores, eso es lo que hay hoy en día, ésa es la voluntad de la mayoría que ha votado en nuestro país, ésa es la realidad, quizás la cruda realidad, nos guste o no, y partiendo de allí, pongamos los pies sobre la tierra, organicemos las neuronas y pongamos en práctica nuevas ideas.

Una vez más, debo decir también que los méritos de la reelección presidencial no son todos del chavismo. Mucho de ese mérito se lo lleva también la "flamante" oposición que hay en Venezuela, y que es muy culpable de todos los males que aquejan a la patria, Chávez incluido. Para no ir muy atrás en el tiempo, solo quiero poner un ejemplo: basta con decir que tuvo que asomar la candidatura mi buen amigo y criticado Benjamín Rausseo para que entonces, todos espantados, salieran a buscar el candidato de la unidad a sólo cuatro meses de las elecciones, cuando lo lógico es que ya estuviese, como mínimo, desde principio de año. De no haber salido "er conde" de "asomao", seguro que hubiese llegado a lo mejor noviembre o el mismo diciembre sin candidato único. ¿Eso es normal en una oposición que intenta demostrar que son mejores o menos malos que los que están? ¿Si no tienen la capacidad de unirse, de ponerse de acuerdo como lo hicieron hasta última hora para salvar al país, pueden entonces ellos gobernarnos? Hay mucho que reflexionar...

Finalmente, y quizás lo más positivo de todo esto, son dos cosas: la capitalización y recuperación de esos 4 millones de votos, una muy importante parte del país que, quiera o no el señor presidente, tendrá que contar con sus opiniones e ideas. Lo otro, quizás tan importante como lo primero, la formación, la presencia, la materialización, por fin, de un líder de oposición: Manuel Rosales, a quien admiro no por todo lo que pudo haber hecho en la campaña (con muchísimos errores), sino por el gran gesto de responsabilidad y de conciencia que tuvo el 3 de diciembre, ya 4 en la madrugada: reconocer su derrota para evitar males mayores a la población y evitar por supuesto actos de violencia. Y lo reconoció no por miedo, o porque haya negociado. Lo hizo porque desde días atrás ya conocía su derrota. Las verdaderas encuestas, las no manipuladas o compradas, ya daban ganador a Chávez con un aproximado 20% de diferencia.

Señores/as: empecemos por reconocer justamente la derrota, reconozcamos el problema y empecemos a trabajar en la solución, eso sí, ¡unidos todos!